Hay una herencia que necesita heredero

El peronismo está acostumbrado a líderes fuertes. Cristina y Scioli aparecen en punta para suceder al ex presidente en ese rol. Cómo reaccionará ella es una de las claves. La visión de intendentes y del PJ disidente
Durante siete años, cinco meses y un día y medio, Néstor Kirchner fue el hombre más influyente de la política argentina.

Con un inicio de poder casi prestado, el ex gobernador de la desértica Santa Cruz pasó de ser el presidente elegido por menos de un cuarto de la población, a ser el líder político excluyente de la primera década del milenio. Así, entró en la inmortalidad con el pase asegurado a las páginas doradas de la historia.

Precisamente ese liderazgo político, que cimentó como primer mandatario y mantuvo hasta el último minuto de su vida, es la herencia sin heredero seguro. “El vacío que deja Néstor Kirchner no lo va a poder ocupar Cristina ni ningún hombre solo”, sintetizó el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para graficar lo abarcativo del poder ejercido por el patagónico.

Rudimentario al fin, el peronismo siempre necesita una figura omnipresente, a la cual es un mandamiento obedecer. Responsable de los éxitos y repartidor de los fracasos, Kirchner fue hasta este miércoles 27 esa referencia. Y no sólo para quienes por convicción u obligación se convirtieron en sus apóstoles.

Los líderes son líderes porque despiertan pasiones favorables y contrarias, porque son portadores de un carisma especial, guste o no, y porque realimentan permanentemente el ejercicio del poder con esa condición de conductores.

Entonces, ¿puede Cristina Fernández ocupar ese lugar, más allá del ejercicio de la Presidencia? ¿Es Daniel Scioli, a partir de la buena recepción popular que lo ubica como el candidato mejor cotizado del espacio, quien más chances tiene de quedarse con el capital político? ¿Puede resurgir alguien del pasado? ¿Será una nueva figura? Interrogantes sobran, pero el lugar es uno solo, y no admite sociedades con paridad de acciones.

“Todo va a depender de cómo reaccione la Presidenta”. Unánime frase del arco político, que desnuda la primera y principal incertidumbre. Los próximos días serán clave para comenzar a desgranar el futuro inmediato y mediato, y todo girará en torno a las acciones provenientes de Olivos y Balcarce 50.

También es coincidente el “esperar cómo reacciona el país”, ya en torno a una especulación de alcance electoralista, a la que muchos le esquivan en la declaración pública pero les merodea la cabeza con un gran signo de interrogación.

“Hay que ver cómo va a reaccionar Cristina, eso va a determinar muchas cosas. Era muy fuerte la relación de Néstor con ella”, esbozó ante La Tecla el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray. Más o menos lo mismo replicaron otros caciques.

Dueños de un poder territorial esencial para el sostenimiento de la institucionalidad, los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires comprometen su apoyo. A nadie escapa que en el nuevo esquema pondrán sobre la mesa su peso específico, muchas veces soliviantado por la figura del ex presidente. Saben cómo inclinar balanzas.

Uno de los intendentes que tuvieron diferencias con Néstor Kirchner pero se mantienen en el oficialismo, sostuvo: “Acá hay dos situaciones para la Presidenta: la muerte de su marido y la conducción del Gobierno con un estado de ánimo complicado. Hay que acompañarla hasta que todo esto se acomode, conservar lo institucional. No es momento de disputas internas, hay que bajar los decibeles, no es momento de opiniones, solamente de solidaridad”.

Queda casi todo supeditado a la condición actitudinal y a la fortaleza de la primera mandataria. “Está muy entera”, transmitieron algunas voces cercanas. Es también un mensaje de fortaleza necesario hacia el pueblo, y hacia el interior de un movimiento con apego necrológico pero también canibalista ante cualquier peligro de pérdida de control del Estado.

“Hasta el domingo Cristina puede acusar el impacto de la muerte, el lunes tiene que gobernar, y ahí tiene que estar el peronismo atrás”, se ha escuchado. Sin duda, la Presidenta deberá afrontar la hora más difícil de su vida en simultáneo con decisiones trascendentes para el futuro, de todos y propio.

“Cristina puede liderar el peronismo, tiene fuertes convicciones. En ese aspecto, si bien se pierde algo importante, no caben dudas de que va a saber ocupar el lugar”, arguyen desde el oficialismo.

El intendente crítico que habló con este medio fue en el mismo sentido. “El líder del peronismo es quien preside al país, y ella puede serlo, absolutamente, tiene condiciones y adhesiones. Hoy es ella más que nunca, la gente la va a colocar en ese lugar, y deberá revalidar la condición”, dijo. No obstante, esbozó una preocupación: “Lo que pasa es que en el gabinete se va a desatar una lucha entre cristinistas y nestoristas”.

“Si ella decide bien, llega a hablar dos veces llorando, suma votos como nadie. Si en una semana aparece la renuncia, por ejemplo, de (Guillermo) Moreno, cambia todo”, recomendó el aludido jefe comunal. Ese tipo de decisiones son esperadas por una buena parte del peronismo, dispuesto a poner el hombro, aunque, parece, con algunas condiciones. Se objeta, entre otros, a Moyano, De Vido y Moreno.

