María José Costoya Lagonero, tiene 28 años. Dice que su padre siempre andaba armado y dormía con el revólver debajo de la almohada. Manuel Costoya es el presidente de la Comisión de Fomento de Unanue que fue denunciado la semana pasada por el Tribunal de Cuentas.
María José Costoya Lagonero tiene 28 años y vive en Santa Rosa, junto a su madre. Su padre, el jefe comunal de Unanue, fue denunciado la semana pasada por empleados del Tribunal de Cuentas, a quienes supuestamente amenazó con un arma de fuego cuando fueron a realizar controles administrativos a la localidad.
Ahora, su propia hija afirmó que él siempre llevaba un arma corta en su camioneta y denunció que hace cuatro años la amenazó de muerta a ella, a su madre y a su abogado. Dijo que fue a buscar un revólver 38 a la pieza, lo cargó delante de ella, se lo calzó en la cintura y la amenazó de muerte. “Si me tocan un peso les vuelo la tapa de los sesos a vos, a tu madre y al abogado”, relató que le advirtió en esa ocasión.
La historia
María José es fruto de la relación de Costoya con Elsa Elva Lagonero. La pareja se separó cuando la mujer estaba embarazada de siete meses. De niña, no tuvo contacto con él, aunque sabía su nombre y tenía una foto que le dio la madre. “Me dijo ‘este es tu papá’, no me habló ni mal ni bien”, contó a El Diario.
“Cuando tenía diez años, le pidió a mi mamá para conocerme. Empezó a venir a verme, a llevarme a catecismo. Me había hecho el verso de que iba a conocer a mis abuelos, pero siempre tenía una mentira, nunca me llevó. Ahí empezaron,de común acuerdo, los papeles de filiación”, recordó.
“Me cansé de las mentiras, que dijera una cosa e hicera otra y entonces lo eché de mi casa porque no lo quería ver más. Ahi empecé con problemas de salud. Tenía doce años y me derivaron a Buenos Aires y en el Gutiérrez me encontraron que tenía problemas de tiroides, problemas de fibromiealgias agudas, algo que adquirí por un estado emocional. Sigo con eso, tengo que tomar pastillas de por vida”, confió.
A partir de ese momento, María José dejó de tener contacto con su padre. Recién cuando cumplió 16 años, acabó un lento y enredado trámite de filiación, en el que Costoya inclusive tuvo que someterse a un examen de ADN en la Fundación Favaloro, en Capital Federal. El entonces juez del Menor y la Familia, Alberto Ercilio Andreotti, dispuso que llevara el apellido de su padre.
“La relación siguió interrumpida. Nunca le dije ‘papá’. Nunca tuvimos trato de padre a hijo. Jamás me dio nada ni se preocupó por si estaba viva o muerta”, dijo María José.
En ese contexto, ella inició un juicio por daños y perjuicios contra su padre, patrocinada por el abogado (ex diputado provincial) Santigo Giuliano.
En esa época, María José tuvo un acercamiento y conoció a sus dos hermanos (uno de ellos discapacitado), a través del contacto que propició entonces la mujer de Costoya. “En esa época me encontré de vuelta con mi viejo. Les confirmó que eran mis hermanos. Empezamos a tener trato. Fuimos a Unanue un par de veces y me llevó a conocer a mi abuela. También me llevó algun fin de semana al campo y me dio algo de plata para quedar bien”, recordó.
La amenaza
Sin embargo, el acercamiento entre padre e hija duró poco. “Hace cinco años salió a favor mio el juicio, por 7.200 pesos, que no es nada. Yo estaba en Acha. Me llamó mi mamá, que el abogado le dijo que no quería pagar, que estaba tratando de esquivar el tema, y él le dijo que lo iba a tener que denunciar en el Tribunal de Cuentas”, contó.
“Cuando llegamos al campo, le dije, para que no se enterara por otro lado, y que no pensara mal, que le iban a trabar el embargo. Estábamos en el medio del campo, mis hermanos estaban durmiendo, yo, él y la señora”, relató. Y agregó: “Cuando le dije así, se puso loco, que no le iban a sacar plata... se fue a la pieza, volvió, cargó el 38 delante mío porque estaba descargado, se lo calzó en la cintura y me dijo que si le tocaban un peso me volaba la tapa de los sesos a mi, a mi mamá y a mi abogado”.
-¿Sentiste miedo, pensaste que realmente podía llegar a hacer algo así? -le preguntó El Diario.
-Si. Era la segunda o tercera vez que veía a la mujer. Por más que sea mi papá, era una persona desconocida para mi, en el medio del campo, no sabía para dónde salir. No sabía cómo reaccionar. La llevé bastante bien, pero me asusté mucho.
María José contó que, a partir de la amenaza, “para que se calmaran las cosas”, ella le dijo que no le interesaba el dinero y le propuso al padre que, como tenía contactos políticos en Casa de Gobierno, usará sus influencias para conseguirle trabajo en lugar de pagarle la indemnización.
“Entonces hablé con el abogado y levanté el juicio. No le conté lo que había pasado, por miedo. Una vez me llamó y me dijo que ya estaban los papeles para entrar. Mi mamá me decía que me mentía. Un día fui Recursos Humanos, me mostraron en la computadro y ni aparecía en la lista. Eran mentiras”, confesó.
“Cuando me di cuenta, habían pasado seis meses, hablé con el abogado y me dijo que lo había dejado parado, pero en cualquier momento lo podía reiniciar. Le conté que también lo había amenazado a él, pero me dijo que me quedara tranquila”, prosiguió.
Finalmente, María José cobró los 7.200 pesos. Pero la relación con sus hermanos y el propio Costoya está cortada desde aquel episodio en el campo.
Contó que lo cruzó en las escaleras de Casa de Gobierno, pero él sólo le devolvió el saludo cuando estaba compañado “de algun político o alguien importante”. Tampoco la quiso atender por teléfono. “Una vez lo llamé, y cuando me conoció la voz, me dijo que no tenía ninguna hija mujer, que tenía dos varones, y me cortó. No quiere hablar más conmigo”, confió.
-¿No denunciaste la amenaza?
-Nunca. No. Me dijeron que todavía tengo tiempo de hacer la denuncia penal. Con el tema del juicio, que me trajo muchos trastornos de salud, por ahí en su momento no estuve dispuesta a hacerlo, a arrancar otro juicio. Pero la denuncia se la tengo que hacer. Formalmente no está hecha, pero tengo conocidos en la policía que saben de la amenaza. La policía lo sabe.
-¿Te sorprendió que tuviera un arma?
-Fue la primera vez que yo la vi. Pero cuando iba a mi casa, que yo era chica, sabía que andaba con un arma en la camioneta y cuando se bajaba en casa, ponía el arma debajo de la almohada, siempre estaba con el arma. Verla, fue la primer vez que la vi, ahi, en el campo.
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