Del glamour a la solidaridad, un paso

No es fácil imaginar a una mujer que podría considerarse entre nosotros como un ícono de la moda, en tareas solidarias que parecerían estar alejadas del glamour de una colección de prendas de vestir.
Mario Vega - Es habitual que nos acostumbremos a juzgar por las apariencias, que muchas veces nos dejemos llevar por impresiones, más que por el fondo de las cosas. Nos pasa a casi todos casi todo el tiempo, eso de estereotipar a las personas según su aspecto, por lo que podamos avizorar de ellas de su exterior, por lo que se dejan ver.

Si hablamos de Gladis seguramente nos quedaremos en un principio con una imagen de frivolidad, con el perfil de una mujer que se dedicó por décadas a vestir a las santarroseñas al último grito de la moda -expresión remanida si las hay-, aunque en realidad también lo hizo con muchas pampeanas de distintas localidades.

Gladis de Biasi es, a esta altura, una marca. Qué decir de esa tienda -¿debería decirse en realidad boutique?- que parece constituir la meca hacia la que peregrinan gustosas muchísimas damas santarroseñas, que se deleitan con el buen vestir de prendas que realcen sus encantos y, si es necesario -y se puede-, escondan algún que otro defectito.

Aunque lo suyo no es la alta costura -esa que viste a las "estrellas" con trajes de diseño exclusivo, que se usan en una sola ocasión, quizás en una única fiesta, y nunca más-, sino el Prêt-à-porter. Esta expresión francesa significa "Listo para llevar", y se trata de prendas de moda que se repiten en función de la demanda.

Prêt-à-porter.

De alguna forma es -obviamente con diferencias de calidad y precio- lo que puede verse cotidianamente en la calle. Aunque también existe un Prêt-à-porter de cierto lujo que producen firmas prestigiosas, como por ejemplo Yves Saint Laurent, Chanel y otras.

Eva Gladis Ostanelli es la mentora de "Gladis De Biasi", que ya lleva 25 años en el mercado. Ella es, al cabo, Gladis de Biasi, porque adoptó el apellido de su esposo y así la conoce todo el mundo. José Antonio, Cacho, es su esposo y su pareja desde que Gladis tenía 15: "Cuando nos pusimos de novios. Me habló cuando tenía 14, lo hice esperar un año hasta que le di el sí" -se ufana ahora-, y se casaron cuando ella tenía 20. "Llevamos casados 42 años", agrega cuando le comento del aguante de Cacho.

Hija de Juan Ostanelli, viajante de profesión, y de María -"dueña del kiosco 'Carlitos', uno de los primeros en la ciudad, cuando vivían en Mansilla casi Luro-, tiene dos hermanas: María Ester y Juan Carlos. Con Cacho, conocido por su actividad como empleado por años del Banco de La Pampa, tienen dos hijos, Pablo Andrés (abogado), y Natalia Luján (ingeniera en Producción Agropecuaria, y ahora a cargo de buena parte de la empresa familiar), y dos nietos. Alfonsina (6), y Amalia (3). La mayor ya se pasea por la boutique y le ha expresó a la abuela que no será escribana como el padre: "Me gustan los brillitos, me dijo, y seguro va a ser la continuadora de Gladis de Biasi", se ríe.

El comienzo.

Tuvo una infancia "normal. La primaria en la Escuela 1, secundario hasta 3º en el Normal y terminé en el Nacional. Después empecé profesorado de Historia, Geografía y Literatura, pero dejé y empecé a trabajar en el Sanatorio Santa Rosa como administrativa. Ocho años estuve ahí, pero ya cuando me iba de vacaciones volvía cargada de ropa para vender y se armaban unos revuelos bárbaros en la cocina. Así que podría decirse que ahí me inicié con esto", rememora.

Y después pensó que si podía venderle a sus compañeras de trabajo bien podría hacerlo en cualquier comercio, y nació "Gladis de Biasi". Y narra: "En vez de andar con las bolsitas para todos lados puse el comercio en la casa que era de mis suegros y empecé a trabajar, y cada vez me animaba a más".

