Cristina Fernández le pidió a la ciudadanía estar unida “en momentos en que el mundo se desmorona”. Evocóa Néstor Kirchner e insistió en el carácter temporal de los liderazgos. Reivindicó la decisión tomada sobre YPF.
Con la recuperación de YPF como gran telón de fondo, la presidenta dedicó su discurso por el aniversario de la Revolución de Mayo a interrogarse sobre qué es la patria y a exhortar a los argentinos a defenderla, a cuidar el crecimiento económico, ante los avatares internacionales. “Les pido a todos los argentinos que hagamos el esfuerzo de estar unidos en momentos en que el mundo se desmorona”, exhortó Cristina desde el Teatro La Baita de San Carlos de Bariloche. Como todo acto por el 25 de Mayo, la exposición estuvo cruzada por el concepto de patria y de nación. Pero también, por las coincidencias históricas (Néstor Kirchner, se sabe, asumió el 25 de Mayo de 2003), el mensaje presidencial tuvo un carácter de balance y repaso de las medidas que se tomaron en los nueve años del kirchnerismo en el gobierno. “Les devolvimos a los argentinos la patria que les habían arrebatado”, resumió con visible satisfacción.
Minutos después de haber participado del Tedeum en la Catedral de Bariloche, que volvió a tener un sentido ecuménico, con presencia de otros cultos religiosos, la jefa de Estado habló por cadena nacional desde el teatro La Baita, propuesto para la ocasión por el senador rionegrino Miguel Pichetto. Desde el micrófono, vestida de negro y con un prendedor con brillantes con la forma de la bandera celeste y blanca, similar a uno que usaba Evita, Cristina habló de la historia menos conocida del Cabildo Abierto y la Primera Junta de 1810, de los afroargentinos y su aporte a las tropas que combatieron por la Independencia, del modelo “de acumulación basado en un sólido mercado interno”.
“Faltan transformaciones, pero tenemos nueve años de crecimiento ininterrumpido, el más importante de nuestros 202 años de historia. Está en la inteligencia de cada uno de los actores sociales la responsabilidad de cuidarlo”, advirtió la presidenta, quien dedicó largos párrafos a explicar el lugar que la Argentina ocupa hoy en el mundo. Dijo que, aparte de producir granos y carne, se estaba logrando reindustrializar el país, y que eso era lo más importante. “Tenemos una política que genera trabajo, inclusión y protege a nuestros empresarios. Estamos ante una oportunidad histórica, de las que sólo hubo tres o cuatro veces en nuestros 202 años de historia”, advirtió. Su discurso fue escuchado en vivo por miles de personas que se habían acercado hasta el Centro Cívico de Bariloche, que ayer fue escenario de una fiesta popular (ver pág. 4).
A la hora de los balances, Cristina se remontó a la ceremonia de asunción de su esposo, la Asamblea Legislativa del 25 de Mayo de 2003. Entonces recordó que ella redactó el discurso que ese día leyó Kirchner. Compartió la tarea con Carlos Zannini, quien luego sería designado secretario Legal y Técnico de la Presidencia. A Kirchner, reveló la mandataria, no le había gustado nada el texto. “Me acuerdo que nos dijo (a ella y a Zannini): ‘Es una porquería, no lo leo. No dice nada. ¿Qué es esto?’ Pero lo importante de los discursos no es leerlos, sino concretarlos y ejecutarlos”, subrayó la presidenta entre sonrisas y un largo aplauso emocionado del auditorio.
La ausencia de Kirchner, tras su fallecimiento el 27 de octubre de 2010, sobrevoló en todo momento el acto. En una pausa de su discurso, mientras tomaba aire, la presidenta prestó atención al cantito que coreaban los jóvenes: “Néstor no se murió/ Néstor no se murió/ Néstor vive en el pueblo/ la puta madre que lo parió”. “Sí, vive en el pueblo –coincidió la mandataria desde el escenario– pero me gustaría que viviera conmigo, chicos.” La prematura muerte de Kirchner disparó varias reflexiones por parte de la mandataria. “Él (por Kirchner) vivió 60 años, pero qué 60 años. Quedó en la historia con esa frase que lo marcó, de que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno. Se entregó sin medir consecuencias”, insistió Cristina. Luego meditó en voz alta sobre la fugacidad de la existencia, sobre el carácter temporal de todo liderazgo. “Es necesario transmitir las postas, es ineludible. Los que crean en la eternidad que por favor recen un rosario y que se den cuenta de lo frágiles que somos todos”, señaló. Hace un mes, el 27 de abril en la cancha de Vélez, donde estuvo acompañada por otros dirigentes con aspiraciones presidenciales, Cristina había deslizado por primera vez la misma idea. “Los que estamos en el escenario no somos eternos”, dijo entonces.
La expropiación del 51% de las acciones de YPF también tuvo su momento. Y fue, como se esperaba, emotivo. La jefa de Estado dijo que el jueves a la noche, cuando volvía de la Casa Rosada a la quinta de Olivos, vio a lo lejos el edificio de la sede central de YPF, diseñado por el prestigioso arquitecto César Pelli, ubicado en la calle Macacha Güemes de Puerto Madero. “Vi el edificio iluminado con los colores celeste y blanco. Me dio una cosita… Por las vueltas de la vida y de la historia”, confesó. “Esas vueltas de la historia no se dan solas. Hay que saber hacia dónde empujar. Y nosotros empujamos hacia las inclusiones, hacia las reparaciones”, remarcó.
El discurso tenía reservado un capítulo importante para la actualidad económica global, sus tensiones y pujas de poder. En una sola frase, Cristina definió el modelo económico adoptado desde 2003. “Este modelo con patrón de acumulación basado en un sólido mercado interno, con sólida exportación, con desendeudamiento de la Nación, que nos permite tener libertad para decidir nuestras políticas y no depender del financiamiento externo a tasas siderales, y la recuperación de la soberanía hidrocarburífera, nos van a permitir volver a ser el país que alguna vez fuimos. Y volver a autoabastecernos”, pronosticó con optimismo. <




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