La ola de gripe desafía la asunción de Obama

Por la epidemia, que ya llegó a Washington, se declaró la emergencia en Nueva York
Otra vez frío gélido para la jura de Barack Obama en el Capitolio. Sucedió hace cuatro años y se repite ahora. El pronóstico habla de "ola polar" para el momento en que miles de norteamericanos se lanzarán a la calle, el próximo domingo, para el comienzo del segundo mandato del líder demócrata.

Lo harán bajo el fantasma de una epidemia de gripe que ya se hace sentir en la cercana Nueva York, donde se declaró la emergencia sanitaria, en una ráfaga de inquietud que amenaza extenderse a la costa este.

"Es nuestra peor epidemia desde 2009", corroboró el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, al declarar a su jurisdicción en nivel de "emergencia sanitaria" por una inusual ola de gripe. "Estamos registrando niveles inquietantes de contagio", dijo.

Miles de personas corrieron a vacunarse contra la gripe. "No podemos garantizar dosis para todos", dicen los carteles que aparecieron en farmacias de la zona de Brooklyn, ante la súbita demanda de quienes desesperan para evitar el contagio.

No hay cifras exactas de las víctimas que se cobró la ola. Cuomo habló de más de 19.000 casos. No hay certeza sobre muertes, pero se estudia ahora la causa del deceso de unos 20 menores de edad en los últimos días.

"Estamos viendo muchas cepas y hay que estar seguros", dijo el titular de la Oficina de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), Thomas Frieden.

Pese a que no existe certeza de que la vacuna sea efectiva en todos los casos, la demanda se potenció en medio de la confusión que generó la nueva orden de Cuomo, ya que, en los hechos, suspendió otra normativa anterior que prohibía que los farmacéuticos administraran dosis de vacuna a menores de edad.

"Aplíquese su vacuna aquí", dicen, en cambio, los carteles en una larga variedad de negocios en Washington y alrededores. Junto a ellos aparece la ya conocida escenografía de los barbijos en el transporte público, donde abunda la mirada furibunda para quien osa toser o estornudar en hora pico.

"Lávese las manos, cúbrase la boca, evite estar cerca de personas que puedan estar contagiadas", dicen las recomendaciones por megáfono. Es como vivir bajo una enorme campana llena de virus: todo el que se cruce en el camino se vuelve sospechoso.

Con un régimen más laxo, movido por la urgencia, el permiso para aplicar la dosis no se agota en farmacias, sino que se extiende a supermercados y pequeños almacenes, habilitados para vender la dosis preventiva.

El temor al contagio se hace más evidente en esta ciudad, donde ya se palpita la celebración por el segundo mandato de Obama. Más de 700.000 visitantes se esperan para el domingo en la ciudad, que mantiene cielo encapotado, llovizna y frío.

Muchos puestos venden bufandas, gorros y guantes con la imagen de Obama estampada. Uno de los más ocurrentes lo muestra con la nariz roja por el resfrío, algo que hoy no tiene el presidente, pero sí miles de norteamericanos.

La epidemia ya se hizo sentir más al Norte, en Boston. Descendió luego a Nueva York y amenaza ahora a Washington. Pero lo cierto es que los reportes de casos se registran en todo el país. "Ya tenemos denuncias en 47 de los 50 estados", admitió Frieden. Su confianza era que lo peor de la ola ya hubiese pasado. En todo caso, es algo que se determinará en las próximas horas.

Hasta ahora, los casos registrados presentan una sintomatología similar: empiezan como una gripe común, pero las molestias se agudizan muy rápido. "Eso hace que mucha gente lo confunda con una gripe común", dijo Frieden, mientras sus colaboradores repetían las recomendaciones para evitar el contagio.

Nadie lo dice. Pero la exposición durante largas horas al frío de la calle no es la mejor de las ideas a estas horas. Eso, sin embargo, es lo que harán miles de norteamericanos para celebrar el nuevo ciclo de Obama, convencidos de que no hay gripe que pueda más que la historia..

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