Miles de residentes de la región sureña sufren desabastecimiento de combustible y alimentos. Pero sus dirigentes y el Gobierno divergen respecto a las condiciones para entablar una negociación y abordar las demandas de los sublevados
"Al Gobierno de Chile no se le da plazos", respondió minutos antes del mediodía del domingo el vocero oficial Andrés Chadwick, junto con informar del regreso a Santiago del ministro de Energía, Rodrigo Alvarez, quien viajó hace seis días a Aysén, 1.680 kilómetros al sur de Santiago, para dialogar y negociar con los líderes del Movimiento, pero recién llegado pidió el despeje de las rutas, a lo que se negaron los camioneros.
La principal demanda de los ayseninos a sus problemas -que se arrastran por décadas- es una rebaja a los precios de los combustibles.
Ante presiones de los ayseninos, Alvarez adelantó algunas soluciones que propondrá el gobierno, como subsidios a los combustibles, aumento en las becas a los jóvenes que deben estudiar en universidades de otras regiones, y la construcción de un hospital.
Los bloqueos han derivado en violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías antimotines enviados desde Santiago, y el Gobierno del presidente Sebastián Piñera no descarta usar una ley que impone penas de cárcel a quienes bloqueen los caminos.
El Movimiento, integrado por 24 líderes sociales y gremiales, tiene un alto respaldo entre los ayseninos que, sin embargo, viven difíciles momentos porque carecen de combustibles, alimentos básicos como leche, azúcar, y verduras y frutas frescas.
Los dirigentes empresariales apuestan a un quiebre entre los líderes más radicales, como los camioneros que persisten en los bloqueos, mientras los pescadores artesanales apuestan por flexibilizarlos.
El Movimiento exige una rebaja en los precios de los combustibles -40% más altos que en Santiago-, un sueldo mínimo superior a los 350 dólares, jubilación regionalizada, estabilidad laboral para los empleados estatales, una universidad y un hospital regionales y beneficios para los pescadores artesanales, perjudicados por la pesca industrial que agota los recursos pesqueros, según acusan los trabajadores.
Además, demandan las numerosas salmoneras de la zona faenen los pescados en Aysén, lo que no hacen porque se encarecen sus costos, y optan por llevarse a otra región los productos.
La región, de 110.000 kilómetros cuadrados y 105.000 habitantes repartidos en cuatro ciudades, diez comunas y decenas de poblados, es la que tiene menos comunicación hacia el resto del país, en comparación a las otras 14 regiones chilenas, y depende del abastecimiento externo, que está detenido porque los caminos que llevan al aeropuerto, al puerto y a carreteras están cerrados.

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