Mientras sigue adelante la causa judicial, se pudo precisar la existencia de otras dos personas afectadas por la enfermedad. Se desconoce si la contrajeron en medio de prácticas endoscópicas realizadas en la clínica de Gorriti al 300.
Mientras tanto sigue adelante el proceso judicial que emprendió la doctora Olga Herro tendiente a establecer fehacientemente qué ocurrió en ese establecimiento donde seis personas resultaron afectadas, una de las cuales, con posterioridad, falleció.
Ayer, el doctor Jorge Gabbarini, titular de Zona Sanitaria I reveló que, tras el análisis de más de 400 personas que fueron atendidas en el lugar, se pudo determinar que dos más estaban afectadas de hepatitis C.
Lo que no está esclarecido es si habían contraído esta afección en la clínica o si ocurrió en otras circunstancias.
Se supo, en tanto, que han evolucionado favorablemente los cinco contagiados entre el 5 y el 10 de septiembre pasado, cuando, estimativamente, se originó el brote, después de la concreción de estudios laparoscópicos.
En su momento la clínica fue clausurada provisoriamente, hasta tanto se determinase con certeza la causa del problema sanitario.
En principio, hoy se podrían retomar las actividades específicas, aunque es una tramitación que deberían emprender los responsables del establecimiento.
Trascendió además que dos ecografistas que se desempeñaban en la parte alta del edificio habrían decidido trasladar sus consultorios a otro lugar de la ciudad, en virtud de la imposibilidad de que los pacientes acepten concurrir allí.
La causa que lleva adelante la doctora Herro llevó a declarar a los cinco perjudicados por este eventual brote, haciendo lo propio familiares de la mujer que, tras ser trasplantada, dejó de existir en la ciudad de Buenos Aires.
"No se va a investigar sólo el caso fatal, sino todos, porque forman parte del mismo hecho", dijo Herro.
En su momento se puntualizó que no existirían dudas de que todos los afectados salieron con el virus del interior de la clínica.
De los seis contagios, cinco se habían producido el día 5 de septiembre, a lo que se sumó otro más el 10 de ese mes.
Todos los procedimientos fueron realizados por el doctor Oscar Casalini. Igual tipo de prácticas realizaba allí el doctor Roberto Eduardo Baroni, propietario de la clínica.
Los primeros síntomas de la enfermedad en las seis personas involucradas aparecieron días posteriores a las endoscopías, lo que llevó a la mayoría de ellos a concurrir a distintos hospitales especializados de la ciudad de Buenos Aires.
Allí recibieron los primeros tratamientos, evidenciándose las mayores complicaciones en una mujer, al punto que perdió el funcionamiento de su hígado.
Hecho un trasplante, y cuando parecía que podría recuperarse, el cuadro se agravó y tiempo después falleció.
Las propias autoridades del establecimiento, sorprendidas por el surgimiento de los casos de hepatitis C, fueron quienes acudieron a las autoridades sanitarias solicitando una investigación para determinar qué es lo que había ocurrido.
El doctor Casalini, en esas circunstancias, salió al cruce de las versiones, adjudicándose la autoría de las endoscopías y deslindando responsabilidad en otros efectores de salud de la clínica.
En más de una oportunidad estuvieron en nuestro medio responsables de salud de ámbitos oficiales, para tratar de analizar los hechos.
Dos eran, en principio las fuentes de contagio que se consideraban más probables: por el uso de la anestesia al momento de la sedación o por un inadecuado proceso de esterilización de la aparatología.
Hasta el momento no se determinó si alguna de ellas fue el origen de estos hechos o si existió otro eje. La causa judicial, tal vez lo determine en un tiempo más.
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