La puesta en ejecución del Programa Hambre Cero fue posible a partir de la decisión del Gobierno nacional de establecer la Asignación Universal por Hijo, que dio un marco universal de contención social. Es, a partir de esa medida nacional, que el Gobierno provincial toma la decisión de salir a buscar los casos más vulnerables, en extremo graves, donde hay un problema hasta cultural. Existen casos especiales en los que, a pesar de tener la AUH, persisten los casos de desnutrición.
Al cabo de este tiempo, y más allá de la existencia de la Asignación Universal por Hijo, se resuelve aplicar este “combo” que incluye cuatro elementos, y que busca atender el problema de la nutrición desde dos perspectivas prioritarias: la salud y la alimentación.
Los 180 pesos que se asignan a cada incluido en el Plan refuerzan la Asignación Universal, y este es un derecho al que todos los alcanzados en el Programa pueden acceder, más allá de las políticas que los beneficien desde el ámbito nacional, al igual que los recursos que provendrán de las Ferias Francas.
La leche también es un elemento que llegará directamente a la casa de cada beneficiario del Programa. El Estado, provincial o municipal, le va a llevar este alimento básico. No va a tener que retirarla del CAPS, como se hace siempre y en todos lados.
Con el Seguro Provincial de Salud se garantiza la atención del sistema público de salud y de todos los prestadores privados que trabajan con el Estado provincial, para que los padres de cada niño incluido en el Programa puedan controlar, evaluar y llevar a su hija o hijo al médico cuantas veces lo necesite.
Estas políticas son aplicables a este universo actual de incluidos en el Programa. Se focalizan en los casos detectados; y de ese modo se demuestra -en los hechos- la capacidad de reacción del Gobierno para monitorear y corregir la marcha del Programa.
Nadie, en estos cinco meses, puede dudar de que se han alcanzado avances: se ha reconocido el problema, no con un criterio político sino con un enfoque de gestión, y se han pagado costos políticos por ello. Además, como nunca antes se tiene información precisa respecto a la realidad nutricional y socio-ambiental de los sectores más vulnerables. Esa información era muy difícil de conseguir si no se salía a buscarla, si no hubiera trabajo de campo. De los 1.575 chicos incluidos en el Hambre Cero, 1.362 ya recuperaron peso y mejoraron su salud. Hay más de 700 padrinos registrados, con un desempeño correcto y hasta ejemplar en algunos casos.
Misiones sostiene el Programa Hambre Cero como una decisión del Gobierno provincial, que requiere un compromiso de todos y, además de los importantes recursos volcados, necesita de la responsabilidad familiar para alcanzar resultados.
El éxito va ser medido con cada chico recuperado. Se trata de abordar y de resolver un problema crónico, que es consecuencia de la pobreza estructural. Con tiempo, con trabajo, y seguramente con una dosis de esperanza, se van a poder medir los resultados de esta política de Estado.
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