“Hoy, contra todos los pronósticos, el pueblo se invitó a la mesa de las élites”, dijo la candidata que, con casi el 20% de los votos, se convirtió en decisiva para la segunda vuelta del 6 de mayo.
Cuando las cámaras de televisión se apagaban, las caras de preocupación o incertidumbre aparecían entre los jóvenes socialistas que anoche se reunieron ante la sede partidaria. “¿Veinte por ciento? ¿El doble que en 2007? Es demasiado…”, se decían los unos a otros, intentando conciliar la buena noticia de la victoria de François Hollande y el resultado récord obtenido por la extrema derecha francesa. Según cifras oficiales, la candidata Marine Le Pen arañó ayer un 19%, lo que significa dos puntos más de lo que había obtenido su padre cuando sorprendió al país entero y se coló en el balotaje con Jacques Chirac en 2002.
Anoche el único candidato que no podía contener su felicidad era Marine Le Pen. Orgullosa, satisfecha y consciente de su importancia para la segunda vuelta, la mujer que le lavó la cara al xenófobo Frente Nacional celebró su victoria con sus simpatizantes. “Hoy, contra todos los pronósticos, el pueblo se invitó a la mesa de las élites” –aseguró con una sonrisa rebosante de ironía y agregó– Esto es el comienzo de la unidad de los patriotas de derecha y de izquierda, de los enamorados de Francia, de su identidad francesa.”
La abogada de 43 años y madre divorciada de tres hijos incomoda a la sociedad francesa pudorosa y políticamente correcta. Ni Hollande ni Sarkozy la mencionaron en sus discursos anoche porque en el imaginario social de la clase media y la clase alta francesa el Frente Nacional y la familia Le Pen no son socios aceptables en el juego político de la República. El que si la nombró anoche fue Jean-Luc Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda que no consiguió su objetivo de superar a la extrema derecha “y mostrarle al mundo que Francia no sigue los pasos de Europa”. “La victoria de Le Pen hoy es responsabilidad de los que prefirieron atacarnos en vez de ayudarnos a cuestionar y derrotar a la extrema derecha”, acusó el líder frente a las cámaras y en la otra punta de la ciudad un silencio incómodo inundó la sede del Partido Socialista.
Los votos de Le Pen no representan un grupo homogéneo y por eso el resultado del ballottage será difícil de predecir. La carismática dirigente conserva la base tradicional que construyó su padre, Jean Marie Le Pen, compuesta por los sectores socialmente más conservadores del campo y del interior del país, pero ella también logró captar a muchos de los grupos sociales olvidados o ignorados por la clase política francesa: los trabajadores más pobres, los jóvenes sin perspectivas de futuro y a veces de presente, y gran parte de aquellos que se sienten víctimas indefensas de la actual crisis económica.
Anoche la candidata le pidió a todos los que la apoyaron en la primera vuelta electoral que participen de la marcha anual del Frente Nacional el próximo Día del Trabajador. Allí, en lo que espera que sea una nueva demostración de su fuerza política, anunciará su posición para la segunda vuelta. <
El dato
TWITTER. Twitter se convirtió ayer en el vehículo compartido por miles de usuarios para participar de la “desobediencia organizada” a la prohibición de difundir resultados anticipados de la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas.
El fracaso del centro
En sólo cinco años pasó de ser la tercera vía, la esperanza de los moderados franceses que ansiaban una alternativa de centro, a un actor secundario en la política electoral nacional.
El quinto puesto de François Bayrou demostró que la llamada opción de centro no atrae a los franceses, que aún enmarcan sus debates políticos en forma muy maniquea entre izquierda y derecha, y extrema izquierda y extrema derecha. Si en 2007 una porción importante de la sociedad demandó una posición centrista y de consenso, hoy en medio de la peor crisis económica en décadas en Europa, la mayoría de ellos volvieron a girar hacia la izquierda y la derecha.
Según las cifras oficiales, Bayrou obtuvo un 9%, lo que parece poco para un candidato al que el sarkozismo intentó tentar durante la campaña con el cargo de primer ministro. De todas maneras, como todos los votos suman, Bayrou ya adelantó que tomará posición una vez que escuche a los dos candidatos, el socialista François Hollande y el actual presidente Nicolas Sarkozy. Sus simpatizantes, en tanto, son más escépticos y anoche desde el comando electoral amenazaban con votar en blanco el 6 de mayo.


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