La esperanza de quienes creen que ella está en condiciones de tomar el rol de Kirchner se centra en que “Cristina se puede hacer cargo desde otro lugar, y quizá sin algún condicionamiento que podía te-ner cuando estaba él. Tiene todo para hacerse cargo, incluso con algún grado mayor de consenso. Precisamente, si tenía un plus en las encuestas sobre Néstor, era por eso”. Por decir algo parecido, el oficialismo vituperó al analista Rosendo Fraga. Por lo bajo muchos peronistas piensan lo mismo.

“Todos debemos estar a la altura de las circunstancias y dejar de lado cualquier tipo de especulación política miserable.

A mí me van a encontrar como me han encontrado siempre”. Daniel Scioli le puso la tapa a cualquier elucubración acerca de su accionar a partir de la muerte de Kirchner, que de alguna manera puede liberar el camino del Gobernador hacia su sueño presidencial.

En el entorno del mandatario las declaraciones fueron consecuentes con esa frase. “No es el momento de hacer especulaciones políticas, hay que acompañar a la Presidenta”, se cansaron de repetir. Pero en la más profunda intimidad del grupo fue inevitable escaparles a las especulaciones. En rigor, la oportunidad está a la vuelta de la esquina, y es un decir sciolista que “el tren pasa una sola vez, y cuando pasa, hay que tomarlo”.

A priori, varias voces justicialistas le reservaron al Gobernador un rol trascendente en esta especie de transición. “Scioli puede ser un garante de la unidad del peronismo, a partir del sostenimiento de la política del Gobierno nacional y el fortalecimiento de la figura presidencial”, esgrimió un intendente del conurbano profundo con ciertos reparos hacia los manejos de Kirchner.

Las acciones de Scioli antes de esto estaban altas, y seguirán altas. Es la reserva que tiene el PJ, y la reserva es algo que se usa cuando es necesariol; el justicialismo tiene un hombre que puede ocupar cualquier lugar en caso de hacer falta, pero no me caben dudas que ahora estará al lado de la Presidenta”, agregó un alcalde del interior.

¿Puede entonces el bonaerense erigirse de a poco en el líder absoluto del peronismo? Para alguien que sabe sentarse a esperar y hace del “todo llega” un eslogan, no deja de ser una oportunidad; supeditada, claro está, a aquella reacción de Cristina Fernández y de la propia sociedad de la que se habla en párragos anteriores.

La fortaleza electoral del mandatario, para algunos “circunscripta por ahora a la Provincia”, y la excelente recuperación de la imagen pública, ubican a Scioli en la grilla de partida de los posibles sucesores. Pero de ahí al liderazgo completo del oficialismo hay un camino más empinado.

“Scioli ha demostrado en su vida condiciones naturales de conductor, no ha llegado a donde está con ningún regalo; la otra discusión será en el seno del peronismo, y no tengo dudas del rol que Scioli va a ocupar”, alentó un intendente de la zona norte. Igualmente, no es una opinión unánime.

“Scioli no es un animal político, no es de esos tipos de liderazgos fuertes a los que estamos acostumbrados los peronistas; pero sí su labor central va a estar en torno a la continuidad de la vida nacional”, aler-tó un alcalde de la zona sur. Otro aportó que “se verá, es alguien al que no hemos visto caminar como jefe de un movimiento vertical como el nuestro, pero puede serlo”.

Una de las pruebas estará en el liderazgo que el Gobernador ejerza desde el PJ nacional, donde tiene casi la obligación -por peso territorial y político- de imponerse sobre el resto de los mandatarios provinciales.

Daniel Scioli puede, también, ser convocante para esa fracción del peronismo alejado, que espera un gesto de la Presidenta, y que si no se da ya demostró el interés por el bonaerense. Desde el peronismo disidente y hasta desde el PRO esperan gestos conciliadores.

De cualquier modo, aparece un extraño viraje entre quienes desde afuera veían a Scioli como la figura de unidad. Advierten muchos de ellos un nuevo escenario, donde la ausencia de la contrafigura de Kirchner puede afectar al Gobernador, precisamente porque “estaba en un sitial de privilegio a partir de que era la antítesis del pingüino”.

A priori, parece haber poco espacio para el resurgimiento de una figura del peronismo capaz de erigirse en poco tiempo como reciclado líder. Tampoco se vislumbra en el horizonte otra figura de renovación en condiciones de empezar a llenar el vacío que la muerte produjo a las 9.15 del 27 de octubre.

¿Llamarán los intendentes en breve a Eduardo Duhalde para hacer consultas? Algunos lo harán, otros directamente lo descartan porque están convencidos del propio, y creen innecesario hacer consultas a alguien con escaso poder real más allá del de su pasado.

“Yo no voy a llamar a nadie, vamos a acompañar a Cristina y Scioli. No voy a llamar a Duhalde, ni a nadie de ese rebaño de descalificadores que sólo han hecho daño”, fustigó ante La Tecla un jefe comunal con indisimulable pasado duhaldista.

Murió Kirchner. Hay una herencia vacante. Será para el más apto.

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