El primer aplauso interrumpió la lectura del fallo cuando las cuarenta personas que ocupaban todos los asientos destinados al público escucharon que el primer juez en votar, Fernando De Viana, había sostenido que correspondía absolver a Débora Catalina Di Falco del delito de abandono de persona agravado por el vínculo y por el resultado.
Fue un modo de manifestar la conformidad con el veredicto que acababa de absolver a Débora, madre de Guadalupe, y condenó a prisión perpetua a Miguel Ángel “el Rengo” Riquelme y Dora Alejandra “la Gorda” Videla.
El tribunal sentenció en forma unánime. No hubo disidencias cuando resolvieron la situación de la mamá de Guadalupe ni cuando declararon a Riquelme y su mujer coautores del homicidio doblemente agravado, por ensañamiento y alevosía.
Además ordenó investigar a Julieta Trentacoste y Héctor Martínez, que vivieron un tiempo en la casa de los Riquelme y dicen haber sido testigos de las torturas a la nena, pero podrían haber participado en los maltratos. También, que investiguen la responsabilidad de Graciela Di Falco, abuela de Guadalupe, y del padre de la nena.
Ayer a las 12:45, al terminar la ronda de alegatos, la Cámara del Crimen Nº 2 había anunciado que daría el fallo a las 16. A las 16:06 empezó la lectura. Fernando de Viana, Hugo Saá Petrino, Gustavo Miranda Folch. Ese fue el orden en el que votaron los camaristas.
El destino de Riquelme y Videla no ofrecía misterios. No había dudas de que serían condenados.
El desahogo. Cuando llegó a la cuestión de la responsabilidad penal de Débora por haber dejado a sus dos hijas, Guadalupe y Fátima, en manos de la pareja que mató a la mayor de las nenas, Gregoraschuk leyó: “El doctor De Viana dijo que votaba por la negativa”. Es decir, no correspondía condenarla. Cuatro mujeres del público, sentadas en dos filas diferentes, estaban tomadas de las manos. Algunas, con los ojos cerrados, como en una plegaria. La secretaria siguió: “Los doctores Saá Petrino y Miranda Folch dijeron que adherían al voto del doctor De Viana”. Entonces fueron los primeros aplausos.
Débora empezó a llorar. Empezaba a vislumbrar un poco de alivio después de tanto infierno. Su defensora oficial, Nidia Sartor, la rodeó con un brazo y lloró con ella.
La conmoción ya no dejaría a la chica nacida el 15 de diciembre de 1989 en Mendoza, hija de Graciela Di Falco y padre desconocido, que hoy cumple 23 años. Derramó lágrimas incontenibles. No fue la primera vez que lloró en público en los dos años que van desde que murió su hija.
Pero ayer, en la sala de audiencias, cuando el juicio ya había terminado y el tribunal salía, sus ojos hallaron otro modo de hablar por ella y mostrar sus sentimientos. Abrazada a su defensora, quedó de frente a “el Rengo” Riquelme, que con cara de resignación, y haciendo un esfuerzo por su discapacidad, se levantó de su silla para que le pusieran las esposas y se lo llevaran otra vez a la cárcel. Débora lo miró con un gesto de tanta furia que le dibujó una mueca en la cara. Y así lo siguió con la vista hasta que el homicida salió.
Antes que Riquelme salió Dora Videla. Los policías la pararon junto a la puerta de las celdas de seguridad, cerca de la entrada delantera de la sala, por donde ingresan los jueces, el fiscal y los defensores. Allí pararon a su marido también. La mujer tenía bronca en la mirada.
Aunque detrás de la barra que separa a los acusados del público había decenas de mujeres que habían ido a manifestarle su apoyo, por un momento Débora se quedó sola, como desorientada. Así buscó la salida delantera de la sala de debates, llorando. Un policía le puso una mano en el hombro en señal de contención. Al salir pasó junto a Riquelme y Videla, pero no los miró.
Siguió su camino, sola, hasta que las mujeres que habían ido a brindarle su solidaridad y habían salido por la otra puerta la encontraron en el pasillo. La abrazaron y se desahogó llorando a gritos.
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