Los grandes potenciales y las políticas de Estado

Algunos analistas sostienen que quienes dominen los alimentos, el agua potable y el litio, tendrán enormes ventajas comparativas durante las próximas décadas.

Muchas veces hemos hablado en este mismo espacio sobre la importancia de un plan estratégico. Para la ciudad, para la provincia y para el país, desde la definición de políticas de Estado.

Por estos días estamos escuchando a muchos de los candidatos en cada uno de esos niveles de definición, hablar sobre las políticas que implementarán en caso de ser electos.

Todos coincidimos en que el país ha basado su actividad y economía prácticamente durante toda su historia moderna de la renta del campo y la actividad que esta renta ha generado. No menos cierto es que el país contaba y todavía cuenta con enormes recursos naturales y potencialidades para competir a nivel global con otras producciones y alcanzar importantes rentas. La riqueza ictícola por ejemplo, sigue siendo un potencial que hacen reales otros países en nuestros mares. La producción de barcos relacionada con esta riqueza ictícola, debió ser uno de los desarrollos industriales de nuestro país, pero sin embargo nunca fue significativa esta industria.

El desarrollo de la industria alimentaria, agregándole valor a la materia prima del campo, es otro de los campos que jamás se desarrollaron con el nivel que todo indica debería tener.

La próximas décadas, según los especialistas se caracterizará por otorgarle valor a ciertas recursos. Los países que dispongan de estos recursos pero y más, que tengan la capacidad de producirlos y comercializarlos por su propia cuenta, serán los que con buenas políticas podrán alcanzar mejores niveles de competitividad y desarrollo para sus habitantes. Estos recursos son los alimentos, el agua potable y el litio. No hace falta decir que nuestro país es uno de los más grandes productores de alimentos del mundo. Tal vez sea necesario recordar que es en nuestro país, Brasil, Paraguay y Uruguay, en donde está la reserva de agua dulce más grande del planeta (sin embargo, todavía por ejemplo no se nos ha ocurrido comenzar a comercializar “la mejor agua del mundo”).

Y nos queda el Litio. Pero antes, cabe explicar -para aquellos que no han prestado atención a este mineral- de qué se trata y para qué se usa.

El litio descubierto en 1817 se usó en un principio para “tratar la depresión”, fabricar bombas de calor, aeronaves, submarinos y lentes de alta precisión, también para producir energía nuclear.

Pero hace dos décadas se procesó en forma de carbonato y a utilizarse en baterías que lograron reducir peso y tamaño y mejorar todas las prestaciones de las baterías de nique –cadmio.

Hoy todo es a batería y en un futuro muy cercano, los autos serán híbridos y llevan baterías. Los números son claros. La tonelada de Litio costaba en 2003 unos 350 dólares, mientras que el año pasado rondaba los 7000 (siete mil) dólares la tonelada.

Ahora nos resta ubicar en qué lugar están las mayores reservas de Litio del planeta. Los que saben lo identifican como “el triángulo del litio” porque lo integran tres países: Bolivia, Chile y Argentina. Los tres países trabajando juntos y defendiendo los intereses nacionales lograrían posicionarse en este campo con enormes ventajas, ya que en ese triángulo está el 80 por ciento del litio del mundo (que se conoce). Bolivia mantiene cierta puja por su explotación con las empresas extranjeras acostumbradas a llevarse todo y no dejar nada. Chile produce litio desde 1973 por una empresa privada, el Estado no tiene demasiado control sobre este tesoro. En Argentina, poco y nada sabemos sobre quién lo está explotando, si se está haciendo y quién domina estos importantes recursos. Algo es cierto: la única manera de obtener de estos recursos su máximo potencial, será con una alianza regional de los tres países y sus correspondientes políticas de Estado.

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