Por Federico BernalSi el Banco Central Europeo rompió todas las reglas habidas y por haber a la hora de salvar a la gran banca financiera local (de la misma manera que la FED con Wall Street en 2008), ¿por qué un nuevo gobierno popular griego no podría hacer lo mismo?
EL DÍA QUE THATCHER TUVO RAZÓN. El 1 de junio del corriente, el diario londinense The Telegraph publicaba un más que sugestivo artículo: “El triunfo de Margaret Thatcher: por qué el amorío de Europa con los proyectos europeos está terminando”. Perpetuada en el poder como consecuencia del triunfo en la Guerra de Malvinas, el conservadurismo británico –aliado al estadounidense a fuego y sangre desde el conflicto bélico de 1982– hizo estragos en la población local pero, fundamentalmente, inauguró desde mediados de los ochenta la etapa de la globalización neoliberal más retrógrada de la que se tenga memoria. La periferia europea fue, como el Tercer Mundo en general, víctima del Consenso Thatcher-Reagan, sólo que algunas décadas más tarde. El artículo en cuestión recuerda el libro que la ex primera ministra publicó en 2002: “El arte de gobernar. Estrategias para un mundo en transición”. Allí y fiel a la costumbre británica aislacionista y anti continentalista (continente europeo), Thatcher describe el proyecto de unidad europea como “quizás el capricho más grande de la era moderna”. Se explica así la negativa de la potencia colonialista de incorporarse al euro, evitando un problema menos. Ciertamente, un problema que, en el actual y crítico contexto, y bajo la conducción germana, ata de pies y manos al patio trasero europeo. Grecia no tuvo la suerte de Gran Bretaña, donde el 73% de su población se siente feliz de haber mantenido su propia moneda. ¿Pero conviene a Grecia abandonar el euro?
LA ENCRUCIJADA GRIEGA Y EL EJEMPLO ARGENTINO. Si el Banco Central Europeo rompió todas las reglas habidas y por haber a la hora de salvar a la gran banca financiera local (de la misma manera que la FED con Wall Street en 2008), ¿por qué un nuevo gobierno popular griego no podría hacer lo mismo, desde una perspectiva popular, claro está? Por ejemplo, está la alternativa de comenzar a emitir dracmas sin que por ello se abandone el euro. De hecho, así recomienda el economista británico James Skinner, (New Economics Foundation), quien argumenta: “Grecia está sufriendo de la falta de dinero porque la única fuente, la moneda local, se ha secado. Sin embargo, no hay ninguna ley que fije la imposibilidad de tener más de una moneda circulando. […] Un programa de esta naturaleza que cree un nuevo dracma, pasando por encima al sector bancario privado, podría empezar mañana. Su efecto inmediato sería el retorno al trabajo de los desempleados”. Al respecto de esta observación, la economista estadounidense Ellen Brown agrega que “esta solución fue la utilizada con éxito por la Argentina luego de la debacle de su propia moneda en 2001. A partir de 2003, el nuevo gobierno avanzó en un proceso de desendeudamiento a la vez que comenzó a emitir pesos” (Grecia y el Euro – 7/6/2012). Remplácese la dolarización por el euro y se comprende la lógica de la comparación.
EL PODER LATENTE DEL BANCO CENTRAL GRIEGO. Existe incluso y también en línea con la receta argentina, la posibilidad de dotar de mayor poder de fuego al Banco Central griego. El neoliberalismo financiero redujo casi a cero el nivel de autonomía de los bancos centrales de la periferia europea. Si el Banco Central de la República Argentina era presa de Washington y Londres, el griego lo fue (y sigue siendo) de la City londinense, Berlín y París. Sobre este particular, el economista helénico George Kesarios señala que no existe ninguna ley o cláusula dentro del estatuto del Sistema de Bancos Centrales Europeos que impida emitir euros a los bancos oficiales de los países miembros de la Eurozona. Agrega Kesarios: “Esto significa que la banca nacional puede hacer exactamente lo mismo que el Banco Central Europeo (BCE). […] Al emitir euros, podríamos refinanciar nuestra deuda soberana, pagándonos a nosotros mismos los intereses generados, y de esta forma, eliminar efectivamente la carga en materia de intereses.” Obviamente, esta medida implica una redistribución del costo de la crisis desde la población a la gran banca privada. De aquí que la decisión sea exclusivamente política.
DEUDA ODIOSA GRIEGA Y LA RECETA ARGENTINA. ¿A qué le teme tanto el Consenso Thatcher-Reagan cuando hablamos de Grecia? El 29 de mayo, el New York Times publicaba un dato espeluznante: “130 mil millones de euros que fueron destinados al rescate griego, ahora están siendo utilizados para cancelar los intereses de la deuda”. ¿Cómo se explica este engendro? La denominada troika (BCE, FMI y la Comisión Europea) son dueños de 3/4 partes de la deuda. El préstamo se utiliza para el autopago en términos de cancelación de intereses. Ni un solo centavo fue ni irá a parar a la comatosa economía griega ni a su diezmado pueblo. Los intereses de la deuda (medida en función de unos bonos a diez años) se incrementó últimamente en un 30% como porcentaje del PBI. Según Brown, “de proseguir esta tendencia, la deuda habrá de duplicarse en 2,4 años”. La reflexión obligada es: si los griegos no pueden pagar siquiera los intereses de la deuda sin nuevo endeudamiento, ¿cómo es que conseguirán pagar el doble en apenas dos años y medio más? A una tasa de incremento del 30% y multiplicado por los años mencionados, los griegos estarán debiendo en intereses de la deuda un 100% de su PBI. Imposible de pagar. Y legalmente, un contrato imposible de ejecutar es un contrato vacío. De aquí que Alexis Tsipras, líder del Partido Syriza, haya calificado a la deuda de su país como “deuda odiosa”. El brutal endeudamiento que pesa sobre cerca de 11 millones de griegos fue realizado en perjucio de los intereses de la nación. Y cuando la “deuda odiosa” se conjuga con la cancelación unilateral de los acuerdos con el FMI y la reversión de las políticas de ajuste pero sin abandonar el euro (también autoría de Tsipras), el terrorismo financiero tiembla, valga la redundancia, con inusitado terror. Este domingo, 11 millones de griegos decidirán entre la receta del FMI o la receta argentina.


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