Por: Jorge Oviedo.Cristina Fernández de Kirchner podrá hoy utilizar cualquier argumento en su discurso de reasunción, menos el absolutamente certero de que recibe, de ella misma, una complicada herencia económica.
A los problemas acumulados por la inflación no reconocida y falseada desde el Indec, se suma la caída de las reservas del Banco Central, la aparición del déficit fiscal que no se controla ni con los aportes del Tesoro, la Anses y el Banco Central, y la continua baja del superávit comercial.
Cuando Cristina Kirchner asumió su primera presidencia, había comenzado la crisis financiera en los Estados Unidos y se había expandido al Reino Unido, pero faltaban ocho meses para que se desatara lo peor. En un movimiento previsor con instrumentos discutibles, Néstor Kirchner había hecho un ajuste fiscal antes de dejar la Presidencia, con un incremento de las retenciones al agro. Fue insuficiente y el intento por profundizarlo llevó al kirchnerismo a su peor crisis política.
Casi los únicos indicadores que este año mejoraron su registro de 2007 fueron los de confianza. Con la recuperación que siguió a la recesión de 2009 y con el giro en su imagen posterior a la muerte de su esposo, la Presidenta logró niveles récord, por ejemplo, en el Indicador de Expectativas Económicas de la UCA y TNS Gallup.
En 2007 la asunción de Cristina Kirchner generó un récord de expectativas favorables. La nueva marca histórica coincidió con su triunfo en octubre pasado. Habrá que ver si esa confianza continúa o se diluye, como ocurrió en 2008.
Habrá que esperar las próximas mediciones para saber cómo impactan en la ciudadanía las medidas del cepo cambiario y los fortísimos aumentos que se vienen en las facturas de luz, agua y gas. La situación internacional tampoco ayuda. Los precios internacionales de las materias primas que la Argentina exporta se han reducido; un deterioro adicional para las cuentas públicas de un gobierno acostumbrado a aumentar el gasto más rápido que los ingresos.
El profesor de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs sostiene que las actuales dificultades en las economías de Estados Unidos y de la Unión Europea no tendrán mayores efectos negativos que los que ya han tenido sobre los países emergentes. Pero alerta que una desintegración desordenada de la unión monetaria que haga desaparecer al euro tendría consecuencias imprevisibles para todo el planeta.
Los cuatro años de la primera gestión de Cristina Kirchner no parecen haber sido usados para enfrentar un mundo más difícil. En rigor, dos de ellos, el primero y el segundo, fueron fuertemente afectados por una recesión. Y el cuarto fue un año electoral, que tradicionalmente es sinónimo de fuerte deterioro de las cuentas fiscales en la Argentina. Esta vez no fue la excepción.
Cristina Kirchner continúa una gestión a la que han comenzado a faltarle los pesos, aunque los imprima a gran velocidad, y también los dólares. Las medidas ideadas para enfrentar el problema cambiario empeoraron las cosas. La conmoción creada en el sistema financiero local ha hecho además aumentar las tasas de financiamiento para exportadores en momentos en que los precios internacionales caen, Brasil reduce su demanda y las condiciones para colocar producción se endurecen. También encarecieron el crédito doméstico, en tiempos en que los futuros aumentos de servicios e impuestos hacen prever una evolución del consumo más lenta.
Antes de asumir el segundo mandato, la Presidenta ya lanzó medidas correctivas. Pero se requerirá más. De cómo haga esas correcciones y el éxito que tengan dependerán la suerte de su segundo mandato y de su carrera posterior. Una economía floreciente que permita impulsar una segunda reelección con una reforma constitucional parece hoy poco probable.


Comentá la nota