El presidente electo de Francia irá a Berlín para informarle a Angela Merkel que no ratificará el tratado continental de austeridad sin antes renegociarlo. En los EE UU le dirá a Barack Obama que retirará las tropas galas de Afganistán.
Después de darse un baño de masas en la Bastilla el domingo por la noche, François Hollande pasó su primer día como presidente electo de Francia en su búnker de campaña,1 recibiendo las llamadas de los mandatarios de Europa, los Estados Unidos y Rusia, y empezando a delinear su futuro equipo de gobierno. La fecha del traspaso del mando ya fue establecida: el próximo martes 15 el sobrio líder socialista asumirá la presidencia y comenzará a hacer realidad su promesa de cambio. En su agenda ya está programado un viaje a Berlín para informarle oficialmente a la canciller alemana Angela Merkel que no ratificará el tratado europeo de austeridad sin antes renegociarlo, y un viaje a los Estados Unidos para asistir a las cumbres del G-8 y de la OTAN, en donde le informará a Barack Obama, que retirará de forma inmediata todas las tropas francesas de Afganistán.
Entre las muchas invitaciones que recibió Hollande, una llegó desde el Palacio del Elíseo para participar hoy en el acto oficial por el aniversario de la rendición alemana y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Será su primer y último acto al lado de Sarkozy antes del traspaso de mando. Tanto el presidente saliente como su sucesor están cuidando cada gesto para garantizar una transición ordenada y sin disputas partidarias. Pero de a poco ya se empieza a sentir cómo la retórica electoral vuelve a escalar. A un mes de la primera vuelta de las elecciones legislativas, varias figuras de la primera plana del aún oficialista Unión para un Movimiento Popular (UMP) lanzaron dramáticos llamados a la sociedad francesa a “no entregar todo el poder a la izquierda”. Pero mientras dentro de la UMP las peleas internas empiezan a deslizarse entre los protocolares llamados a la unidad (ver recuadro), en el Partido Socialista Hollande dio la consigna que ningún nombre o disputa se filtre.
Sin embargo, la prensa ayer ya barajaba tres nombres para el puesto de primer ministro: la secretaria general del partido y la principal rival de Hollande en las internas, Martine Aubry; el director de comunicación de la campaña presidencial, Manuel Valls, y Jean-Marc Ayrault, el veterano presidente del bloque socialista en Diputados. Hollande prometió anunciar el nombre del futuro primer ministro el mismo día de su asunción, el martes próximo. Ese hombre o esa mujer tendrá que reunir una mayoría de diputados en las próximas legislativas para poder formar gobierno. Cuantos más votos consiga el socialismo, menos heterogénea será su coalición gubernamental.
Los resultados del domingo auspician un buen panorama para el socialismo. Según los resultados oficiales, Hollande sacó una ventaja récord en tres de las principales ciudades del país: París, Marsella y Lyon. Además mantuvo una ventaja entre los más jóvenes y la población en edad activa.
Pero como estos resultados fueron el producto de la unión de la izquierda y no sólo del socialismo, el PS ya está negociando con sus aliados posibles acuerdos para presentar candidatos únicos, especialmente en los distritos en los que el Frente Nacional de Marine Le Pen obtuvo el primer o segundo puesto en la primera vuelta presidencial, el 22 de abril pasado. La lección del domingo sigue aún fresca en la mente de muchos dirigentes socialistas, ecologistas y del Frente de Izquierda: ante el avance de la derecha, la única opción es la unidad. Su objetivo ahora, además de conseguir una mayoría parlamentaria, es evitar el ingreso a la Asamblea Nacional de la extrema derecha.<




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