Por Daniel Mazzei*Desde fines de los 50 y durante los 60 se consolida un cambio doctrinario muy fuerte en el Ejército, que pone el foco en aquello que considera el enemigo interno, en especial a partir de la llegada de asesores franceses a la Escuela de Guerra. De ahí en más, el Ejército se va a preparar para una guerra interna de carácter ideológico.
El desembarco en Malvinas aparece como un plan de la Marina. Era un viejo proyecto naval. Pero el Ejército se suma como parte de un acuerdo, que provenía del derrocamiento de Roberto Viola concertado entre el jefe de la Armada, Jorge Isaac Anaya, y Leopoldo Fortunato Galtieri.
La ocupación de Malvinas se sustenta en una muy mala lectura de la situación de la política exterior. Galtieri estaba convencido de que, a raíz del apoyo a la contrainsurgencia en América Central, Estados Unidos iba a mantener su neutralidad en la guerra. Fue una muy mala interpretación de la política internacional. Y el combate se produce finalmente con tropas que en los últimos años habían sido preparadas para una guerra interna. El avión Pucará, por ejemplo, había sido pensado para la lucha contra las tropas guerrilleras en el monte. Y las principales tropas, que eran las de montaña, no se movieron por miedo a un conflicto con Chile.
Malvinas marcó, finalmente, el punto de mayor autonomía de las fuerzas armadas frente al control civil. Desde entonces se produjo un descenso. A lo largo de las últimas décadas de recuperación democrática hubo vaivenes, que se expresaron sobre todo en los conflictos que enfrentó Raúl Alfonsín en Semana Santa y Monte Caseros. En la década del noventa, con Martín Balza en la comandancia del Ejército, se redujeron sensiblemente los niveles de autonomía.
Y el hecho simbólico que implicó bajar el cuadro de Jorge Rafael Videla del Colegio Militar creo que marcó la etapa de mayor respuesta al control civil por parte de las fuerzas armadas, sobre todo comparado con los otros países del continente.
La publicidad de las listas de los miembros de inteligencia militar durante la dictadura, con el resquemor que generó en determinados sectores, demuestra el nivel de acatamiento al poder civil. Y devela, a su vez, la herencia de una historia donde las fuerzas armadas se pensaron para enfrentar a un enemigo interior.
*Profesor adjunto de Historia Argentina Contemporánea de la UBA.

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