La ley que habilitó el matrimonio sin distinción de sexos, el gran tema político y social de la semana, llegó muy tarde y algo temprano, a la vez.
Ahora, esa dirigencia cosecha rentas y paga el costo. El senador Luis Juez, el más enfático defensor de la ley entre los políticos de primera línea en Córdoba, debió escribir una carta abierta a sus militantes y explicar en largas entrevistas radiales que sigue siendo católico, que no se hará gay y, menos, kirchnerista, como respuesta a la andanada de mensajes de repudio a su voto. Es muy probable que, estando como está de dividida la opinión pública, Juez tenga una mejor consideración en otra franja de la población, tal vez menos activa en la molestia de grabar un anatema en el contestador de una radio.
Del balance que haga el juecismo de cuánto ganó y cuánto perdió en esta discusión dependerá si es o no una buena noticia para un partido que carecía de dirigentes conocidos y populares en la ciudad, fuera de su líder y único candidato, la notoriedad alcanzada por el padre Nicolás Alessio, el cura de barrio Altamira frustrado postulante por el Frente Cívico a la Defensoría del Pueblo que apoyó el casamiento homosexual, se enfrentó a la conducción eclesiástica y con el juicio canónico arrancado dio ayer una misa con su comunidad haciéndole el aguante.
El senador radical Ramón Mestre no tiene estos problemas. Entendió que lo mejor que podía hacer era esconderse. Adhirió, en comisiones, al proyecto de unión civil y votó en contra, en el pleno, el matrimonio. Pero no fundamentó su postura ni en la sesión, televisada en vivo, ni en posteriores entrevistas periodísticas, en las que defendió su "derecho al silencio". El bajo perfil en temas eventualmente controversiales es una marca de estilo de Ramón, que ya mostró en su corto paso por el Concejo Deliberante su primer cargo electivo. Su estrategia, guste o no, es otra forma de ocupar (dejándolo vacante) el espacio público.
La pobre elección del peronismo cordobés en 2009, que lo dejó sin representantes en el Senado, mantuvo a sus principales dirigentes fuera de esta discusión. El gobernador Juan Schiaretti, quien se había manifestado a favor de la unión civil y algo crítico del matrimonio, no fue importunado. La ampliación de derechos en el Apross y en la Caja, más la valorada tarea de Derechos Humanos con las minorías sexuales, lo resguardaron de las críticas a su ambigüedad.
A pesar de que, como se ve, no todas fueron rosas para quienes votaron la ley, quedó instalado que el kirchnerismo ha capitalizado a su favor la aprobación legislativa. Cuando se hace esta lectura impulsada por la oposición bajo la acusación de "oportunismo" no se computan costos: el kirchnerismo ha tensionado su bancada (en un Congreso difícil para la construcción de mayorías), enojó a sus expresiones más conservadoras y ha puesto a una institución con amplia inserción territorial y derecho de tribuna como la Iglesia decididamente en la oposición.



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