Es grave la situación por las inundaciones en Bolívar

Los excesos hídricos afectan especialmente a la producción agropecuaria. No se advierten riesgos serios, por el momento, para la planta urbana.
Una recorrida por la ruta 226 es suficiente como indicador del estado actual de las inundaciones que afectan a la región y especialmente al Partido de Bolívar.

Las precipitaciones registradas en agosto, mes tradicionalmente de vientos pero de escasas lluvias, se sumaron a las acumuladas a lo largo del año amenazando seriamente con repetir sucesos ya vividos por los bolivarenses.

Por eso, como en otras oportunidades, el trabajo periodístico comienza necesariamente por una visita al arroyo Vallimanca, quizás uno de los indicadores paradigmáticos, una especie de termómetro de la situación. Hacia allí enderzó hoy, en horas del medio día, un equipo periodístico de www.diariolamañana.com.ar, intentando reflejar un panorama muy preliminar pero que, sin embargo, arroja conclusiones preocupantes.

Ya en el kilómetro 319 de la ruta 226 empiezan a advertirse signos de la gravedad del fenómeno, porque allí los campos comienzan a parecerse, peligrosamente, a pequeños mares entrelazados que dejan al descubierto islas de mediana magnitud, que son el refugio obligado de la hacienda allí alojada.

Un poco más adelante, en alrededores de la bajada a Vallimanca, el panorama se repite con mayor contundencia, porque puede advertirse ante la simple observación la profundidad de las aguas contenidas en las cunetas que corren paralelas a la cinta asfáltica. Los alambrados comienzan a desaparecer y la correntada camina a paso de hombre buscando la pendiente natural que cae de Sudeste a Noreste.

Detenerse ante el cauce del canal Brandsen fue, para este cronista, una experiencia revividora de acontecimientos sufridos en 1985 cuando, en esa misma alcantarilla por la que hoy pasa el agua con violencia arrasadora, sucedió un acontecimiento histórico que finalizó con la muerte de Juan Carlos Bellomo. El canal, definitivamente borrado en sus límites, sólo puede descubrirse observando la correntada, que fluye con mayor intensidad por su cauce y se derrama en un ancho de un centenar de metros hacia ambas márgenes.

El arroyo, totalmente desbordado, notablemente acarrea a velocidad vertiginosa excesos hídricos provenientes de las sierras, donde con toda seguridad se aloja el peligro mayor para el Partido de Bolívar. Es que las aguas que vienen desde ese sistema, escurren naturalmente por el arroyo Vallimanca y otra serie de canales, hasta chocar contra el tajamar artificial que armó la construcción de la ruta 226. Por esa razón, de sucederse nuevas precipitaciones en la naciente del Vallimanca, no habrá forma de evitar que esos volúmenes hídricos lleguen hasta Bolívar, una cuenca que ya no admite más agua entre otros factores por las dificultades que tiene para su escurrimiento hacia el Río Salado y desde allí a su desembocadura en la Bahía de Samborombon.

Hacia el lado de Pehuajó, el panorama se repite aunque con una escenografía alterada por las leves ondulaciones del terreno que allí se verifican. Por tal razón, el agua acumulada aparece por momentos en figura de grandes lenguas que serpentean lomadas verdes de pasturas y trigos en desarrollo.

A la altura del kilómetro 416,5 es, dentro del Partido de Bolívar, el lugar donde el agua amenaza con subirse a la ruta, separándose de ella por menos de un metro en ambas márgenes.

Un poco más adelante, en el kilómetro 422, nuevamente puede observarse la gran acumulación de líquido en los préstamos de la ruta.

Garzas, cisnes de cuello negro, flamencos rosados, volvieron sin ser llamados a mezclase con la fauna autóctona. Todo un signo de que el agua convivirá con los bolivarenses por un largo tiempo afectando especialmente a la producción agropecuaria. No se advierte, por el momento, peligro para la ciudad. Pueden verse, no obstante, viviendas anegadas en la zona rural, como las reflejadas fotográficamente por este medio en el barrio del Club Argentino Junior.

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