Aun bordeando los 700.000 habitantes, nuestra Mar del Plata se mueve al compás de un ritmo aldeano que le han impreso aquellos que siendo hijos y nietos de los mucamos de la oligarquía, fueron abordando de manera formal los espacios del poder.
Una de esas familias la integran Julio Argentino “Tino” Fernández, y sus hermanos Carlos Alberto, Adolfo Oscar y Juan Antonio, conocidos esencialmente por ser titulares de “Azucarera Mar del Plata”, una pyme familiar que dio un salto enorme hacia la fortuna especulando con el precio del azúcar en tiempos de Gelbard y la “inflación cero”.
Con los años, Tino, que siempre gustó del dulce que implica el ascenso social, desde la UCIP fue forjando una fuerte relación de intereses con Florencio Aldrey Iglesias, de la que quedó para siempre prisionero cuando reveló, exhibiendo toda la documentación probatoria, los acuerdos espurios logrados durante la administración de Mario Roberto Russak para el malhadado experimento del estacionamiento medido. Así obtuvo impunidad mediática para sus propios negocios.
La connivencia entre estos personajes ha tenido mucho que ver con lo que ya en los tempranos ‘90 di en llamar “el cerco informativo”, es decir un criterio de protección mafiosa que ha extendido sus tentáculos por casi todo factor de poder o interés que haya en la ciudad. Su más reciente ejemplo es la cuestión que envuelve la propuesta única para el predio de la ex terminal de ómnibus.
Este medio nació, se desarrolla y crece en esa voluntad de romper el cerco informativo. En esa voluntad anticipábamos, en las ediciones 753 y 754 (Malas lenguas), aspectos relacionados con la controversia jurídica Davicino/Fernández, que ha resultado en un embargo de once millones y medio de dólares sobre Tino Fernández y sus familiares/socios.
No es sólo una cuestión de división de herencia, o una pelea por dinero. Es mucho más: es la revelación de una telaraña de poder que involucra a demasiados actores en esta ciudad, y casi no deja a nadie afuera del ring. Las últimas novedades al respecto indican que la Cámara en lo Penal Sala 2 ratificó la elevación a juicio oral que efectuara el fiscal Amavet, y ratificara la jueza de Garantías 3, la Dra. Fende, para Julio Argentino Fernández, Carlos Alberto Fernández, Adolfo Oscar Fernández y Juan Antonio Fernández, “siendo la resolución de fecha 2 de marzo de 2012 que rechazara la apelación técnica terminante en cuanto a la profusa prueba colectada y pericias técnicas de los peritos de la Fiscalía de Delitos Económicos por “Estafa y Administración infiel continuada” contra los hermanos Davicino”.
Sería ésta la primera vez que la Fiscalía de Delitos Económicos lleva a juicio un caso de los denominados “de guante blanco”. La repercusión excede en mucho cualquier otra causa de tal calibre llevada a proceso en esta ciudad.
Esta causa tiene un potencial que va más allá de lo sufrido por los Davicino. Sacará a la luz la podredumbre de los acuerdos de poder que hay en nuestra comunidad. Suena tibiamente aun, pero hay una campanita que anuncia el inicio de un tiempo distinto, un tiempo en el que la impunidad de los que pertenecen al círculo de la aldea comienza a desaparecer.


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