A las conocidas anorexia y bulimia se han agregado otras conductas poco saludables en la relación de los jóvenes con la comida y el cuerpo.
22/04/2012 00:00
Por Natalia Lazzarini
Privarse de la comida o vomitar son las dos imágenes que vienen en mente, cuando uno piensa en trastornos de la alimentación. Sin embargo, gracias al avance en la investigación y el tratamiento de nuevos casos, hay otras características que hoy definen esos trastornos que afectan a cada vez más jóvenes. Las obsesiones van más allá de la clásica definición de bulimia y anorexia.
Comer hasta darse atracones (trastorno conocido como Binge Eating Disorder), hacer ejercicios anteponiendo la culpa y alimentarse sólo con “comida sana” son nuevos patrones de comportamiento que hoy definen un trastorno alimentario. La especialista en Medicina Interna y experta en Adolescencia, Juana Presman, identifica estas nuevas afecciones, aconseja a los padres y también los alienta: “Entre el 50 y el 70 por ciento de las adolescentes se cura”, asegura.
–¿Cómo se desencadena un trastorno alimentario?
–Por múltiples causas. Intervienen factores individuales, sociales y familiares. En lo individual, la genética es algo que aparece con cada vez más fuerza. Lo social también incide, porque en la cultura occidental hay patrones muy fuertes de belleza y delgadez. Además interviene la familia, que es siempre parte del problema.
–¿Cuáles son las conductas de los padres que desencadenan trastornos?
–Por lo general, las chicas que tratamos en consultorio vienen de familias en las cuales el padre o la madre tiene algún problema similar con la alimentación. Cuando uno de ellos es depresivo. O cuando somete a su hija (o hijo) a la sobreprotección o sobreexigencia.
–¿Qué sucede con la autoestima de estas chicas?
–Es un tema complejo. A grandes rasgos, son chicas con baja autoestima pero, a la vez, muy arrogantes. Son personas centradas en sí mismas, muy perfeccionistas e idealistas. Alentadas por su familia, suelen creerse centros del universo y no tienen criterios de realidad. Piensan que la realidad se tiene que adaptar a ellas, y no a la inversa. Se someten a grandes exigencias, no soportan no tener el cuerpo ideal y no toleran frustraciones.
–¿Son comunes los trastornos en la adolescencia?
–Sí. Es una edad de encrucijadas. El cuerpo experimenta cambios, deben salir al mundo exterior, pensar en proyectos de vida y soportan presiones de sus pares. Es una edad de contradicciones. Las chicas quieren parecerse más chicas y los jóvenes, más grandes. Además sienten una gran presión social por ser bellos o delgados. Y los padres y docentes no saben cómo acompañar estos cambios.
–¿Hay niños que padecen estos trastornos?
–Sí y se explica porque la adolescencia se adelantó. Las niñas viven procesos de erotización en forma más temprana. Es común ver chicas que parecen señoritas. Y el tema de la imagen está presente desde que cumplen 9 o 10 años.
–¿Qué pasa cuando son víctimas de bullying?
–El bullying o la burla son desencadenantes de trastornos. Las chicas se acuerdan del día y el lugar donde sufrieron esa burla. Este es un riesgo en la escuela y en la familia. Cuando un hermano mayor, tío o padre les dice: “Mirá que vas a ser gorda como tu tía”.
–¿Qué tipo de trastornos hay?
–Existen variantes de la clásica bulimia y anorexia, descriptas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM 5, por sus cifras en inglés). Nosotros ya las habíamos detectado en un estudio de 1998, en el que clasificamos las consultas de las jóvenes por tipo de trastorno. El 49,50 por ciento de las consultas era por bulimia, el 8,20 por anorexia y el 42,30, por trastornos inespecíficos. Dentro de los inespecíficos teníamos otras clasificaciones, como los atracones, que se llevaban el 40 por ciento del total de esas consultas.
–¿Existe una adicción por la comida sana?
–Sí, y es muy común. Ayer llegó a consulta una chica que decía tomar sólo leche descremada y comer sólo ensalada y pollo desgrasado. Nada de azúcar, nada de crema, nada de chocolates ni de grasas saturadas. Sólo proteínas e hidratos de carbono complejos. Es muy común ver estos trastornos en personas que hacen fisicoculturismo o gimnasia artística. Los entrenadores dan dietas muy rigurosas, con aminoácidos como complementos. Si en algún momento se van de la dieta, sienten culpa y hasta vomitan. Este trastorno se combina con el que se conoce como vigorexia o dismorfia muscular.
–¿Por qué es importante clasificar nuevos trastornos?
–Muchas veces los padres vienen y dicen: “Mi hija no tiene anorexia porque come”. Pero no se dan cuenta de que el trastorno va más allá de eso. No advierten que la chica no menstrúa, no come carne, escupe la comida o se come toda la heladera una vez por semana. Al no tener la clásica entidad de bulimia y anorexia, hay trastornos que pasan desapercibidos. Esos comportamientos se instalan y a la larga pueden traer consecuencias médicas.
–¿Qué señales de alerta pueden detectar los padres?
–Deben consultar con un especialista cuando los jóvenes se preocupan exageradamente por el cuerpo y la comida. Y cuando estas dos entidades se convierten en terrenos conflictivos. Hay que estar alertas si los chicos pasan muchas horas frente al espejo. Pero no probándose ropa sino mirándose la panza. O cuando hacen mucho ejercicio para compensar lo que comieron, no por placer.
–¿Se previene?
–Sí, pero desde lo social. Hay que desalentar las dietas indiscriminadas. Aceptar la diversidad de cada uno y valorar esas diferencias. Entender que la alimentación saludable no es la que no tenga grasas sino la que sea variada y esté disponible en cada lugar. Hay que trabajar con docentes y padres para que puedan acompañar mejor los cambios que experimentan los hijos.
–¿Qué consejo puede darle a los padres?
–Que aprendan a decir que no. Las hijas no deben ser tratadas como reinas. Prueba de ello es que Lady Di, Sisí Emperatriz y la princesa Victoria de Suecia sufrieron anorexia. También hay que acompañarlos en el crecimiento. Los chicos que no han sido contenidos por sus padres terminan haciendo síntomas con la comida para llamar la atención. Acompañarlos, enseñar a aceptar las frustraciones y decirles que no son formas de ayudarlos a crecer.
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Menú de palabras
Trastorno por atracón (Binge Eating Disorder). Episodios recurrentes de comidas con atracones. Cuando existen frases como: “Me bajé la heladera”. La persona ingiere una cantidad de comida mucho mayor que la que se comería en situaciones normales. Trastorno común en obesos.
Ortorexia. Del griego orthos (lo correcto) y orexis (apetito). Es la obsesión por la comida saludable. Las personas suelen comer sólo proteínas (frutas, verduras e hidratos complejos) y nada de grasas. La ingesta es muy rigurosa y las excepciones generan mucha culpa.
Pica. Cuando se come alimentos que no son nutritivos ni sustanciosos por un período mayor a un mes. Ocurre en contextos de otros desórdenes mentales.
Alcohorexia. Es la combinación de un trastorno alimentario con el abuso del alcohol. Se esquematiza así: “dejo de comer para ingerir menos calorías y luego, en mi salida, poder beber más y no engordar”.
Vigorexia. Es un tipo de dismorfia muscular que suelen padecer quienes hacer fisicoculturismo o intensa actividad física. Siguen dietas rigurosas, con complemento de aminoácidos. Y realizan ejercicio físico como conducta compensatoria y sin placer.
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