Homs, el nuevo nombre del horror

Por Mariano Grondona

El joven Mohamed Bouazizi se inmoló en Túnez el 17 de diciembre de 2010. Ese día comenzó la llamada "primavera árabe", una serie de revueltas populares que cercó a casi todos los regímenes autoritarios del mundo árabe y que derrocó a varios de ellos, empezando por la dictadura de Ben Alí en Túnez y siguiendo por las de Hosni Mubarak en Egipto y Muamar Gadaffi en Libia.

Algunos regímenes autoritarios como el de Arabia Saudita y el de Argelia procuraron negociar con los rebeldes, pero otros desataron furiosas represiones entre las que se destacó la de Gadaffi, quien ametralló desde el aire a su propio pueblo. En los últimos días, sin embargo, el dictador sirio Bashar al Asad ha superado hasta al propio Gadaffi, generando una verdadera matanza que ha puesto a Siria al borde de la guerra civil. La sangre corre a raudales en la ciudad de Homs, de un millón de habitantes, que se ha convertido de este modo en la nueva capital del horror.

La "primavera árabe" contiene ciertos rasgos comunes a todas las naciones que la están viviendo. El primero de ellos es el reclamo democrático de las masas, que se han alzado contra regímenes que llevaban décadas en el poder.

La "primavera árabe" contiene ciertos rasgos comunes a todas las naciones que la están viviendo. El primero de ellos es el reclamo democrático de las masas, que se han alzado contra regímenes que llevaban décadas en el poder. El segundo de ellos es que la rebeldía, en vez de responder a un líder ampliamente conocido, se ha diseminado a través de miles de operadores espontáneos que se enlazan unos con otros a través de Internet. El tercero es que las rebeliones han dado lugar a procesos de cambio desordenados, casi caóticos, por el vacío de poder que las acompaña.

El cuarto rasgo de la primavera árabe es que ha sorprendido a las grandes potencias, que no han conseguido elaborar una estrategia coherente ante ella. Incluso la potencia principal, los Estados Unidos, ha cambiado en los últimos tiempos sus puntos de vista. Después de los atentados contra las Torres Gemelas en 2001, el presidente George W. Bush declaró la guerra al terrorismo internacional pero la llevó adelante él solo, sin consultar ni siquiera a sus aliados. De su "unilateralismo" resultaron las guerras de Irak y Afganistán, cuyo fin es todavía incierto.

¿Quién manda en el mundo? Los habitantes de Homs lo están aprendiendo a costa de su propia sangre: en el mundo de hoy no manda nadie

Bush se había propuesto luchar en nombre de la democracia contra las dictaduras de este mundo, en particular contra las más repugnantes de ellas, como la de Saddam Hussein. Esta meta, profundamente ligada a la tradición norteamericana desde que el presidente Wilson propuso al fin de la Primera Guerra Mundial la creación de "un mundo seguro para la democracia" es hoy, sin embargo, de cumplimiento imposible. Una utopía. Más acá de esta utopía, los Estados Unidos deben resignarse a convivir amistosamente con otras potencias autoritarias como, por ejemplo, China y Rusia. Conciente de las limitaciones de la empresa que había diseñado Bush, su sucesor Barak Obama retrocedió del unilateralismo al multilateralismo. Desde ese momento, intentó hacer frente a las crisis mundiales de la mano de otros gobiernos, sobre todo los que se sientan en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde el gobierno norteamericano, si bien coincide con gobiernos afines como los del Reino Unido y Francia, también debe codearse con regímenes no democráticos como Rusia y China.

El ensayo multilateralista de Obama dio resultado frente a Gadaffi porque el presidente norteamericano obtuvo el consentimiento de Rusia y China para abatir al régimen del dictador libio sin tener que implicarse en una nueva guerra. Esta estrategia, después de prevalecer en Libia, acaba de frustrarse frente a Siria porque tanto Moscú como Pekín vetaron la propuesta norteamericana de intervención internacional contra el régimen que está generando la masacre de Homs.

¿Qué seguirá ahora? El veto ruso-chino equivale a dejarle a Asad las manos libres para seguir ametrallando a su pueblo. De otro lado, Obama no está dispuestos a implicarse en otra guerra unilateral como las que alentaba Bush. Al escribir "La rebelión de las masas" en 1929, cuando el mundo corría hacia otra crisis, Ortega y Gasset se preguntaba con angustia: "¿Quién manda en el mundo?" Esta pregunta se repite hoy, a ochenta años de distancia. ¿Quién manda en el mundo? Los habitantes de Homs lo están aprendiendo a costa de su propia sangre: en el mundo de hoy no manda nadie..

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