Un hombre que siempre quiere superarse

Llegó al lugar del encuentro enfundando en una campera gruesa y un gorro tapando sus canas. El saludo, el apretón de manos afectuoso, eso sí sin abandonar el gesto entre adusto y amistoso
Reflexiono mientras Daniel se va acomodando en la mesa de La Capital. Conozco a este hombre desde... Sí, increíblemente han pasado ya casi 30 años.

Recuerdo que una vez, allá por 1983, recién instalándose en Santa Rosa le hice una nota sentados al pie del monumento a San Martín. Junto a él estaban Alberto "Tito" Mansilla y Alejandro Chariff, jugadores de aquel Atlético Santa Rosa que se preparaba para jugar el Torneo Nacional, después de la fantástica epopeya de un Regional que había ubicado por primera vez a un equipo pampeano en el máximo campeonato del fútbol argentino.

Confieso que nunca fui partidario de hacerme amigo de los jugadores. No por nada especial, sino simplemente porque me parecía -aún hoy me parece- que hay que tomar cierta distancia de los protagonistas. Porque un día se los puede elogiar y al otro domingo por allí hay que criticarlos por una actuación que -a lo mejor- no fue del todo buena, y eso hace que la relación se torne fluctuante. En tiempos que era cronista deportivo en este mismo diario -después mi condición de periodista discurrió por temas que nada tienen que ver con el deporte- no coseché grandes amigos en el fútbol. Sí algunas buenas relaciones, pero nada más. Obviamente habrá quien piense distinto, y está bien.

Un tipo inquieto.

Más allá de eso con Daniel siempre hubo una actitud de respeto y un trato más considerado. Es una persona que se me ocurre -a diferencia de muchos otros deportistas- tiene un cúmulo importante de inquietudes. Que no lo hacen mejor ni peor, pero sí distinto.

Daniel Petrucci (55) no es de los personajes más simpáticos -y yo tampoco, es verdad-, pero siempre lo consideré un hombre de bien. Nada más, ni nada menos. Y por eso siempre mantuvimos un trato cordial, casi de amigos, podría decir.

Pero más allá de eso debo decir que fue -para nuestro medio- un futbolista que marcó época, que supo de momentos importantes y que, no obstante, y a mi juicio, no alcanzó a ser un jugador emblemático. Quizás porque tiene códigos futboleros que no abandona, porque no le interesó dar una nota para quedar bien con un periodista, ni decir cosas que lo hicieran aparecer como cordial, complaciente o campechano. Siempre dijo lo que sentía, y a veces decir lo que uno piensa puede no caer bien, no ser políticamente correcto, como se dice ahora para justificar una actitud que pueda congraciar al que habla con el que escucha.

La familia.

Nacido en Buenos Aires es hijo de papá Antonio, de profesión carpintero y fallecido cuando tenía nada más que 62 años, y mamá Amanda Leonor (86). Tuvo dos hermanos, Tony, que murió joven y Aníbal que vive con la mamá en Villa Carlos Paz. De chico la familia vivió en Castelar, pero a sus cuatro años por cuestiones de salud del padre se trasladaron a Villa Carlos Paz, en Córdoba. "Una familia clase media, con el padre trabajando sin que nunca nos faltara nada

Daniel conoció a María Clementina cuando ella tenía nada más que 15 -fue en Córdoba, poco antes de partir tras el sueño de ser futbolista profesional- y es su esposa desde hace más de 30 años. Ella es docente en la Universidad Nacional de La Pampa. Martín Daniel, a poco de recibirse de Licenciado en Medios de Comunicación, es el retoño y, sin dudas, el motivo más importante de sus vidas.

Compromiso social.

Decía, Daniel no es un futbolista típico. Por más que por sus venas corra la pasión del jugador que fue toda su vida. A punto de recibirse de Psicólogo Social, amante de la música y de los libros -Jauretche, Almafuerte, el mismo Borges, no le son desconocidos-, tiene inquietudes sociales que manifestó integrando el cuerpo de delegados de la CPE Santa Rosa. Pero tiene, además del fútbol, una pasión que pocos conocen: la música.

"¿No la tenías, no? Sí. Desde chico cantaba, folklore, aunque me gusta todo tipo de música. Mi papá me acompañaba a las peñas donde me podía presentar, y alguna vez estuve entre elegir la música o el fútbol. Ganó el fútbol, claro... pero ahora mismo integro el coro del Colegio Médico, que dirige el maestro Mario Figueroa", cuenta ante mi sorpresa.

Y admitirá enseguida: "Es verdad, lo social me roza desde que era chico porque cuando vivía en Villa Carlos Paz enfrente había una especie de orfanato, y tengo algunos amigos que conservo de aquel tiempo. Es más, Roque García es uno de mis mejores amigos aún cuando el primer día que nos vimos nos agarramos a trompadas... pero la vida le dio una oportunidad y llegó a ser gerente del casino. Todavía nos vemos de vez en cuando. En cuanto a lo de la

Cooperativa me parecía que debía asumir un compromiso, y que era una forma de canalizar inquietudes más allá de la política de partidos", explica.

