Entre rumores de renuncias en el Ejecutivo, después desmentidas, y el anuncio de una misión de la Comisión Europea para controlar la economía, el Parlamento vota hoy en Roma la rendición de gastos del Estado para 2010.
La sesión legislativa de hoy volverá a versar sobre los números de la economía italiana luego de que la aprobación de este presupuesto del año pasado fracasara en octubre y de que la Comisión Europea anunciara el envío de una misión “supervisora” para seguir de cerca los ajustes a los que el gobierno italiano se comprometió en la última reunión de la zona euro. Ante semejante panorama, se ahondó la crisis interna de la coalición gobernante. Su renuncia inminente tuvo que ser desmentida por el primer ministro, el centroderechista Silvio Berlusconi, que gustó de hacerlo por la red social Facebook.
“No entiendo cómo han circulado esos rumores. Carecen de fundamento”, señaló Berlusconi al diario de centro derecha Libero. Su gobierno, sin embargo, se percibe cada vez más frágil a raíz de una serie de deserciones que han reducido su apoyo en el Parlamento a 314 escaños (en una cámara conformada por 630 diputados). Estos números llevaron a diversos medios italianos a especular que Berlusconi no alcanzaría la mayoría necesaria y, tras la sesión de hoy, se vería forzado a finalizar anticipadamente su tercer período al frente del gobierno.
“No estamos pegados a la silla y estoy convencido de que mañana tendremos la mayoría para hacer las reformas que también Europa nos pide y que sirven para relanzar la economía”, retrucó Berlusconi. Il Cavaliere se mostró tan seguro que, tras la primera votación, planteará una moción de confianza sobre la carta presentada ante la Unión Europea y el Banco Central Europeo en la que se comprometió a llevar adelante una serie de medidas de ajuste que están en el centro de la polémica. “Quiero ver a la cara quién intenta traicionarme”, explicó Berlusconi.
En vez de acallar rumores, sus palabras los alimentaron. “El hecho de que está a punto de dejar el gobierno está claro. Estamos hablando de horas, algunos, incluso, dicen, minutos”, analizó Giuliano Ferrara, un ex ministro de Berlusconi en un gobierno anterior.
Con ese diagnóstico parece moverse también la oposición que el domingo mantuvo una reunión en Roma para coordinar sus próximos movimientos. De ella participaron desde el secretario general del centroizquierdista Partido Demócrata (PD), Pierluigi Bersani, hasta los líderes de las formaciones de centroderecha Unión de Democristianos y de Centro (UDC), Pier Ferdinando Casini, y Futuro y Libertad para Italia (FLI), Gianfranco Fini. Diarios italianos mencionan que el objetivo fue cerciorarse de los apoyos que disponen para aprobar una posible moción de censura en el Parlamento contra el gobierno de Berlusconi.
Italia atraviesa una profunda crisis económica signada por una deuda soberana que debe reducirse al 113% del PBI en 2012, una tasa de desempleo juvenil que ronda el 29% y donde a una de cada dos mujeres le falta el trabajo. Las medidas de flexibilización laboral propuestas por Berlusconi y el aumento de la edad jubilatoria hasta los 67 años (que le valió su enfrentamiento con sus aliados de la Liga del Norte), causaron malestar en la población y resistencia en el arco político.
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