El secretario de Prensa, Miguel de Godoy, se erigió en único vocero autorizado del “retiro” que hoy realizaron los ministros y funcionarios del gabinete porteño. El centralismo informativo, buscó evitar incómodas “filtraciones” de peleas internas.
El gobierno porteño instrumentó hoy un giro en su política comunicacional. Se resolvió prohibir a los ministros y sus voceros que informaran a la prensa sobre la conversado en el cónclave que mantuvieron durante la jornada, un retiro que en su momento anticipó LPO.
Se acordó, según informaron a LPO fuentes de prensa con el visto bueno de los propios ministros, que el secretario de Prensa, Miguel de Godoy, fuera el único vocero “autorizado” a informar sobre el contenido de la reunión, que por otro lado no se difundió por medio de comunicados, como suele hacer la administración macrista, hasta con la más irrelevante de sus acciones.
En la reunión que se realizó en el Golf Club Buenos Aires por unas 10 horas, se reunieron los 16 funcionarios más importantes del gobierno porteño y la diputada Gabriela Michetti. La primer parte, siempre según la versión de las únicas fuentes autorizadas, fue dedicada a hacer un “balance” de los cuatro años de gestión.
Luego hubo una exposición de encuestas a cargo del secretario General, Marcos Peña, en las que se festejaron sondeos que indican que tanto Macri como la gestión están en un pico de aceptación. Y luego se habló de las reformas e iniciativas para el segundo mandato, como la creación del centro cívico en el sur de la ciudad.
Se acordó que no hay prisa para anunciar y terminar de definir los ejes centrales del segundo mandato, y se habló de llegar a esas definiciones entre diciembre y marzo. Se habló también de cómo potenciar el proyecto Macri Presidente 2015 y darle visibilidad “nacional” a la gestión porteña. Por supuesto que los voceros autorizados destacaron “la armonía y camaradería” de la reunión.
La realidad es que hoy el gabinete porteño está cruzado de internas, con versiones de creaciones de ministerios, ascensos y recortes de competencias –como informa LPO en otra nota-; y lo que está en juego es el nuevo balance de poder interno que viene macerando Macri para su próxima etapa.
Seguramente fue esta tensión la que llevó a extremar los recaudos y cerrar la comunicación, matizando uno de los rasgos más destacables del gobierno de Mauricio Macri: su apertura a la prensa. Obviamente los voceros explicaron que no es un cambio de política, sino que se buscó “ordenar” la comunicación.
De hecho, ya en la campaña, el consultor Jaime Durán Barba se venía quejando por lo que consideraba eran excesivas “filtraciones” del gabinete porteño. Y días atrás la Secretaría de Prensa convocó a todos los voceros de la administración para que entreguen un listado con nombre y apellido de sus colaboradores y las funciones que cumplen.
Las fuentes consultadas explicaron que no se trata de una tarea de vigilancia, sino que estaría sobredimensionado el personal. Esto fue percibido por uno de los voceros, que en el encuentro pregunto: “¿Se viene un ajuste?”.
Como sea, en ese encuentro también se enfatizó en la necesidad de centralizar la comunicación e informar previamente cualquier contacto con la prensa.
Ninguna de estas iniciativas tiene siquiera el valor de la novedad. Casi todos los gobiernos caen en la tentación de controlar la información –no importa su signo ideológico- y buscan comunicar sólo los aspectos mas positivos de su gestión.
Estas políticas obligan a ingresar en una dinámica agotadora de persecuciones internas y búsqueda de “fuentes” no autorizadas, que hasta ahora no eran características en el macrismo.
Muy concientes del valor que tiene su buen relacionamiento con la prensa, desde el gobierno porteño se encargaron de aclarar a LPO que de ninguna manera esta es la idea de los responsables de la comunicación del macrismo y en todo caso calificaron la metodología de hoy como una excepción.




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