Hernán de GoñiEl día que la Presidenta instaló el concepto de sintonía fina como un factor determinante de su segundo mandato, tradujo una necesidad básica de su gestión: la de corregir todas aquellas políticas que erosionaban la caja.
El recorte a los subsidios que reciben las tarifas fue erigido como caso testigo, pero pronto perdió ese carácter. Es que hasta la propia oposición se había encargado, durante la contienda electoral, de promover la renuncia al beneficio. El Gobierno la instrumentó pero rápidamente se dio cuenta de que iba a necesitar un cuchillo más filoso. En esa línea llegaron el traspaso de los subtes a la Ciudad y la expropiación de YPF, pasando por la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
El Estado ha demostrado que tiene recursos para cubrirse cuando se acorta la manta. Pero provincias y municipios solo pueden buscar más impuestos o más deuda, alternativas que la Nación cuestiona cuando las ejecuta un opositor pero no si les toca una tajada como sucede con Bienes Personales en el caso del revalúo bonaerense. Lo único que necesitan es un sector con la capacidad contributiva suficiente, como sucede con el campo o como pasó con Repsol, a quien pasarle la factura.
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