Hepatitis C:prevención y Novedades en el tratamiento

La hepatitis C es una de las enfermedades más prevalentes a nivel mundial: afecta a alrededor de 170 millones de personas. En su fase crónica está considerada por la Organización Mundial de la Salud como una “bomba viral” y puede tener graves consecuencias para los pacientes y los sistemas de salud pública.
En Argentina, habría 600 mil infectados, aunque se estima que con un alarmante grado de subdiagnóstico y subtratamiento.

El virus de la hepatitis C es responsable de la mayoría de los casos de cáncer hepático en el mundo occidental y es la primera causa de trasplante de hígado en el mundo y en nuestro país. Tal como refirió el doctor Adrián Gadano, médico hepatólogo, jefe del servicio de Hepatología del Hospital Italiano de Buenos Aires y ex presidente de la Sociedad Argentina de Trasplante, “ésta es la enfermedad crónica transmitida por sangre más común y está cinco veces más diseminada que la infección por VIH, pero sus síntomas son inespecíficos o inexistentes en la mayoría de los pacientes”.

Gadano remarcó que “se vuelve indispensable poner particular énfasis en la solicitud de un examen de detección de hepatitis C, para lo cual tenemos que trabajar más en conjunto con los médicos clínicos y aumentar la concientización acerca de esta necesidad de salud pública”.

Existen poblaciones que están en riesgo aumentado de portar el virus: usuarios (actuales o en el pasado) de drogas intravenosas, personas con condiciones asociadas a alta prevalencia de HCV: co-infección VIH, pacientes con hemofilia que recibieron transfusiones antes de 1992, personas que estuvieron alguna vez en hemodiálisis, personas con aumento de las transaminasas, receptores de transfusiones ó trasplante de órganos antes de julio de 1992, hijos de madres con HCV, parejas sexuales de personas con HCV, y trabajadores de salud.

Sin embargo, “cualquier persona es plausible de haber contraído el virus y hay algunas conductas de riesgo que quienes se acercan al consultorio podrían optar por no expresar abiertamente, por lo que es recomendable que el médico solicite un test de diagnóstico de las hepatitis. Conocer que se es portador permite evaluar la necesidad de tratamiento, mejorar el pronóstico en el largo plazo y evitar la diseminación de la enfermedad. Además, el test de detección está disponible en forma gratuita en múltiples centros de atención sanitaria en todo el país”, agregó el doctor Hugo Fainboim, médico hepatólogo, jefe del servicio de Hepatología del Hospital de Enfermedades Infecciosas ‘Francisco J. Muñiz” de Buenos Aires y ex presidente de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado.

En contrapartida, desconocer que se está infectado con el virus de la hepatitis C lleva a que la enfermedad evolucione en forma asintomática, pudiendo presentar complicaciones graves. Además, los afectados corren el riesgo de contagiar a sus parejas, recién nacidos y otras personas con las que se vinculan si no se toman las medidas profilácticas necesarias.

Recientemente fue presentada una nueva medicación, el telaprevir, que en combinación con interferón pegilado alfa y ribavirina, demostró aumentar significativamente las tasas de curación en comparación con las terapias estándar usadas y reducir a la mitad la duración del tratamiento en la mayoría de los pacientes, favoreciendo, de esta manera, la adherencia del paciente al tratamiento. La nueva droga es un antiviral de acción directa contra el genotipo 1 de la hepatitis C, el más frecuente en nuestra región.

Por su parte, el doctor Gadano, subrayó: “estamos hablando de una nueva era, drogas que cambian el esquema de tratamiento para el manejo de la hepatitis C, y que logran curar hasta el 80 por ciento de los casos producidos por el genotipo 1 del virus, el más predominante en nuestro medio y el más resistente a los tratamientos”.

“El paradigma del tratamiento de la hepatitis C ha cambiado radicalmente en el último tiempo, sobre todo a partir del advenimiento de alternativas terapéuticas que atacan directamente al virus alojado en las células del hígado, aumentando así las tasas de curación”, remarcó por su parte Fainboim.

En los estudios clínicos, la droga telaprevir, en combinación con interferón pegilado alfa y ribavirina, produjo aumentos significativos de las tasas de curación, también conocidas como respuesta viral sostenida (RVS), tanto en los pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis C (VHC) genotipo 1 no tratados anteriormente, como en los que no habían respondido a un tratamiento previo, en comparación con la terapia estándar sólo con interferón pegilado alfa y ribavirina.

