Está apurado por una economía que sigue sin favorecerlo, y por un manejo político muy condicionado por el pétreo gesto K. Dentro del MPN y en sectores de la oposición afilan los dientes para eventualmente morder y recortar posibilidades de reelección. ¿Qué favorece más a la provincia? No se puede juzgar tal cosa sólo evaluando la actual coyuntura.
El horno no está para bollos en el gobierno nacional: no sólo se cuenta cada peso, sino que se le da utilidad electoral concreta. Y Neuquén, como siempre, o como casi siempre, no mueve el amperímetro de la intensidad que el kirchnerismo necesita en las urnas el año que viene.
Las razones del gobierno nacional están claras, aún si no se las considera razones, en el estricto sentido de la palabra: se lo justifica desde la política. Esto no es lo preocupante, sino las razones esgrimidas por el gobierno neuquino para acceder a la refinanciación de su deuda. Estas razones, sustentadas en la conveniencia de una refinanciación a 20 años a baja tasa y sin la aplicación del CER, no terminan de convencer dentro del propio MPN; ciertamente no convencen a la oposición…y sólo son disimuladas posiciones más duras no tanto por respeto a Sapag, sino por miedo a quedar mal con los Kirchner.
El gobierno de Neuquén, en este tema, camina por una fina cornisa. Sólo un buen resultado de la negociación, o un fallo repentino favorable de la Corte, puede asegurarle zafar del miedo a trastabillar y derrumbar sus aspiraciones. Una dilación discreta del asunto, que permita una “no definición” por un buen tiempo, solamente lo ayudaría a seguir caminando por el mismo esbelto sendero.
En el MPN no hace falta perforar mucho la superficie de las cosas como para darse cuenta que el sector que conduce Sobisch, ahora con rango presidencial partidario, tiene tomada la posición más dura dentro del espectro político. En estos cuarteles cautelosos pero potencialmente amenazantes, se opina que directamente no habría que entrar en el plan de refinanciamiento. Que conviene seguir pagando la deuda como hasta ahora, pilotear el sofocón, y esperar las nuevas “joyas de la abuela”.
El sobischismo coincide así, paradójicamente, con las posiciones políticas más críticas hacia el propio sobischismo. Desde los sectores más ubicados a la izquierda del centro, en Neuquén, como UNE, Frente Grande, Libres del Sur o Proyecto Sur, las opiniones, con matices, coinciden en que no sería bueno ni apropiado negociar un acuerdo extrajudicial retirando el juicio por regalías mal liquidadas.
El gran problema del gobierno de Sapag no es tanto esta previsible conducta política de los sectores que más lo cuestionan, sino sus urgencias de caja. La situación del Tesoro provincial no mejora, pese a estar ayudado por aumentos de la coparticipación federal, por la plata que entra a Fiduciaria Neuquina SA –por los contratos petroleros- que le permite seguir invirtiendo y comprando. No mejora porque los gastos crecen y los recursos siguen igual o (peor) se reducen.
La presión sindical para equiparar las asignaciones familiares con lo que paga Nación (un reclamo de estricta justicia, pero difícil de cumplir rápidamente), más la presión del mismo sector por nuevos aumentos salariales, es solo una parte del problema. Ya hay problemas para pagar la masa salarial, que depende de lo que ingresa mes a mes, sin poder ahorrar un peso: esto se percibe cuando se observa cómo, de a poco, los días de pago de sueldos se van alejando del primer día del mes para acercarse al décimo.
En este contexto, el gobierno hace equilibrio en la fina cornisa. Cada vez tiene menos margen para el error. Porque no solo gobierna, sino que busca su continuidad en la reelección, lo que lo obliga a gestionar y hacer campaña al mismo tiempo.
Los Kirchner hacen lo mismo, pero con la plata de todos los argentinos. Sapag no tiene esa “ventaja”. Cómo usar esto a su favor y no en su contra, es algo que sólo él podrá resolver.

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