Israel considera que se rearmó y que aumentó su influencia dentro del ejército libanés
En el incidente, el peor registrado en la zona desde la guerra de hace cuatro años, la organización radical chiita Hezbollah no tuvo participación directa, pero el fantasma de la organización terrorista sobrevuela el conflicto.
Conducido por Hassan Nasrallah, Hezbollah hace gala de una ideología fundamentalista que responde a los dictámenes del régimen de los ayatollahs en Irán. Y es, desde hace mucho tiempo, el actor más poderoso dentro de la política libanesa.
Aunque forma parte del gobierno, no ha depuesto sus armas. Su carácter de fuerza política no le ha quitado su condición de milicia armada. Por eso, su fuerza, capacidad de disuasión e influencia no son para nada despreciables. Fuentes militares israelíes daban a entender ayer que el oficial de bajo rango y los soldados libaneses que dispararon hacia las tropas israelíes que se hallaban cerca de la frontera actuaron bajo la influencia de Hezbollah.
Cabe recordar que el ejército del Líbano incluye a miembros de todas las comunidades que conforman el complejo mosaico social del país. Esto abarca a los musulmanes chiitas (especialmente en la División 9» del ejército), algunos de los cuales pueden sentirse identificados directamente con el grupo terrorista.
No es un fenómeno nuevo. El ejército israelí ya había expresado su preocupación por el creciente acercamiento entre el ejército libanés y Hezbollah, por lo cual alertó de esa situación a los cascos azules de la Finul, la misión de paz de la ONU en el Líbano, que supuestamente debe frenar al grupo islamista. Sin embargo, no tiene mandato para hacerlo, por ejemplo, dentro de las aldeas, por lo cual su labor alcanza resultados muy limitados.
Desde la guerra que Hezbollah desencadenó el 12 de julio de 2006, cuando atacó los poblados israelíes de la frontera con el Líbano y a una patrulla que recorría el lado israelí del límite internacional, Hezbollah ha fortalecido su poderío militar. A pesar de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que puso fin al intercambio de fuego entre las partes y dispuso la prohibición del abastecimiento de armas a Hezbollah, el grupo tiene hoy más misiles que cuando comenzó la guerra.
Hace cuatro años, se estimaba que Hezbollah tenía en su poder aproximadamente 12.000 misiles y que había lanzado 4000 de ellos hacia Israel. Sin embargo, fuentes de inteligencia hablan hoy de no menos de 40.000 misiles en el arsenal de Hezbollah.
Un gran búnker
Para Israel, Hezbollah se fortalece cada vez más. "Ha convertido al sur libanés en un gran búnker", dijo recientemente una fuente militar, en una referencia a la red de fortificaciones y canales subterráneos construidos por el grupo extremista en el sur libanés para enfrentar otra posible guerra contra Israel.
A pesar de su poderío militar, del apoyo que tiene en buena parte de la población del sur libanés y de los sectores chiitas, la organización fue, al mismo tiempo, ampliamente criticada por provocar aquella guerra, que trajo serios destrozos al Líbano tras la reacción militar de Israel.
También influye en la situación actual el inminente anuncio de los resultados sobre la investigación efectuada por el panel especial que se ocupó del caso del asesinato del premier libanés, Rafik Hariri, en febrero de 2005. Las sospechas sobre el magnicidio apuntaron de inmediato a Siria y a Hezbollah.
Saad Hariri, el actual premier libanés e hijo de Rafik, teme que una acusación formal, con pruebas, a Hezbollah vuelva a desestabilizar el frágil equilibrio interno en el país.
"No permitiré que el alma de mi padre sea utilizada para nuevos conflictos internos", expresó días atrás.
Los analistas israelíes no descartan que, de verse acorralado por el resultado de la investigación sobre el asesinato de Rafik Hariri, la organización terrorista intente desviar la atención. Hacerlo con nuevos ataques a Israel no sería entonces descabellado.
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