Por: Marcelo BonelliEl titular del Ministerio de Economía no logró despejar las dudas y temores de los inversores sobre las perspectivas económicas del país, aunque el canje de deuda avance.
Sus respuestas no dejaron satisfechos a nadie y sus afirmaciones generaron más dudas que certezas sobre los equilibrios macroeconómicos de la Argentina. Los banqueros expusieron todo el menú de interrogantes que existen sobre el presente económico. Hablaron de los baches fiscales, de la falta de credibilidad en la estadística oficial y la ausencia de equilibrios macroeconómicos que genera inflación. Boudou reaccionó con tono confrontativo y criticó las visiones "alarmistas " sobre la evolución económica argentina. Golpeó con el más puro arsenal kirchnerista: mostró cifras de crecimiento y puntualizó que nunca se cumplieron los pronósticos negativos que los gurúes hacen sobre la Argentina. Así, la reunión terminó con un saldo negativo. No sobre la adhesión al canje de la deuda: sigue siendo atractivo el negocio a pesar de la turbulencia internacional y la caída de Grecia. También Boudou prometió en las reuniones instrumentar futuros beneficios a los tenedores del Boden 2012.
En verdad el saldo negativo está relacionado a otra cuestión de fondo: el paso de Boudou por Europa no generó expectativas positivas sobre la marcha futura de la economía local, después de que termine la operación de canje. Boudou sólo tuvo un logro: evitar que su traspié trascendiera a la prensa. El organizador Barclays y el ministro fueron obsesivos a la hora de pedir confidencialidad a los inversores. Pero igual Boudou coronó así una semana de sinsabores internacionales: ya había sido frustrante su intrascendente paso por la Asamblea del FMI. Su intención de abrir un diálogo con Washington chocó con la intransigencia del Fondo y la desautorización de Néstor Kirchner. El traspié le provocó otro desgaste político: evaporó la buena imagen internacional que dejó en agosto en Turquía, sencillamente porque no cumplió con los compromisos que asumió con Dominique Strauss-Kahn.
La información confidencial circuló en la poderosa Asociación de Bancos de la Argentina, que lidera Mario Vicens y de la cual participan los financistas Juan Brochou y Marcelo Blanco. Ambos son CEO de dos de los tres bancos asesores del canje de deuda, Citibank y Deutsche Bank.
Boudou -justo es decirlo- apareció en Europa en el peor momento económico del viejo continente. La falta de profesionalismo de los funcionarios en instrumentar el canje hizo que la operación coincida con el sacudón financiero de Grecia, España y Portugal. El Ministerio de Economía anunció que el canje se lanzaría el pasado el 15 de diciembre, cuando las condiciones financieras internacionales eran óptimas. Se demoró cinco meses por impericias de la Secretaría de Finanzas y el desgaste que Boudou le ocasionó a Cristina Kirchner en su pelea con Martín Redrado.
Ahora cambió el escenario y si bien ello no afectará la adhesión al canje -75%, mínimo- plantea serios interrogantes. Entre ellos:
La revalorización del dólar frente al euro puede ocasionar tensiones con el tipo de cambio anclado en Buenos Aires. El BCRA tiene recursos para enfrentar las turbulencias, pero el problema central se plantea si también se devalúa el real frente al dólar y Argentina pierde competitividad.
No va a bajar la tasa de interés para la Argentina y la operación de dinero fresco sólo se podrá hacer a una tasa de dos dígitos. Hoy se pagaría el 13%.
La actitud de Grecia de esconder el déficit público genera un efecto contagio contra Argentina. En los centros internacionales temen que Argentina esconda también "agujeros negros" y por eso no permite que el FMI audite su economía. Grecia vive un proceso similar al que tuvo Argentina con el fin de la convertibilidad. Hasta la UE y el FMI le otorgaron un préstamo que se asemeja al mortal "blindaje" que recibió Fernando de la Rúa.
España tiene otra situación, porque José Luis Rodríguez Zapatero tiene márgenes de financiación internos en su economía. Pero ahí el problema es político: Barack Obama, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy pretenden que España haga el ajuste económico que hicieron las restantes naciones desarrolladas. Hasta ahora Rodríguez Zapatero evitó la rebaja de salarios y un sinceramiento de la endeblez patrimonial de los bancos españoles. Pero las versiones contra España surgen del propio Banco Central Europeo.
El tema es clave para la Argentina, porque el temblor ya generó una rebaja en el valor accionario de las múltiples empresas españolas que operan en Buenos Aires. Esos menores precios de los activos puede abrir un traspaso multimillonario de los paquetes accionarios de bancos, empresas de energía y de YPF. Cristina Kirchner tiene previsto viajar el próximo fin de semana a Madrid. La cuestión es primordial en su agenda con Rodríguez Zapatero.
Antes, la Presidenta tendría que zanjar en las peleas internas del equipo económico. Boudou hizo en las últimas jornadas una alianza con Roberto Feletti para enfrentar a Juan Carlos Pezoa. Al secretario de Hacienda no le convence la frivolidad de Boudou y le cuestiona el manejo poco profesional de los temas. El ministro acusa a Pezoa de amparar a funcionarios que filtran información a la oposición. La pelea está abierta y sólo hay una conclusión: un fuerte desgaste político en un área clave como es el Palacio de Hacienda.










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