Al imponerle compañero de fórmula, el gobierno nacional concretó una fuerte intervención política como no había podido antes a pesar de que la administración provincial depende de su asistencia financiera. El kirchnerismo se propone abrir la Caja de Pandora en la Legislatura y marcar una relación de poder con el gobernador.
Imponiéndole a Gabriel Mariotto como su compañero de fórmula, el gobierno nacional concretó la fuerte intervención política que no consiguió materializar antes pese a que la administración del gobernador depende de su asistencia financiera. Ese hecho resulta clave para comprender el intento de diluir por completo las jerarquías que prevalecieron en el PJ para definir candidaturas.
La carencia de un peso territorial significativo del jefe de la Afcsa y los jóvenes de La Cámpora incorporados a las listas, explica el conformismo de un éxito relativo en ese plano al que tributan también la desconfianza reinante con viejos aliados territoriales, como los movimientos sociales y grupos piqueteros, privados de lugares expectantes.
Para avanzar en una rebelión con la que amagan desde el pasado verano, los jefes comunales reclamaban a Scioli que la liderara. Algo que, quizás por decantación, lo terminó de recostar sobre el gobierno nacional invocando, como lo hizo a través de trascendidos, su responsabilidad sobre 16 millones de personas.
La desconfianza entre ellos y el gobernador es recíproca y mayor de la que se admite. Sin un territorio propio en la Provincia, no logra escapar a su imagen de delegado del poder central al que, por otra parte, mantiene bajo estado de sospecha la mediación que lleva adelante con los intendentes.
A quienes haberse visto del mismo lado que Hugo Moyano, otro convidado de piedra en el reparto, los hizo desistir de otro pataleo que no sea la inclusión de allegados en las nóminas. La legislatura bonaerense es la Caja de Pandora que propone abrir el kirchnerismo para marcar una relación de poder con el Ejecutivo bonaerense.
Adhesiones
Mariotto recoge adhesiones en dos grandes grupos de Municipios tributan al gobierno nacional. Están los de menor cuantía electoral y menos recostados sobre el peronismo tradicional, como Graciela Rosso en Luján y Gustavo Arrieta en Cañuelas o los más populosos, como Francisco Gutiérrez en Quilmes y Darío Díaz Pérez en Lanús, con proyección de un triunfo ajustado en las elecciones. Así y todo, no es una base desdeñable.
En el medio se ubica un amplio abanico de posibilidades con expectativas propias de tallar en la carrera hacia la gobernación en el 2015 y que, es seguro, aguardará la evolución de los acontecimientos antes de definir una estrategia. En especial, saber cuál es la de Mariotto que, de ser reelecto Scioli, podría convertirse en potencial candidato a sucederlo en 2015.
Están en ese pelotón Sergio Massa de Tigre y Rubén Darío Giustozzi de Almirante Brown. Aunque no habría que descartar allí a Fernando Espinoza de La Matanza. Con ellos venía anudando acuerdos Scioli que, a primera vista, aparece como el gran damnificado de las decisiones de la presidente Cristina Fernández conocidas durante este fin de semana.
Los esfuerzos del flamante binomio por diluir cualquier efecto público de tirantez contrastan con la ausencia de palabra oficial por parte del gobernador acerca de su compañero de fórmula, un golpe que todavía no termina de asimilar aún cuando resultase previsible.
“Los intendentes siguen creyendo que van a poner el vicegobernador”. El 20 de septiembre del 2010, Kirchner realizó ese comentario entre un grupo de colaboradores, después de enterarse que Daniel Scioli recibió en La Plata a Juan José Mussi, Julio Pereyra y Alejandro Granados: los intendentes de Berazategui, Florencio Varela y Ezeiza habían concurrido a su despacho para auto postularse al cargo.
Transcurrido casi un año del episodio, los jefes comunales parecieron comprender antes que el gobernador que ese plan se consumaría sin atenuantes.
















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