Un gran éxito diplomático que cierra las heridas de Ratisbona

La paz en Siria y en Medio Oriente, probablemente, hoy es una utopía. Pero la visita de Benedicto XVI al Líbano fue un gran éxito, un mensaje en sí mismo: el anciano y cada vez más frágil Papa que viaja, con admirable coraje, a una de las zonas más turbulentas del planeta como humilde "peregrino de la paz".
Muchos, incluso en el Vaticano, habían puesto en duda este viaje. Al recrudecer la guerra civil en Siria, que queda a tan sólo 60 kilómetros de Beirut, se tornaba una misión cada vez más peligrosa. Cuando el asesinato del embajador de Estados Unidos en Benghazi y la revuelta antioccidental atizada por una película que denigra el islam irrumpieron la semana pasada en la agenda mundial, se temió lo peor. El fantasma de un atentado al Papa por parte de algún extremista exaltado ensombreció la víspera del viaje.

Pero en el vuelo que lo trajo hasta este país multiconfesional, laboratorio de coexistencia entre 18 confesiones religiosas y ejemplo para Medio Oriente, el Pontífice puso los puntos sobre las íes. Explicó que él nunca había pensado cancelar este 24° viaje internacional de su pontificado.

Y que, justamente, porque la tensión era y es alta en Medio Oriente, con Siria que se desangra, era más necesaria que nunca su presencia. Así, su viaje al Líbano -cuyo objetivo originario era entregar y firmar la Exhortación Apostólica postsinodal para Medio Oriente- se convirtió en un fuerte mensaje de paz en sí mismo.

"El balance es absolutamente positivo. El Papa puso todas sus fuerzas y su corazón, demostró gran coraje, quería venir, pese a la altísima tensión, y ahora respiramos aliviados: el jueves por la noche, antes de partir, no teníamos el mismo humor que ahora", dijo padre Lombardi, vocero del Vaticano, que definió "histórica" esta visita.

El viaje del Papa -que demostró dotes diplomáticas- también fue exitoso porque logró el objetivo de alentar a los cristianos de Medio Oriente, que hoy representan sólo el 5% de la población de la región, mientras que, a principios de siglo pasado, eran el 20%. Justamente para detener el trágico éxodo de cristianos de esta tierra con profundas raíces bíblicas, el Papa entregó la Exhortación Apostólica "Ecclesia in Medio Oriente" (documento final del Sínodo para Medio Oriente, que tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2010), que es una hoja de ruta para que las iglesias puedan enfrentar la inestabilidad, y muchas veces violencia, en la que viven.

"El documento es una guía práctica para la vida cotidiana, que dice que los cristianos y los musulmanes debemos trabajar juntos. Ellos son el 95%; nosotros, el 5%, por lo que hay que promover la cultura del diálogo y de la paz", dijo a LA NACION Louis Sako, arzobispo caldeo de Kirkuk, Irak.

"Cuando el Papa me entregó el documento, le dije: «Santo Padre, con usted empieza la ?primavera árabe' de la iglesia de Oriente»", contó Sako, que no ocultó su inmensa satisfacción.

También fue exitoso el viaje a nivel interreligioso y a la luz del famoso discurso de Ratisbona de septiembre de 2006 -cuando Benedicto XVI citó a un emperador del siglo XIV, que utilizaba frases ofensivas hacia el profeta Mahoma-, que en su momento provocó la ira del mundo islámico.

Desde esa virtual ruptura, Benedicto XVI no hizo más que tender puentes a través de encuentros con líderes e intelectuales musulmanes y viajes (por ejemplo a Turquía, donde por primera vez rezó en una mezquita), subsanando heridas que comienzan finalmente a cerrarse.

Anoche, agotado después de tres días de agenda intensísima para un hombre de 85 años, era palpable la sintonía lograda con diversos líderes musulmanes, cuando los saludó por última vez, uno por uno, en el aeropuerto. En ese momento, el presidente libanés, Michel Suleiman, cristiano maronita, le hacía de intérprete (del árabe al francés), en una imagen más que trascendente.

Por último, el viaje también fue un éxito para el pequeño y sufrido Líbano, que pudo demostrar ante el mundo que en Medio Oriente, un polvorín, pueden vivir en paz cristianos y musulmanes.

Hasta el grupo chiita proiraní Hezbollah (considerado terrorista por Estados Unidos, la UE e Israel) le dio la bienvenida al Papa..

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