Por Osvaldo PepeLa Presidenta recordó ayer los 30 años de la guerra de Malvinas. Dio un discurso enérgico y prudente , separó la aventura militarista de 1982 del compromiso histórico del pueblo argentino con la causa de Malvinas, reivindicó la memoria y el derecho a la identidad de los soldados muertos , tarea que delegó en la Cruz Roja.
Algo similar ocurre con su Gobierno. Cuando se ocupa en serio de las cuestiones de la vida de la gente, impulsa legislaciones que amplían los derechos de las personas y reduce los niveles de confrontación social, suma puntos en la consideración popular. Ocurrió ya con la ley de matrimonio igualitario o la Asignación Universal por Hijo. Y pasa ahora con las recientes propuestas de modificación del Código Civil que rige las vidas privadas de los argentinos desde el siglo XIX.
La pregunta del millón es por qué el kirchnerismo no se apoya más en la gestión, en lugar de recurrir al “relato” como distorsión de la realidad, que lleva a negar errores y responsabilidades como en la tragedia de Once. Y hasta la oportuna rectificación de rumbos, como en la política indiscriminada de subsidios a socios de transparencia cuanto menos cuestionable. Ya pasó con Kirchner y la fábula del “desendeudamiento” con aquel pago al contado de US$ 9.810 millones al FMI. Hoy, seis años después, la deuda externa, tanto pública como privada, creció US$ 23.300 millones en apenas dos años , según las propias estadísticas oficiales. La contradicción entre gestión y relato se mantiene y propaga.
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