Por Nelson Castro.El repliegue de última hora del Gobierno y el complejo problema psicológico-político del matrimonio presidencial.
Claro que los errores de apreciación política del Gobierno no terminaron ahí. El faltazo del empresariado al acto del martes –hecho que nunca antes había ocurrido durante el gobierno de los Kirchner– tiene el potencial de convertirse en un Rubicón. Ni los llamados con tono de apriete de Guillermo Moreno, ni aquellos otros –los menos y con un tono un poco más amable– del ministro de Planificación e Infraestructura, Julio De Vido, pudieron doblegar la decisión de no asistir a la Casa Rosada a fin de prestarse a una jugada que no compartían. El mensaje de Moreno no se andaba con vueltas: el objetivo de Néstor Kirchner era el de verse rodeado por todos aquellos mismos empresarios que se habían fotografiado con Héctor Magnetto en Rosario hace unos días. Los motivos fundamentales por los que los hombres y mujeres de negocios decidieron, con firmeza, no ir, fueron cuatro:
◆ El bloqueo a las plantas de Techint.
◆ Fibertel.
◆ La convicción de que el caso Papel Prensa pudiera dar pie a futuras acciones intervencionistas sobre otras empresas por parte del Gobierno.
◆ Algunas de las expresiones de Hugo Moyano en el acto de asunción de la presidencia del PJ bonaerense.
Los que conocen lo que sucede en la Babel de Olivos afirman que la furia de Néstor Kirchner con los empresarios es mucha y aún perdura. Entre los hombres de negocios, lo que llama la atención en estas horas es el silencio de radio por parte del Gobierno. “En otras ocasiones, cuando algo no les gustaba, llamaban. En esta, en cambio, el teléfono todavía no sonó. Eso nos inquieta. Deben estar pensando qué hacer para castigarnos”, confesaba por estas horas un dirigente de la Unión Industrial Argentina.
A esta altura del relato –para utilizar un término del que tanto gusta la Presidenta– surge, una vez más, el problema psicológico político complejo que representa el matrimonio Kirchner. Ello queda evidenciado a través de una conducta por la que, tanto para Néstor Kirchner como para su esposa, la realidad no es la que es sino la que ellos quieren creer que es. Ya les pasó esto con la resolución 125 y la reacción del campo, así como también con aquellos encuestadores que en junio de 2009 los alertaron de una derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, que fueron desoídos en forma olímpica y cuyas advertencias y datos fueron menoscabados. En ambos casos, las consecuencias terminaron siendo nocivas para los Kirchner. Una voz del Gobierno resume muy bien la situación actual: “Justo cuando veníamos subiendo de a poco en las encuestas y estábamos trabajando, se generaron estas acciones que nos han hecho retroceder varios casilleros. Incomprensible”.
Los embates de los Kirchner contra la prensa forman parte de su esencia. La verdad es que todas estas iniciativas desarrolladas en nombre de un supuesto interés por garantizar la libertad de expresión no son más que un enunciado sin contenido. El matrimonio presidencial tiene aversión al periodismo crítico. PERFIL fue víctima de ello en los años 2006 y 2007. En aquellos momentos, el encono de Néstor Kirchner lo llevó a ordenar no sólo el cese de cualquier aporte publicitario de origen estatal destinado al diario sino que, no contento con ello, lanzó una fuerte acción de presión sobre las empresas para que no anunciaran en sus páginas. El objetivo del Gobierno era que PERFIL desapareciera. Fue en aquella circunstancia que surgió el fideicomiso a través del cual los lectores hicieron aportes que ayudaron al sostenimiento del diario, dando origen a un hecho que aún hoy conmueve y que fue clave para su supervivencia.
Ayer, pues, fue PERFIL. Hoy, Clarín y La Nación. ¿Mañana, quién?






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