El Gobierno todavía no define construir otra central nuclear

Aquel envión inicial que tuvo el gobierno nacional, luego del año 2009, en pos de reactivar su “Plan Energético Nuclear” hoy navega mares de indecisiones a raíz de advertencias técnicas, de reclamos de ambientalistas y, por sobre todas las cosas, de falta de fondos. Claro que su ambicioso y costoso programa nuclear tiene a Lima como epicentro, y lugar elegido para construir una cuarta central en un predio lindero al actual de Atucha II.
En un primer momento, se había anunciado que Argentina construiría su cuarta central nuclear, con un presupuesto de más de 3 mil millones de dólares, entre los gobiernos de Canadá, Rusia y Francia; naciones con las que el ministro de Planificación, Julio de Vido, firmó acuerdos recientemente. Algo que hoy suena a falacia porque el Gobierno nacional firmó hace dos meses una serie de acuerdos bilaterales en materia agricultura y transporte, con la República Popular China, que además se comprometió a participar de la cuarta central nuclear argentina.

Los chinos, además de confirmar que la nueva planta se emplazará en Lima, anunciaron que colaborarán en su diseño y en su construcción. Esto confirmaría que Argentina se decidió por la tecnología China.

Dos caminos

Pero no es todo tan fácil, más allá de este acuerdo con China, hay un trasfondo técnico y político que prima a la hora de que el país se decida por la construcción de una planta nuclear. Este trasfondo hoy es el que estaría dilatando los tiempos de construcción; más allá de lo técnico y poniendo a los fondos disponibles del Estado como principal motivo de decisión.

Los reactores nucleares se clasifican de acuerdo a la sustancia que utilice como moderador y refrigerante; y en el mundo existen dos tipos de reactores. Uno de tecnología canadiense CANDU” (CANadian Deuteriun Uranium), que utilizan como moderador y refrigerante al agua pesada y uranio natural como combustible y otro denominado “PWR”, que usa agua como refrigerante y moderador de neutrones; además de emplear al uranio enriquecido como combustible.

Lógicamente, Argentina debería elegir la oferta canadiense ya que tiene una gran infraestructura y conocimiento acerca de estas plantas. En la ciudad neuquina de Arroyito, está radicada una de las plantas de agua pesada más grande del mundo y sería de vital importancia que el principal insumo sea argentino. “Argentina tiene acumulado un conjunto de experiencias y capacidades de gran diversidad y valor, aplicables a esta tecnología. Y un modelo CANDU le permitiría al país lograr la participación más alta a conseguir, en la actualidad en un proyecto de estas características, y que el destacado desempeño en Embalse Rio Tercero es un factor a su favor”, sostuvo el Ingeniero Eduardo Costa, Presidente del Consejo Provincial de la Ingeniería de Tucumán (COPIT).

Se estima que el país, de construirse una planta con esta tecnología, estaría en condiciones de desarrollar el 80 % de la obra y el otro 20 % con asistencia de Canadá, país que le transferiría la tecnología necesaria para concluirla.

En oposición a esto, si el Estado argentino se inclinara por una unidad de potencia “PWR” se podría lograr un 50 % de participación, en el mejor de los casos. La diferencia con el CANDU para la IV central es importante en este sentido, pero también respecto a “necesidades externas de las centrales”; mientras que para plantas CANDU, Argentina ya dispone de gran parte de las infraestructuras y capacidades requeridas, como el suministro de elementos combustibles. En la opción “PWR” mucho de su equivalente “externo” exige ser desarrollado para alcanzar la tan mentada “soberanía energética y nuclear”, muchas veces mencionada desde el Ministerio de Infraestructura y Planificación Federal. Por ejemplo, se debería edificar una fábrica de elementos combustibles “PWR” y a futuro, se necesitaría construir una planta de producción de Uranio Enriquecido.

Atucha II

En tanto, en la Central Nuclear Atucha II avanzan las tareas de puesta en marcha de la planta, que permitirán comience progresivamente a aportar 692 megavatios al Sistema Interconectado Nacional, a partir de mediados de 2013.

Antes de iniciar la operación comercial se están llevando a cabo una serie de pruebas estrictas, que se incrementaron a nivel internacional, tras lo ocurrido con la central de Fukushima, por el terremoto y tsunami que afecto a Japón en 2011. Actualmente se está en la etapa de prueba de presión del sistema primario del reactor. Si este trabajo resulta satisfactorio, en diciembre se cargará combustible.

El Mercado Tecnologico Nuclear

Pero cada país que ha desarrollado sus plantas y se sumerge en el mercado nuclear y tecnológico internacional tiene sus demandas. En el caso de Rusia, por ejemplo, el Estado entrega centrales “llave en mano”, con todo el diseño probado y desarrollado a cualquier gobierno de país “subdesarrollado” que lo demande. A cambio solicita cuantiosas sumas de dinero, a pagar a 20 o 30 años, para saldar el precio de venta por la tecnología rusa aplicada a ese modelo. Canadá en cambio no porque hace una transferencia de tecnología como sucedió en Embalse, pero quizás tenga otras demandas como saldar la deuda argentina con el Club de París o algún tipo de acuerdo bilateral para el privilegio de productos canadienses o franceses. Este trasfondo no es ajeno al gobierno nacional que hoy sigue analizando qué tipo de planta construir. Por su parte China utiliza la tecnología PWR, la más común en el mundo. De los casi 440 reactores que existen en el mundo, 400 con uranio enriquecido y el resto con uranio natural, utilizando la tecnología canadiense.

Claro que también cada país “desarrollado” hizo sus adaptaciones y la tecnología que utiliza Atucha I y empleará Atucha II es la “PHWR” de Alemania; la cual aprovecha como combustible al uranio natural pero requiere de agua pesada como moderador. Esto también tiene peso a la hora de elegir porque cada país tiene un diseño que lo comercializa con muchas restricciones.

La Ley Nuclear N° 26.566, promulgada por el Ejecutivo Nacional el 17 de diciembre del 2009 establece, “declarase de interés nacional las actividades de diseño, construcción, licenciamiento, adquisición de bienes y servicios, montaje, puesta en marcha, marcha de prueba, recepción y puesta en servicio comercial, de una cuarta central de uno o dos módulos de energía de fuente nuclear”. Por lo tanto, todo indica que se construirán dos reactores nucleares, uno en primera instancia y otro en una segunda etapa.

En definitiva, cada país quiere imponer su tecnología pero parecería que a la Argentina hoy le importa la financiación; más allá que la tecnología a aplicar. Aquí radicaría su indecisión, ya que la mayoría de expertos ha opinado ante funcionarios púbicos la necesidad de construir una central con tecnología canadiense y otra con tecnología china, en ese orden. Lo concreto que a tres años de su anuncio todavía no hay novedades.

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