Por medio de un convenio firmado en febrero pasado, la Municipalidad dio el impulso para la redacción del libro “Historia de San José de Gualeguaychú”, para el que trabaja un equipo de gente reconocida en la ciudad.
Fernández dijo a EL ARGENTINO que “cada uno toma un campo diferente de la historia de la ciudad” y en su caso, de acuerdo a lo que le gusta y ya tenía investigado, optó por la historia urbana, el paisaje natural y sus cambios, la ciudad y sus transformaciones a través del tiempo.
Su aporte comienza con la llegada de los primeros pobladores (los que venían de otros lugares, porque todavía había aborígenes aquí) que se integran al paisaje natural.
“Al principio es un asentamiento disperso, después, hay una especie de regularización previa a Rocamora: el famoso pueblecito de Sourriere de Souvillac, enviado por el Virrey a mensurar los campos. Sourriere les ordena un pueblecito, como dice, y supuestamente éste es del Barrio de los antepasados, con pobladores asentados alrededor de la capilla que de acuerdo a los datos, estaba allí desde 1744 ó 1765”.
“Cuado llega Rocamora con la disposición del Virrey de “plantificar”, es decir, establecer una planta urbana con esquema de damero (un modelo de cuadrícula que venía de antaño, usado porque las autoridades políticas y religiosas se concentran alrededor de la plaza) este lugar no le convencía porque había bañados, las inundaciones acechaban y quedaba alejado del río. Rocamora ya había venido en varias oportunidades y era un gran observador de la realidad geográfica del lugar, por eso decidió traer la población a la que se llamó la Plaza mayor, que no era el lugar más alto pero sí accesible al río, indispensable para la supervivencia”.
“Desde esta plaza -recordó que contaba Rocamora- él veía una gran isla y ahí planifica de acuerdo a las leyes de Indias la Plaza Mayor, de cuatro manzanas y divide las aledañas en cuatro solares”, recordó.
“Esto fue así porque cada familia debía subsistir con su propia quinta, también porque eran ranchos, para lo que se hicieron zanjas que dividían los lotes, como contrafuego. Y las manzanas tenían que estar orientadas a los cuatro vientos para mayor aireación, por el tema de las epidemias”, agregó.
“Lo que no previeron en ese momento, que se dieron cuenta en el siclo XIX, fue la contaminación por el cementerio que estaba donde hoy está la Catedral. El mismo problema que se planteó después, cuando debieron volver a trasladarlo”.
“Otro tanto ocurrió con el mercado: al principio, la gente tenía sus puestos en la plaza, pero llegó un momento en que la carne, trasladada en carros y con todos los inconvenientes que son de suponer hizo que la gente comienza a reclamar y se logra el mercado 1º de Mayo, en el mismo lugar del municipal, sobre calle San Martín”.
“La mayoría de los cambios surgen por los pedidos y propuestas de la gente”, explicó, agregando que “la cuadrícula continúa existiendo. Rocamora, que repartió 85 solares, decía que debía haber cuadrículas de forma tal que la villa pudiera extender o achicarse en la misma dirección, siempre con la limitante del río”.
El aporte de la Profesora Elisa Fernández llega hasta un pueblo (Urquiza le dará en
1851 categoría de ciudad) en la que hay casas de azotea, casas de alto, pero no son las más. “Hay mucho rancho y es todavía una ciudad donde las manzanas no están completas y hay terrenos baldíos”.
“Ya está la corporación municipal, pero no su sede. Y si bien está el proyecto, demora mucho en concretarse. Por entonces tenemos la Plaza Mayor, la Plaza Menor (hoy Urquiza) y distintos espacios ya conectados, como la plaza de frutos, una especie de mercado central. Comienza la problemática de los puentes para unirnos con otras ciudades y la mayor: la canalización del río, que no pueden lograr como tampoco la construcción del muelle”
En este punto recordó “los barcos llegaban a Puerto boca y el de Landa y aquí se hacía un trasbordo. La canalización (hoy dragado) era un pedido permanente para que se pudiera acceder a esta zona que hoy conocemos como el puerto de Gualeguaychú”.
La historia atrapa cuando se la cuenta bien
La presentación de los trabajos de los seis investigadores será el 30 de septiembre y después vendrá el tiempo de la diagramación e impresión.
“Nos entusiasmamos con esta propuesta porque es una manera de dar a conocer la historia de Gualeguaychú en un libro, porque hay una cantidad de escritos y libros dispersos pero había que reunirlos y además, existe mucho material inédito y una gran cantidad de documentos en el Archivo General de la Nación, a donde se podrá continuar investigando lo que hemos hecho”.
A esto agregó “queremos que se conozcan las fuentes consultadas, que se sepa en qué lugar están esos datos, porque nos interesa que las nuevas generaciones se relacionen con la historia”
“Soy una convencida que a los jóvenes les gusta la historia y que hay que contársela. Por eso quisimos concentrar en un tomo las seis miradas y dar la posibilidad a otras personas de poder seguir la investigación”.
Como se dijo, los investigadores no cobrarán por este trabajo que hacen, como dijo Elisa Fernández “por el gusto nuestro por la historia”.
“El desafío -planteó- es que llegue a la gente y despierte un interés, un entusiasmo por conocer lo nuestro. Si logramos esto, es más que suficiente”.
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