En la semana el gobierno provincial se vio forzado a cambiar sus estrategias para salir del atolladero en que se había metido. La Cámara de Diputados, lejos de entender la realidad y la reacción de la comunidad, anuncia que reduce su número de sesiones.
Al final, nada era tan difícil: se trataba de atender demandas legítimas, de saber escuchar y -sobre todo- de ser permeable a la realidad.
Y sin embargo el gobernador Oscar Mario Jorge -que tiene una abultada trayectoria en el Estado y se desempeña en cargos públicos desde la dictadura militar- tuvo que esperar a sentirse con el agua al cuello para poner en práctica una conducta elemental en quienes desarrollan la actividad política.
Haciendo jugar únicamente la voluntad de llegar a un consenso, en un puñado de días aceptó otorgar a los trabajadores estatales lo que antes aparentaba como un imposible, y concretar la mudanza de la obra del Medasur, una situación que el oficialismo -de un modo que llegó a bordear el rídiculo- había presentado como una cuestión de vida o muerte.
Ambas situaciones pusieron en evidencia algo que para dirigentes experimentados debiera estar lo suficientemente aprendido: en política, la tenacidad y la perseverencia son méritos; la obcecación y la terquedad, desméritos.
El gobernador y sus hombres necesitaron no sólo de multitudinarias movilizaciones callejeras, no sólo de la advertencia de los medios y de la oposición, sino también del severo aviso del Partido Justicialista, desde sus distintas líneas, como parte de una maniobra que desde ya tiene sus componentes de oportunismo, pero que hizo base -escrito está- en el más elemental sentido común.
Suena a paradoja que el gobierno justicialista haya tenido tantos problemas para advertir más tempranamente que -como decía Juan Domingo Perón- la única verdad es la realidad: esa carencia le hizo pagar costos innecesarios, a poco de haber comenzado el segundo mandato.
Desde ya que el Ejecutivo tuvo en las semanas que se fueron varios alivios, porque saldó -a su modo y no de manera definitiva- los conflictos que no lo dejaban dormir, pero suponer que ahora el gobierno ha recompuesto su autoridad, que es un ganador nato, que exhibe su ejecutividad y dinamismo, es tan desacertado como haberse creído que antes realmente había una situación de desestabilización.
Desde la política o desde los medios, únicamente bajo un interés no del todo claro puede interpretarse que el gobierno provincial ha pasado de estar al borde del abismo a tener bajo control todas las variables: ni lo uno ni lo otro. Ni Jorge estaba en situación de destitución o debilidad absoluta ni ahora es alguien a quien todo le sale bien y puede hacer lo que se le antoja.
Es que, esencialmente, no puede ignorarse que los “grandes éxitos” que ha cosechado el oficialismo no han sido tanto fruto de su convicción, sino más bien de verse forzado por las circunstancias: desde el protocolo para la puesta en marcha del aborto no punible hasta el Medasur, en el camino el gobierno fue creando sus propios obstáculos antes de llegar a buen puerto.
La expectativa ciudadana es que, en pos del bien común, esas metidas de pata tengan -como consecuencia fundamental- al menos el aprendizaje por parte de quienes cometieron las torpezas, para evitar tropezar más de una vez con la misma piedra.
...y una de arena...
En la semana en que el Congreso de la Nación dio a luz un par de leyes que mejoran la vida de los ciudadanos y que hacen de Argentina un mejor país (“Muerte Digna” e “Identidad de Género”) la Cámara de Diputados de la provincia quedó en el centro de la escena no por su productividad legislativa ni por debates de alto contenido argumentativo, sino por la decisión de acotar el número de sesiones.
La decisión fue transmitida, además, de modo poco afortunado por la vicegobernadora Norma Durango, quien en afán de justificar la resolución dijo que la idea era “estudiar un poco mejor” los proyectos que los legisladores tienen para su tratamiento.
No hace falta aclarar que la tarea legislativa no se limita a lo que ocurre en las sesiones, y que probablemente el grueso del trabajo -cuando se hace bien- y su parte más enriquecedora ocurren en otras circunstancias, que son las previas al tratamiento formal de una ley: el momento en que se escuchan a los sectores afectados o involucrados, el estudio de diversas problemáticas, el aporte de especialistas y también la discusión ideológica.
Pero como dirigentes políticos que son, los legisladores debieran saber leer otras variables, entre ellas -muy especialmente- la reacción de la comunidad y de los votantes, que suelen tener la sensación (a veces equivocada, pero otras veces no tanto) de que la Cámara de Diputados no alberga precisamente a los trabajadores más esforzados, sino a un grupo socialmente beneficiado.
Algunas de esas prerrogativas no son cuestionables, pero sí merecen una justificación: los diputados -y sus asesores, auxiliares, allegados y varios etcétera- deben rendir cuenta de su tarea y demostrarle a la sociedad que lo que hacen vale la pena.
Un diputado del radicalismo, Martín Berhongaray, alcanzó a dar aviso de la probable mirada social de la decisión de sesionar menos días, a la que calificó de “vergonzosa”: es que la comunidad también está atenta a ese tipo de gestos, que pueden resultar meras formalidades, pero que constituyen un rito que los diputados tampoco pueden dejar de cumplir como si se tratara de un antojo.
Por otra parte, todo funcionamiento institucional se presta a su comparación, ya sea con otras épocas o con otros niveles.
La Legislatura provincial, expuesta a paralelismos con otros cuerpos legislativos, no sale ganando: no puede jactarse de una productividad digna de aplauso, no se caracteriza por la riqueza de sus discusiones y es parte del entramado gubernamental pampeano que luce atrasado y conservador cuando se mira en el espejo de algunas transformaciones que ocurren a nivel nacional, o en otras provincias, o incluso en algunas ciudades pampeanas.
Frente a ese panorama, los diputados podrían haber hecho diversos anuncios relacionados con su papel -por ahora más dedicado al internismo político que a avizorar iniciativas que faciliten un porvenir de crecimiento y desarrollo para la provincia- pero lo que tuvieron para transmitir a la opinión pública no fue una noticia que los hiciera quedar bien parados, sino todo lo contrario.



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