"No hicimos justicia con los pueblos originarios"

El sacerdote que peleó las últimas elecciones con el gobernador formoseño Gildo Insfrán es un apasionado defensor de los derechos humanos. Vivió con la comunidad wichi en El Impenetrable chaqueño y recuerda la masacre del pueblo pilagá en Rincón Bomba, Formosa, que en 1947 costó la vida de 500 personas. De un extenso reportaje al religioso, realizado por Magdalena Ruiz Guiñazú para Perfil, extractamos algunas reflexiones imperdibles.
-¿Para usted ésta no es una derrota final?

-No. Es una batalla perdida. Un episodio. Un momento. Yo he descubierto un mecanismo fascinante con respecto a cómo se deciden las cosas, cómo hay que hacerlas y la corrupción que nos rodea actualmente.

-¿Cómo es ese mecanismo fascinante?

-Es un mecanismo de democracia participativa. Me parece que tenemos que recuperar la participación en la democracia. Por ejemplo (y lo he preguntado a la gente y también me lo planteo), ¿los diputados nos representan realmente? ¿O representan a corporaciones o a intereses foráneos o sólo al poder político? Ese diálogo está destruido. No hay un diálogo entre el diputado y el pueblo al que representa.

-Además, el Parlamento se reúne muy poco y no parece tener intenciones de trabajar. ¿Ocurre lo mismo en Formosa?

-Yo diría que no trabajan nada. Los legisladores se reúnen para hacer declaraciones. Nada más. Mire, le cuento esto, porque cuando me enteré, ¡no sabía si reír o llorar! Hay una sesión los días jueves (¡cuando los legisladores van!) y un representante del gobierno justicialista propuso hacer una mención a Teresa de Calcuta. ?Hoy se recuerda su nacimiento ?dijo el diputado? y hay que honrarla porque fue una mujer que estuvo con el dolor, el sufrimiento, con los más pobres, los más sufridos, y tenemos que recordarla porque eso es nuestro gobernador. Un hombre sensible con el que sufre.? Bueno, todos levantaron la mano y votaron la mención y aceptaron la comparación. Frente a este tipo de cuestiones nos damos cuenta de que, hoy, los diputados ya no representan al pueblo. Pero, en cambio, insisto en que es un mecanismo fascinante cuando sí representa al pueblo. Por otro lado, yo creo que siempre tienen que jugarse los intereses de todos pero, particularmente, los de quienes sufren la injusticia, la trata de personas, la violencia contra la mujer, la familia etc. O sea que, en conciencia, la obligación de un legislador es jugarse por los que sufren. Es muy importante tenerlo claro. Jugar en democracia pero buscando el bien de la comunidad.

-¡Qué difícil hacerlo realidad! Y usted, después de tantos años, ¿volvería a empezar?

-Yo, sí. Volvería a empezar y creo que vale la pena porque el amor va a existir siempre. Y es lo mejor que podemos experimentar en la vida. Por eso las relaciones son importantes. El amor es tierno, es generoso. Las madres se juegan por los hijos. No sólo porque los han parido sino porque los protegen y los cuidan. En una sociedad donde se ama al prójimo el hombre se siente bien. Y la verdad es que yo creo que el amor nunca va a desaparecer. ¿Qué mejor alimento puede haber en la vida? En cada edad, en cada etapa, estamos aquí para amar. Soñamos con la pareja, con la familia. Los hijos, los nietos y todas esas relaciones de amor que se van creando y cuya ausencia nos produce sufrimiento y dolor.

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