Hipoteca para el futuro

Por: Ricardo Kirschbaum

La política kirchnerista nunca ha sido sutil. Ni ha reconocido límites. Una vez que se fija el objetivo, todo los recursos del Estado se vuelcan hacia allí, enderezando en esa dirección a los sectores políticos más convencidos, aquellos acostumbrados al verticalismo más estricto.

El asedio a la Corte ha comenzado. El kirchnerismo ha decidido el método de la presión directa sobre los jueces supremos, los que deberán definir, temprano o tarde, causas centrales del ideario oficialista. El jueves, marchan por la ley de medios reclamando diversidad cuando, en la práctica, la cadena de medios kirchnerista muestra sin vergüenza lo que entienden por democracia informativa.

El avance para presionar a jueces y a la Corte forma parte del plan de seguir horadando controles y límites, en la medida que no comulguen con el credo oficial. En su embestida, otra vez, desaparecen los matices, obligando a la adhesión o al rechazo, achicando dramáticamente las opciones múltiples que debe ofrecer la democracia.

Los excesos son una hipoteca para el futuro. Para quienes los promueven y para aquellos que los cometen sin reflexionar un instante sobre las consecuencias culturales y políticas de esa acción.

La escalada sobre jueces y la Corte forma parte de esa concepción en la que todo aquel que no da la razón al oficialismo forma parte de oscuras conspiraciones. Y quienes apoyan todo lo que desea el Gobierno integran el paraíso kirchnerista.

Esa división tan profunda produce un reduccionismo peligroso en la política argentina. Pero es funcional a la política de los Kirchner.

En Venezuela, se ha lanzado la "guerrilla informativa": milicias juveniles que llevan el verbo de Chávez. Le llaman "Operación Trueno". Aquí hace rato que esa presión se practica a destajo.

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