La Justicia rechazó la extradición de Cesare Battisti, acusado de cuatro crímenes. Italia llamó a consultas a su embajador.
El canciller italiano, Franco Frattini, expresó en un comunicado que el llamado a consultas “temporal” del embajador Gherardo La Francesca busca “profundizar, conjuntamente con las autoridades competentes, en los aspectos técnicos y jurídicos relacionados con la aplicación de acuerdos bilaterales existentes de cara a iniciativas y recursos ante las instancias judiciales internacionales”.
En el mundo diplomático, una medida como la que adoptó el gobierno de Silvio Berlusconi suele interpretarse como una clara señal de disgusto hacia otro país. Italia ya había amenazado el jueves con presentar un recurso ante la Corte Internacional de La Haya por el caso Battisti. La causa se arrastra en los tribunales brasileños desde marzo de 2007, cuando el ex activista condenado a cadena perpetua en su país fue arrestado en Río de Janeiro.
En 2009, la Corte Suprema había autorizado la extradición, pero lo hizo en un fallo no vinculante que dejó la decisión final en manos de Lula. El 31 de diciembre de 2010, un día antes de traspasar el poder a su sucesora Dilma Rousseff, el ex jefe de Estado negó el traslado de Battisti a Italia. El Gobierno italiano presentó una demanda al tribunal, que fue rechazada esta semana. Luego de cuatro años de prisión, Battisti salió en libertad.
Roma tomó “con vivo pesar” la noticia y avisó que podría llevar el conflicto a La Haya. Marco Aurelio García, asesor clave de Rousseff, aclaró que a esta altura se trata de un asunto “exclusivamente judicial que ya salió de la esfera del Poder Ejecutivo”. En el mismo sentido, Lula defendió la decisión que tomó antes de dejar el poder: “Lo que hice está dentro del tratado que tenemos en Italia. Es normal que algunos se quejen y otros estén felices, pero Brasil no renunciará a su soberanía y la Corte Suprema reconoció la validez de la decisión”.
Battisti fue condenado en Italia en 1993 por los asesinatos de dos policías, un joyero y un carnicero cometidos entre 1977 y 1979, durante los “años de plomo”. El acusado siempre se declaró inocente y aún hoy afirma que es víctima de una persecusión política. Se asiló en Francia hasta 2004, cuando huyó a Brasil porque París se disponía a revocar su condición de refugiado para entregarlo a Italia. Se escondió allí durante tres años, hasta que lo descubrieron en Río.



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