Temidos hace décadas, los grupos rebeldes pelean para sobrevivir
Un secuestro masivo de empleados petroleros en las sierras peruanas a manos de Sendero Luminoso. Un complejo operativo de liberación de rehenes de las FARC en la selva colombiana. Y un denominador común: temibles organizaciones en los años de la Guerra Fría, con capacidad para lanzarse a la revolución que instauraría el paraíso en la tierra, las guerrillas latinoamericanas siguieron de largo y muchas llegaron a nuestros días, menguadas y desvalidas, como fantasmas en jirones que acechan en las sombras.
Así continúan haciendo estragos los militantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua de América latina y la que más se parece a las que poblaban el continente en los años 60, 70 y 80, por sus 8000 combatientes armados y su alta capacidad de fuego, y que se trenza casi a diario en violentas escaramuzas con el ejército colombiano.
El último golpe de las FARC fue el supuesto secuestro del periodista francés Roméo Langlois, que desapareció hace una semana en el sur de Colombia (ver aparte).
Para Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, de Colombia, a diferencia de sus días de gloria, las FARC ya no alientan la ilusión de desestabilizar el Estado y tomar las riendas del país.
Como máximo "podrían recuperar un poco del terreno perdido y sobre todo maniobrar políticamente de manera de convertirse en un factor permanente de poder. Esa es su aspiración, tener recursos de poder suficientes para tener incidencia en el país", dijo Rangel a LA NACION.
Más al Sur, en Perú, Sendero Luminoso brilla mucho menos que hace 30 años, cuando sus repetidos atropellos a la población indefensa sembraban el terror en las cercanías de su inexpugnable bastión serrano de Ayacucho, y que incluso se atrevía a incursionar con bombas y sabotajes en las calles limeñas.
La organización había sido fundada en 1980 por Abimael Guzmán, alias "presidente Gonzalo", el jefe supremo que fue detenido en 1992 y encerrado en una cárcel de máxima seguridad, en las afueras de Lima.
Lejos de ser una amenaza nacional, Sendero Luminoso sigue dando golpes de efecto, como el secuestro de 36 trabajadores de la firma sueca Skanska y de la peruana Construcciones Modulares en marzo pasado, que fueron liberados a mediados de abril, en un confuso episodio cuyo desenlace se cree que se debió al pago de diez millones de dólares.
El grupo guerrillero consiguió que el 65% de los peruanos, según una encuesta de la firma Datum, lo consideren más peligroso que hace apenas un año, y que el 61% crea que el gobierno se "relajó y descuidó" ante el desafío de esta organización.
Más allá de la eficacia del impacto, el analista peruano Nelson Manrique, historiador y catedrático, piensa que lo que va quedando de Sendero Luminoso, un triste remanente de unos 200 a 500 efectivos, va a seguir volando bajo.
"Es una guerrilla que no piensa a largo plazo, y no veo condiciones para que se expanda de donde se encuentra. Está asociada al narcotráfico. Y al estar asociada al narcotráfico, de alguna manera, la guerrilla se convierte en una forma de vida", dijo Manrique a LA NACION.
Preocupación
Otro caso es México. La principal preocupación de los mexicanos no está, sin embargo, en las pequeñas agrupaciones guerrilleras de golpes aleatorios como el Ejército Popular Revolucionario (EPR). Está en la inseguridad derivada del narcotráfico. La sangrienta lucha por cuotas de poder entre los carteles de la droga, sumada a la represión militarizada del gobierno, ya deja cerca de 50.000 muertos desde 2006. Una cifra descomunal y descontrolada que recuerda los peores años de la Guerra Fría en sus vecinos de América Central.
En los 90, muchos movimientos armados del continente, cansados de la guerra, dieron un vuelco definitivo en sus actitudes y mecanismos, cambiando de una vez las balas por los votos.
El salvadoreño Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) se reconvirtió después de luchar contra la dictadura y ahora participa como un miembro pleno en el juego democrático. Padeció cuatro derrotas consecutivas frente a la Alianza Renovadora Nacional (Arena) hasta que salió triunfante en las elecciones presidenciales de 2009.
En Nicaragua, Daniel Ortega ostenta el inédito registro de haber conquistado el poder por la fuerza revolucionaria, en 1979, y de volver a la presidencia en 2006 mediante el voto democrático.
¿Acaso las FARC, Sendero Luminoso u otras fuerzas menos estridentes pueden pasarse sin más al bando democrático?
Según Rangel, en Nicaragua "la guerrilla tenía un amplísimo respaldo popular; hubo una verdadera guerra civil en el sentido de que el país se polarizó en partes claramente delimitadas, una mayoritaria que apoyaba a la guerrilla y una minoritaria que la rechazaba". Por eso el sandinismo tomó el camino electoral.
A las FARC, en cambio, sólo las respalda el 2% de la población. "El tránsito de la lucha armada a la lucha política es muy complicado. Ellos son un factor de poder, tienen influencia política en el país mientras tengan las armas."
Otros que cambiaron fueron los ex militantes de la guerrilla uruguaya de los tupamaros. Sin la menor inclinación democrática en sus días de militante, José Mujica, como muchos de sus compañeros de armas, se entregó con decisión a la cultura de la democracia republicana, y se convirtió en uno de los presidentes más respetuosos de las instituciones del continente.
También la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, fue activista guerrillera, en su caso durante la dictadura que en 1964 derrocó a João Goulart y que extendió su sombra por 19 años sobre Brasil. Secretaria de Gobierno de Lula da Silva, su mentor, Dilma se presentó como candidata del Partido de los Trabajadores y accedió a la primera magistratura en 2011.
Las armas, lo clandestino, para Rousseff, Mujica y Ortega quedaron en el pasado. Otros, en cambio, a falta de renovar objetivos, siguen viviendo en el túnel del tiempo.
UN MOVIMIENTO SOCIAL DISTINTO
Lejos de los sabotajes, secuestros y atentados que caracterizan a las guerrillas tradicionales, el 1° de enero de 1994 surgió, en la selva del sur mexicano, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El EZLN proclamó la defensa de los indígenas de Chiapas con un estilo incruento, abierto al diálogo, que ganó la adhesión de simpatizantes en los cinco continentes. Difícil de catalogar, es considerado como un genuino exponente del movimiento altermundialista..



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