Por OSVALDO PEPE.Los estruendos verbales entre el Gobierno y la dirigencia sindical que se alinea con Hugo Moyano son el plato fuerte del verano político, compartiendo cartel sólo con la poda drástica de subsidios y los primeros globos de ensayo de una re reelección que contradice la propia letra constitucional, movida ésta fogoneada tempranamente por el vicepresidente de la Nación y otros funcionarios, que t ambién lo atacan a é l, a quienes el líder camionero descalifica como simples “chirolitas”.
Es decir, muñecos de un ventrílocuo que nunca identifica , aunque todos sepamos que usa polleras.
Definitivamente, la Presidenta dejó en el olvido los tiempos en que se ponía gorritos de diferentes sindicatos en multitudinarios actos públicos organizados en su apoyo, en los cuales le recordaba a la sociedad que ella estaría siempre junto “a los morochos” , sucedáneos posmodernos de aquellos “grasitas” de Eva Perón, históricos “cabecitas negras” del peronismo originario. Ahora Cristina percibe que Moyano y el sindicalismo crítico de un sector de la CTA (Pág. 6) ya no son el espíritu “morocho”: mientras agrupa una nueva alianza política y social, repite que gobierna “para 40 millones de argentinos” , obviedad que sin embargo adquiere contenido en el umbral de las discusiones paritarias que el Gobierno necesita ordenar en los nuevos tiempos de la “sintonía fina”.
Pícaro, Moyano, que ya organiza un acto masivo para afirmar su liderazgo, dijo que esta construcción teórica le recuerda al menemismo , giro exagerado con el que acaso haya querido resucitar lo que ocultan con la pretensión del olvido mediático ciertos programas de la TV oficial y paraoficial que seleccionan y editan videos del pasado para desacreditar a quienes no se someten al discurso único.
Es aquella imagen que muestra a Néstor Kirchner cuando define a Menem como “el mejor presidente de la historia” . Extraña parábola del kirchnerismo. De “progresista” y socio férreo de los sindicatos a la acusación del jefe de la organización madre de éstos, y antiguo socio político, de haberse menemizado en su largo tránsito por el poder.


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