Hace 62 años en Junín se rezaba por agua

Mientras los productores – y los que vivimos en la ciudad para buscar alivio a las altas temperaturas- miran al cielo y prácticamente imploran por algo más de lluvia que los 9 milímetros caídos días atrás para tratar de salvar en algo lo que se pueda de los campos sembrados..

Al revisar los archivos de LA VERDAD descubrimos que en la década del ´50, los juninenses padecieron un fenómeno climático de similares características que hasta los llevó a que el por entonces obispo de la diócesis de Mercedes, monseñor Anunciado Serafíni convocara a una jornada de oración.

En enero de 1950, Junín –ciudad y campo- comenzó a sufrir una grave sequía y la crónica del diario dice que eso llevó a que los juninenses pidieran “una tregua y quieren que llueva”.

El 29 de enero de 1950, por disposición del entonces obispo de Mercedes, monseñor Anunciado Serafíni organizara jornadas de oraciones "pidiendo al cielo derrame sobre nuestros campos y poblaciones la tan ansiada lluvia, cuya ausencia viene ocasionando graves trastornos en las actuales circunstancias", señala la nota publicada por LA VERDAD en ese momento agregando que "seguramente que han de ser muchas las personas que han de llegar al templo para sumar sus preces a la Iglesia a fin de que el Cielo haga descender el preciado líquido en forma de lluvia beneficiosa".

Fracaso de la cosecha maicera

La sequía generó que el Centro de Agricultores en una nota firmada por su presidente Francisco Iparraguirre y el secretario, Pablo Norese, pidiera a las autoridades una "rebaja de combustibles que se emplean en tareas del campo, falta de forrajes y alto costo de alimentación de los animales".

Esta sequía se prolonga en el mes de febrero donde ya se hablaba de una "triste situación de los campesinos" y ante el fracaso de la cosecha maicera, la Sociedad Rural de Junín elevó al ministerio de Agricultura de la Nación, una nota sobre consecuencias de la sequía y el envío urgente de forrajes debido a problemas en tambos y haciendas. La nota era firmada por el entonces presidente de la Sociedad Rural de Junín Eusebio Mendizabal y el secretario de la entidad, Aldo O. Ginzo.

LA VERDAD también informaba por aquellos días que “basados en declaraciones del gerente de la Liga Agrícola Ganadera Sr. L. Tacchino, la situación es mala en el campo pues el maíz estaría totalmente perdido y el girasol podría ser salvado en parte con una lluvia oportuna, de lo contrario se perdería también esta cosecha”.

Es de imaginarse el pesimismo de los agricultores ante estas pérdidas debido a los fenómenos naturales.

Y dice el diario en sus páginas, hoy amarillentas por el paso de poco más de seis décadas: “Una de las primeras pérdidas en las grandes sequías ha sido siempre el ganado. El animal busca ansiosamente el pedazo de tierra que le provea el pasto natural que es su fuente de vitaminas. Los que tienen alfalfa sembrada puedan capear el temporal salvando momentáneamente la situación por medio del racionamiento pero los campos que resultaban una verdadera maravilla en la pasada primavera presentando el ganado que en ellos pastaban un aspecto espléndido, hoy se encuentran ralos y casi desiertos, pues donde ayer ese ganado rumeaba, hoy deambula desesperado en busca de la mata de hierba, un complemento imprescindible para su vida. De ahí que el ganadero vea diariamente caer aquí y allá lo que otrora fueran hermosas reses sin poder remediar el mal”.

“La actividad vial –se testimoniaba en aquellos días- ha quedado casi totalmente interrumpida a raíz del estado de los caminos que hace imposible la remoción de tierra, no existiendo humedad, falta consistencia en el suelo y al carecer de base toda la labor en este sentido es inútil.

Los equipos de Vialidad que están asignados en las rutas que rodean a Junín permanecen inactivos precisamente como consecuencia de la intensa sequía que afecta la región y de la que están derivando graves inconvenientes.

Después, la lluvia

Las oraciones, indudablemente, hicieron su efecto porque tres años más tarde, LA VERDAD –también en el mes de enero- daba otro titular completamente distinto: “La Municipalidad adopta medidas para evitar inundaciones ya que aumenta el cauce de agua en el Balneario y rebalsa el Carpincho”.

Y parecía esto imparable porque en 1954, el sábado 9 de febrero, el titular de este diario era: “El crecimiento del nivel de las aguas en la Laguna de Gómez provoca optimismo en torno al popular balneario”.

Y LA VERDAD sigue diciendo: "La población de esta ciudad vio no sin angustia hace un lustro como las aguas de la Laguna de Gómez, comenzaron a retirarse lentamente y dejando atrás el espigón continuaron su huida en medio de un coro de comentarios que no alcanzó a detener en lo más mínimo al líquido elemento que de a poco dejaba un desierto casi inmensurable, allí donde antes era un lugar privilegiado y un refugio al que huían caravanas inmensas cuando la canícula hacía insoportable el ambiente ciudadano".

Enumera el artículo que el municipio “ha realizado obras de camino y jardinería junto a la Hostería Playasol” y destaca: "Los comentarios optimistas se ven robustecidos esta temporada con la creciente del nivel de agua de la Laguna.

El ciclo húmedo parece imparable porque el jueves 28, la noticia era que el día anterior “una intensa lluvia provocó inundaciones en varios puntos de la ciudad. Familias del barrio Evita debieron ser evacuadas de sus viviendas”. Las precipitaciones superaron ese mes los doscientos milímetros.

Reiteraciones en el tiempo

Muchísimo más cerca en el tiempo, el año pasado, la región también había sufrido un período de seca que muchos describieron como “la más grave en los últimos 70 años” (bien se veía que no sabían lo que pasaría doce meses más tarde). Hace un año la situación había comenzado a revertirse a mediados del mes de enero, cuando el domingo 16 y el miércoles 19 cayeron en nuestra ciudad aproximadamente 120 milímetros (58 el primero de los días y 60 el segundo) ayudando a revertir la situación.

Entre “La Niña” y “El Niño”, a lo largo del tiempo y la historia, como vemos, hemos estado a mal traer entre mucha lluvia y “la seca” preocupante.

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