Y así empezó a vender en todo el país, "desde Jujuy a Ushuaia. Donde había una licitación me presentaba y fui proveedora de uniformes y ropa de trabajo en distintos lugares, y sobre todo en los casinos". Y relata una vez en que las cosas no le salieron bien: "Fue en un provisión al casino de Misiones. Los uniformes salieron grandes y me llamaron, así que tuve que ir para allá urgente en avión, y estuve dos días con otra persona arreglándolos. En el taller, en Buenos Aires, se había corrido un talle y habían salido todos mal. Fue un error pero pude repararlo a tiempo".

Admite que le fue particularmente bien con la firma chilena Falabella. "Un día, cuando se instaló en Buenos Aires, me fui con unas bolsas y presenté mis trabajos, y me los aceptaron. De entrada me compraron 180 polleras y 120 remeras, y de allí en más les vendí muchísimo", señala.

Los desfiles solidarios.

Cuando empezó a crecer hizo "el primer desfile en Tobogán -un boliche que estaba en Villegas y Sarmiento-, y ese día hubo dos cuadras para la elección de la Maja. Fue un éxito y el Colegio Comercial pudo comprar sus primeras siete computadoras. Trabajamos mucho con Fabián Kroll y nos pudimos dar ese gusto".

Después elogia a las santarroseñas. "De verdad se visten muy bien, tienen elegancia, y combinan armonía y calidad, como las mujeres de Córdoba, Rosario o Mendoza. Es esencial el buen gusto, porque por más que gastes mucho no te vas a vestir bien. A mi negocio la gente que viene deprimida se va ¡pum para arriba!, haya comprado o no -describe-, porque la idea es que se pruebe ropa, que vea qué le queda bien, qué es lo que realza su figura y le da personalidad, y al final terminan yéndose felices con eso, ver, probarse, pasar un buen rato", se jacta.

Le pregunto si hay alguna ropa que no puede faltar en el guardarropas de una mujer. "Por supuesto, y obviamente tiene que ver con la edad, e incluso con la profesión que lleva adelante. Pero un pantalón negro y una blusa clásica no puede faltar; y tampoco una falda color neutro y un cardigan o saco. Tiene que ver con la edad, porque después hay una moda 'teen ager', que ya se usa otra cosa, claro".

Viajar y ver.

Gladis trata todo el tiempo de perfeccionarse, y por eso hace cursos y seminarios, y hasta realizó una diplomatura en comercio minorista en Mar del Plata. Pero sin dudas donde más aprende es en sus recurrentes viajes por el mundo: "Tengo la suerte de haber podido estar en todos lados, y siempre se trae algo. Aunque por supuesto que el centro de la moda es París, pero también en Italia se visten bien, y en Grecia me llevé una sorpresa. Ahora mismo estoy volviendo de Miami, donde fui a ver todo lo que es la moda de lo que se llama 'alto verano', la colección otoño-invierno y lo que se viene para la primavera de 2012-2013. Trato de estar informada de lo último", dice sin pretender ser vanidosa.

"Gladis de Biasi", el comercio, es a lo que le dedica buena parte de sus horas. Más allá que la otra arista, la menos conocida, esté allí, latente. No obstante reconoce que su hija Natalia ya maneja muy bien todo: "Creo que ella estudió Producción Agropecuaria como una respuesta a que, quizás, en algún momento, me dediqué demasiado al comercio. Una suerte de rebeldía... pero ahora está entusiasmada, y al parecer Alfonsina (la nieta) tiene también el gen que se necesita para estar aquí. Pero yo todavía disfruto de una buena colección", señala.

"El día que no trabaje más en el negocio me voy a dedicar en forma total a una institución benéfica que tenga que ver con los niños. Ese es un sueño que tengo y lo voy a cumplir... por ahora ayudo, pero todavía siento el cosquilleo de esta pasión que es la moda, y estar en esto aunque ya no sea necesario que lo haga". Gladis dixit.

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