Por Adrián VenturaPara Amado Boudou, el futuro judicial y el futuro político son dos caras de la misma moneda.
El mismo juez federal, Ariel Lijo, acumula desde ayer dos importantes denuncias contra él: la del caso Ciccone y la del enriquecimiento ilícito.
La primera investigación avanzó con el ímpetu que le imprimió el fiscal federal Carlos Rívolo, pero se empantanó cuando el vicepresidente contraatacó con éxito y, en una sola jugada, provocó la renuncia del procurador general Esteban Righi y el apartamiento del juez del caso, Daniel Rafecas.
Pero la investigación que hasta hoy lleva adelante Rívolo -que en las próximas horas podría ser separado de la pesquisa y reemplazado, eventualmente, por quien lo sigue en el turno, el fiscal Jorge Di Lello- juntó elementos de prueba muy importantes que tarde o temprano reclamarán una respuesta.
La otra investigación, promovida por dos particulares, fue impulsada ayer por Di Lello, un funcionario con más cintura política y manejo de los tiempos que Rívolo.
¿Serán Lijo y Di Lello dos cruzados contra Boudou?
La investigación podrá dilatarse y acomodarse, tal vez, a los tiempos políticos cambiantes, como ocurre muchas veces en la Justicia. Habrá que juntar pruebas sobre el supuesto enriquecimiento ilícito y, luego, el juez le deberá dar a Boudou la posibilidad de justificar esos ingresos para tan sólo luego indagarlo. Habrá recusaciones, apelaciones, peritajes y demoras. Basta con advertir que el juez Norberto Oyarbide hace tres años que investiga a Ricardo Jaime por enriquecimiento ilícito y aún no lo indagó.
Pero, como todas las causas, tienen su dinámica:
Si esos expedientes se dilatan dos o tres años, estallarán en el horizonte político de 2015. Para entonces, Boudou será un firme candidato o, por el contrario, correrá el riesgo de ser procesado.
Es posible que si Lijo separa a Rívolo del caso Ciccone, la jugada de Di Lello de denunciar a Boudou por enriquecimiento ilícito pueda ser leída como una moneda de cambio. Una de cal y otra de arena.
Pero, en cualquier caso, ni Di Lello ni el más joven Lijo hipotecarán sus carreras en aras de proteger al vicepresidente. "El gris puede parecerse al blanco, pero el negro es negro", dijo uno de los investigadores, diciendo que Boudou tiene que preocuparse por los indicios que hay en su contra.
Incluso si alguien les reclamara ayudar a Boudou, no podrán pasar por alto dos datos. El primero es que el vicepresidente logró desplazar a Righi, sin importar cuán fiel éste haya sido al Gobierno. Y el segundo, más inquietante aún, es que Boudou embistió contra Rafecas tras haber denunciado que este magistrado envió mensajes de texto que intentaban no ya perjudicarlo sino beneficiarlo.
En suma, el caso Ciccone y el caso del enriquecimiento ilícito en manos de un mismo juez podrán servir para cruzar datos y potenciar ambas investigaciones o, también, dar paso a contradicciones y demoras. Incluso, el tiempo trae el beneficio de cierta pérdida de interés periodístico.
Pero nadie estará dispuesto a darle a Boudou un salvoconducto a la inocencia si el vicepresidente no logra forjar su propio futuro político. Mientras tenga poder prestado, las causas serán dos hipotecas. Si Boudou juega a que su moneda, en 2015, caiga de cara, deberá preocuparse por lograrlo..





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