Alperovich dice que bajó la pobreza; la oposición critica los datos y habla de dependencia
Las cifras oficiales de baja desocupación, pobreza, indigencia y mortalidad infantil son otros logros que el gobierno tucumano puede mostrar luego de ocho años de gestión. Sin embargo, para la oposición local y algunas ONG dedicadas al seguimiento de la economía, sin embargo, el viento de cola y la abundante cantidad de dinero proveniente del gobierno nacional no se tradujeron en mejoras de fondo para la mayoría de los tucumanos. El aumento de la masa de empleados públicos y la relativa dependencia financiera de la Casa Rosada son, precisamente, otros puntos pendientes que afrontará la eventual tercera gestión de Alperovich como gobernador a partir de diciembre próximo.
El gobernador recibió esta semana una buena noticia: el índice de desocupación bajó al 4,4% según los números del Indec, lejano del 25 por ciento vigente al asumir el poder, en 2003. "Mi viejo decía que gobernar bien es darle felicidad a la gente, y eso se le da con trabajo. Igual no estoy contento; la verdad, que tenemos que luchar para que haya una mejor calidad en el trabajo", advirtió el gobernador hace unos días en la biblioteca Manuel Belgrano, cuando le preguntaron por el asunto.
Las cifras también dan cuenta de una realidad muy diferente de la de 2002, cuando Tucumán era tapa de los diarios por los alarmantes casos de pobreza y mortalidad infantil. El índice oficial de pobreza bajó de un 60 por ciento al 14 por ciento, y las de indigencia al 2,9 por ciento, aunque el índice es engañoso: se basa en las cuestionadas mediciones de inflación del Indec.
El presupuesto
Un presupuesto para este año de 9800 millones de pesos, que llegaría a 13.000 millones con distintas partidas agregadas, es casi diez veces más de lo que Alperovich contó en 2003, y supone una masa de dinero más que considerable para hacer frente a nuevos gastos: casi 100.000 empleados públicos entre estatales y municipales, y el aumento de la deuda provincial, que pasó de 3000 en 2003 a 4946 millones.
Para la oposición, no todo lo que reluce es oro en la economía tucumana. "Hay consumo y reactivación, pero el primer empleador es claramente el Estado. Tener uno de cada diez habitantes como empleado público es una locura", afirmó a LA NACION el candidato a gobernador por la UCR, José Cano. "En seguridad, la situación es grave: el Gran San Miguel es el tercer conglomerado urbano peligroso del país. Y esto no era así", agregó José Luis Bussi (Partido Republicano).
Fernando Bach, ex director y profesor de la Fundación del Tucumán, dijo: "En muchos sentidos, somos más pobres hoy que hace ocho años". En diálogo con LA NACION, este académico dio como ejemplos los índices de pobreza, indigencia y nivel educativo de otras provincias argentinas. Un estudio de la misma fundación que integra Bach obtuvo un dato escalofriante: el 19 por ciento de los jóvenes tucumanos de entre 14 y 24 años no estudia ni trabaja, un porcentaje superior al de provincias vecinas, como Salta (16%) y Jujuy (12%).
Otro punto para tener en cuenta a la hora de evaluar la economía tucumana, según la oposición y los consultores locales y nacionales, es la fuerte dependencia de la Nación que tiene Tucumán. Según estudios del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), el porcentaje de ingresos tributarios propios de la provincia es sólo del 26,3 por ciento. El resto proviene de la Casa Rosada.
Un dato curioso: Alperovich, según este estudio, es más dependiente del dinero que ingresa en concepto de coparticipación, obras y planes sociales que Daniel Peralta, que gobierna Santa Cruz, y que sostiene su economía con un 29,6 por ciento de fondos genuinos.
Alperovich, conocido por su carácter extremadamente obsesivo a la hora de cuidar la caja provincial, conoce de memoria estos números. A pesar de las quejas de la oposición, que también lo acusa de favorecer desde hace muchos años el enriquecimiento de familiares y amigos, está a punto de tener cuatro años más para su prioridad. "No fallarle a la gente", según dijo, en diálogo con LA NACION.



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