El ex gobernador Franco es un símbolo de la definitiva capitalidad de Viedma / Por Omar N. Livigni

Viedma (APP).- El ex gobernador Mario José Franco es una figura de la política que ya se ha ganado un lugar en la historia grande de la provincia, no solo por el hecho determinante de ocupar un sitio en la galería de los mandatarios civiles, elegidos por el voto popular a partir de 1958, sino por haber decidido con toda su autoridad y el peso del justicialismo, la definitiva capitalidad de Viedma como centro administrativo y político de Río Negro.
Caudillo indiscutido del peronismo, tuvo la valentía durante la campaña electoral que lo llevó al triunfo en 1973, de exhumar el por entonces polémico tema de Viedma como capital provisoria de la provincia, debido a la ya conocida cláusula contractual del articulo 5º de la primer constitución, prometiendo devolverle su jerarquía histórica completa y sin cuestionamientos, y que se remontaba a 1878, cuando fue capital del Territorio de la Patagonia y después del Territorio Nacional del Río Negro.

Franco es un dirigente del alto valle que supo abstraerse de los virulentos antagonismos desatados por la innecesaria disputa sobre la ubicación de la capital en los momentos liminares y fundacionales de la provincia.

No dejó que un tema tan artificial como disolvente siguiera intoxicando las capacidades de los rionegrinos, como decía Ortega y Gasset, de “construir un proyecto sugestivo de vida en común”. ¡Cuanta razón tenía el filósofo ibérico al referirse a las fuerzas centrífugas que agitaban su patria allá por 1932 o 1933 antes de la guerra civil que costó un millón de muertos!

En su libro “La España Invertebrada” convocaba a sus compatriotas no sólo a estar y compartir un mismo territorio, sino a sumarse para “construir algo juntos”.

Tampoco hizo un análisis egoísta o el minúsculo cálculo electoral sobre si cortar el nudo gordiano y poner fin a una cuestión que hasta ese momento aparecía como insoluble, podía despertar los fantasmas y los antagonismos del pasado, comprometiendo un triunfo electoral que ya se vislumbraba con certeza.

Y así fue. El gobernador Mario Franco honró el compromiso asumido y el 20 de octubre de 1974 nominó y otorgó todo el respaldo de su investidura para que el legislador Dante Scatena presentara el proyecto de ley declarando a Viedma capital definitiva de Río Negro, fue aprobado por unanimidad por todos los partidos con representación parlamentaria.

Durante esa inolvidable jornada LU.15 con su original composición societaria, siendo director Oscar Aldo Liccardi, transmitió un programa periodístico gigante que tuvo una duración de mas de cinco horas, difundiendo todas las exposiciones que se presentaron en la legislatura.

A quien escribe estas líneas, le tocó la responsabilidad de conducir los actos y también hacer entrega de plaquetas recordatorias, al propio gobernador Franco, al presidente de la legislatura y a cada uno de los jefes de las bancadas parlamentarias.

En aquellos momentos Viedma, no estuvo a la altura de las circunstancias. Seguramente la gravitación de hechos que se sucedían en el orden nacional influyó para que un clima de indiferencia y/o de anacrónico antiperonismo, impidiera una jornada de verdadero júbilo popular, como la fecha y su significado merecía.

Franco fue un gobernador honesto y cuando dejó el poder, después del 24 de marzo de 1976, volvió a ser el mismo de siempre.

Puede decir hoy, que fue amargo su cáliz, porque sufrió cárcel por contingencias propias de la vida política, y mostró su grandeza retornando a la militancia sin odio ni rencores. Días pasados estuvo en Viedma, nonagenario y fuerte, y recibió el homenaje que los justicialistas tributaron al viejo líder.

Allí surgió que tal vez sus méritos mas indelebles fueron acuñados en el lejano tiempo de la resistencia, inmediatamente después de 1955, cuando eran muy pocos los apóstoles de la causa “nacional y popular”.

En realidad, y esto lo decimos en cuanta oportunidad se nos presenta, Viedma en su conjunto, toda su comunidad por sobre los rótulos partidarios le debe un tributo colectivo por la sencilla razón de que si hay algo que caracteriza a los pueblos nobles, es el agradecimiento a sus benefactores.

Así como en esta contemporaneidad evocamos de continuo las figuras del ex gobernador Eugenio Tello o el Ing. Eliseo Schieroni, entre otros, que lucharon por devolver la capital a Viedma que había sido trasladada a Choele Choel en 1899 con motivo de la gran inundación de los valles rionegrinos, las presentes generaciones van a incluir también al gobernador Mario Franco, en ese conjunto de paladines que dejaron para siempre su impronta en la historia lugareña y de la provincia.

Estos relatos que forman parte sustantiva del proceso cumplido en los últimos 50 años, articulan el pasado territoriano con las ilusiones de la novel provincia. Tienen la suficiente carga de enseñanzas para comprender definitivamente que los episodios ocurridos antes, durante y después de la Convención Constituyente de 1957, e inquietantes capítulos posteriores, como los denominados “Rocazo” y “Cipollettazo”, aun otorgándole el beneficio de las mejores intenciones a sus protagonistas, no fueron mas que expresiones -algunas mesiánicas y profundamente localistas-, que perdieron de vista la perspectiva de conjunto.

La visión amplia e integradora de una provincia que no puede prescindir de nadie, hizo carne y ganó los espíritus, para hacer realidad aquella convocante consigna del gobernador Edgardo Castello, de “forjar una provincia armónica, mediante un desarrollo económico y social equilibrado”. (APP)

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