Por Jorge Sosa.En la política argentina nunca está dicha la última palabra, pero el Gobierno logró ganarle ayer un round importante a la oposición en la pelea por el uso de reservas del Banco Central para el pago de deuda.
Mientras el ministro hablaba para cumplir con su demorada visita, los legisladores recibían la confirmación de los dos fallos judiciales que habilitaban el uso de fondos del BCRA para el pago de la deuda. Anunciado final para un derrotero judicial por los decretos de necesidad y urgencia firmados por Cristina que no termina de arrojar claridad sobre el camino elegido por el Gobierno para avalar el giro de fondos desde el Banco Central, pero al menos despeja un poco el terreno para el debate político en el Congreso.
La Casa Rosada, decían anoche fuentes del oficialismo, buscará ahora redoblar la ofensiva, iniciada el lunes con la promesa de Cristina a los gobernadores de eliminar el año próximo el polémico impuesto al cheque. Con esa movida los Kirchner apuntaron a sacarle a la oposición una de sus principales banderas de guerra: la reforma a la coparticipación de ese impuesto, para darle más recursos a las provincias. La misma lógica tendrán los próximos pasos: avanzar con temas que le quiten la iniciativa al arco anti-K y "que dejen al descubierto sus diferencias ideológicas".
Uno de los proyectos que ha convenido la oposición llevar adelante con este ‘nuevo Congreso‘ es la reforma al Consejo de la Magistratura. Por eso se evaluaba ayer en el Gobierno nacional la posibilidad de volver a darle un empujón a la iniciativa presentada por el diputado peronista santafesino Alejandro Rossi (hermano de Agustín, el jefe de bloque del Frente para la Victoria). Ese proyecto propone hacer más abierta la elección de los integrantes del Consejo, pero manteniendo la misma proporción de la representación, justamente lo que la oposición pretende cambiar para reducir el peso del oficialismo.
Un proyecto de ley de Entidades Financieras y hasta la cuestión de la habilitación del matrimonio homosexual son otros de los temas que están sobre la mesa de análisis y, según computan en el oficialismo, cuentan con poder de impacto sobre la opinión pública. Una versión incluso dio cuenta de que el ministerio de Economía podría avanzar con un paquete de medidas para la reforma tributaria, que no pasará inadvertido para la clase media.
La oposición, en tanto, intenta desenmarañarse de la discusión por las reservas del BCRA y el canje de deuda, y busca llevar el debate hacia temas como la marcha de la inflación y el manejo de la caja fiscal. Eso se vio ayer en el debate en el Congreso con Boudou, ya conocidos los fallos judiciales a favor del plan K.
Pero nada parece fácil para la oposición. Son reconocidos los esfuerzos del jujeño Gerardo Morales, senador, al igual que los de su par radical Ernesto Sanz. Pero en debates como el de ayer se hace notorio que aún le están escaseando (al igual que al oficialismo parlamentario) voceros de peso, especialmente en el terreno económico -o cuando se trata de zafar de la discusión sobre la gestión de Alianza- . No es que no los haya, pero la falta de algunos acuerdos básicos entre los bloques de distintas fuerzas parece atentar contra esa urgencia.
Del lado kirchnerista, cualquier palabra puede volar con el viento. Pese a los reiterados intentos de acuerdo en el Senado para lograr el quórum y destrabar las sesiones, un golpe de teléfono desde Olivos logra parar en seco el plan legislativo de turno.



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