Claves para el consumidor de leche,

uno de los alimentos más completos

Los lácteos son un grupo de alimentos compuestos por agua, proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y sales, entre los que se encuentran la leche, el yogur y los quesos. Desde el punto de vista nutricional, son completos y equilibrados gracias a su mezcla en equilibrio de sus componentes, y para todos los mamíferos, la leche constituye el alimento básico y fundamental en su primer período de vida.

En los adultos y los chicos a partir de los 3 años de edad es conveniente que se trate de productos magros o descremados. En tal caso, la única desventaja de su consumo es que la persona tenga alguna intolerancia o alergia, y esta es una característica que se está viendo muy a menudo y que da lugar a algunos interrogantes. En este caso, los responde el doctor Rubén Gustavo Kliger, especialista en Nutrición y experto en Soporte Nutricional del Sanatorio de los Arcos, de Buenos Aires.

El consumo diario

Un vaso de leche de vaca (240ml) aporta el 23% de las recomendaciones dietéticas diarias de calcio para un adulto mayor cifra similar a la encontrada en una tajada de queso blanco de 30 gramos o en un vaso de yogur. “También es una fuente importante de zinc, fósforo y vitaminas”, agrega el especialista.

La recomendación de ingesta de 2 a 4 raciones diarias de lácteos (una ración son unos 200cc)los niños, los adolescentes y las mujeres embarazadas o que están amamantando son quienes tienen recomendado consumir mayor cantidad.

Intolerancia a la lactosa

La lactosa es el azúcar propio de la leche, el cual debe degradarse en los intestinos antes de ser absorbido. “Para ello el organismo, en condiciones normales, produce una enzima que se encarga de ese proceso que se llama lactasa”, explica Kliger.

En situaciones en las que se produce poca o ninguna cantidad de esa enzima, se genera una imposibilidad de digestión o degradación de la lactosa: “De esta forma, cuando la ausencia de lactasa impide al organismo asimilar la lactosa, se produce un cuadro clínico representativo como manifestación a esta incapacidad de responder adecuadamente a su presencia en el conducto digestivo”.

Los síntomas suelen surgir tras la ingesta de productos lácteos o alimentos que contengan lactosa. Dependiendo del nivel de deficiencia de lactasa y la cantidad de alimento ingerido, la persona puede sufrir cólicos abdominales, distensión abdominal, mala absorción, meteorismo (gases), diarrea, pérdida de peso o crecimiento lento en niños.

La alergia a la lactosa puede ser primaria, o sea que ya está determinada en cada individuo, o puede ser secundaria (transitoria), cuando surge luego de ciertas circunstancias como la toma de algunos medicamentos, infecciones intestinales o desnutrición.

Alergia a la leche

Entre el 2% y el 3% de los bebés y niños pequeños se ven afectados por esta alergia, que suele presentarse cuando los bebés reciben una fórmula elaborada con leche de vaca o cuando, a través de la leche materna, se exponen a la leche de vaca que toma la madre.

Los alergenos que la provocan son en realidad las proteínas de la leche: la caseína, la proteína del suero, o ambas a la vez.

“Las reacciones son muy variadas, desde generalizadas con erupciones en piel e incluso manifestaciones respiratorias hasta manifestaciones digestivas con diarrea o distensión señala el médico nutricionista. Toda sospecha debe ser confirmada y manejada por un profesional de salud”.

¿Engordan los lácteos?

El especialista asegura que de por sí los lácteos no engordan: “Lo que sí es importante aclara es una adecuada selección según su contenido en grasa”.

Hay que advertir en principio que los alimentos diet no son sinónimo de bajas calorías. “Se trata de productos cuyos componentes se han modificado, ya sea porque tienen menos hidratos, más proteínas, menos grasas o un aumento de minerales en su composición. O sea, puede aplicarse a cualquier producto que ha variado su composición química. Por ejemplo, existen muchos yogures y leches cultivadas diet. En estos casos suele coincidir con una reducción de calorías como consecuencia de menores porcentajes de grasas e hidratos de carbono”. Por lo general, estos alimentos no incluyen azúcar agregada y pueden estar fortificados o no (por ejemplo con calcio).

El doctor Kliger señala que otros productos específicamente reducidos en calorías o “bajas calorías” (mermeladas, mayonesas) pueden dar aproximadamente la mitad de calorías que el alimento original, en tanto que que los denominados “light” brindan una reducción calórica no tan marcada: sólo 20% menos que las clásicas, o incluso menos. “Lo más recomendado sintetiza es que el consumidor aprenda a leer e interpretar las etiquetas de los alimentos a ingerir”.

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