La radio.

Cuando empezó con el fútbol soñaba con ser profesional, con llegar a la primera y, transcurrida su vida de deportista, siente que está cumplido. "Sí, pienso que me di el gusto de ser jugador profesional, de jugar en una institución importante como es Deportivo Morón, aunque después pegar el salto a la primera división del fútbol argentino no resultaba fácil y no se dio. Me parece que ahora los futbolistas de la divisional donde jugaba Morón tienen más posibilidades de pegar el salto, pero antes era difícil salir de la B", reflexiona Daniel.

Mientras aún jugaba hizo el curso de director técnico, y una vez colgado los botines se puso a trabajar como entrenador, mientras paralelamente lo hacía como operador en la FM Libertad, donde lleva más de 15 años. Allí mismo se daría el gusto de hacer un programa de radio, donde podía mezclar sus dos pasiones: la música y el fútbol. "Bajo la suela" es un ciclo donde se habla de fútbol, sí, pero desmenuzándolo con criterio y sabiduría. El programa radial, que va los domingos, tuvo como columnistas a Alberto El Pampa Jorge, y a Tito Mansilla. Este, además de haber sido el compadre de tantas tardes futboleras -"nos entendíamos de memoria", dice Daniel-, es el amigo que le dejó tantos años de andar por las canchas del país. Jugaron juntos en Deportivo Morón -"Tito ya estaba cuando llegué, y cuando subí a primera nos hicimos amigos", completa-, en el Rácing Tavella, en Atlético Santa Rosa, Banco Pampa y también en las selecciones de la Liga Cultural. Hoy, casualidades de la vida, viven justo enfrente uno del otro.

Lo que viene.

Decía. Como entrenador Petrucci trabajó en Miguel Riglos, donde consiguió el título de campeón y llevar el equipo del ascenso a Primera División. "En realidad arranqué en General Belgrano... Tito Mansilla dirigía el equipo en el Torneo Argentino A y yo el del torneo local", rememora.

Pero también tendría un recordado paso en el fútbol de "profesionales" -el torneo que nuclea a abogados, ingenieros y trabajadores de distintas disciplinas-, con Abogados. "Hace casi 20 años que empecé con ellos, y ganamos algunos torneos. Fue un lindo trabajo, y cómo será que ahora se van a Europa a jugar", se ríe. Hoy dirige el equipo de los estudiantes de Abogacía, que disputa el torneo interfuerzas, y también está en la Escuela de Fútbol Infantil en "La Barranca". Cuenta que es una actividad que le gusta "mucho, porque es muy lindo transmitirle a los chicos sobre el mejor deporte del mundo", se entusiasma. "Mirá que también jugué un poco al básquet y rugby, pero como el fútbol no hay", agrega.

Daniel es un tipo de costumbres austeras, no le gustan demasiado las luces y prefiere muchas veces la tranquilidad de su casa y su familia. ¿Lo que viene? Y bueno, que Martín se reciba, que sea feliz con lo que elija... y vivir lo más dignamente posible. No es poco en estos tiempos, ¿no te parece?".

Sí, amigo, no es poco. Que va a ser poco.

"Yo nunca dejé el fútbol".

A los 15 años Daniel partió a Ñewells. Allí esperó un año que se abriera el libro de pases, y se cansó, pero conoció a Marcelo Bielsa -"era muy serio, y fuerte para jugar", lo recuerda-, y también al Tolo Gallego y al Gringo Giusti. "Me probé en Velez y pasé tres pruebas pero al final me dieron el toque. En Deportivo Morón debuté en primera con 19 años. Ibamos 2 a 2 con Sarmiento de Junín e hice un gol, pero nadie lo gritó. Perdiendo Sarmiento se iba al descenso y había conformidad con el empate". Jugó en Excursionistas, desechó ir a Centroamérica y vino la incorporación a la empresa Tavella, que presentaba "estrellas" del fútbol en distintos lugares. "Jugué con La Garza Guzmán, Pedro González, Mané Ponce. Un día dirigentes de Rácing de Castex hicieron un arreglo y nació Rácing Tavella. "Ganamos la Liga Pampeana, y en el Regional quedamos afuera". Santa Rosa, clasificado al Nacional, buscó como refuerzos a Petrucci y Mansilla. Más tarde Daniel jugó en Banco Pampa -ganaron el torneo pero al Regional fue All Boys (¡!!)-, San Martín, Sarmiento y All Boys. Se retiró en 1995. "Pero no sentí nostalgias, porque nunca dejé el fútbol. Enseguida nomás me metí a entrenador, y aún sigo", completa.

Y resume: "¿Compañeros? Con Tito Mansilla nos entendíamos sin mirarnos". Dice que el mejor equipo que integró fue Banco Pampa, con Estergidio Pérez -"un fenómeno"-, Osvaldo Lucero, Ñoqui Lescano, Médori, Claudio Alou y Barrera, entre otros. Petrucci fue un enorme delantero de nuestro fútbol, que jugaba y goleaba y, de verdad, resulta difícil compararlo con alguien de estos tiempos.

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