El intendente optaría por un arbitraje salomónico, consistente en mantener a los dos funcionarios pero trasladando el área de Control Integral que conduce Pueyrredón a otra Secretaría.
Aparentemente, la decisión de Giacomino sea en la escala de su carácter: un arbitraje salomónico, consistente en mantener a los dos funcionarios pero trasladando el área de Control Integral que conduce Pueyrredón a otra Secretaría. Sería presentado como un empate, pero bien visto será una desautorización de Luque, porque en el mensaje casi gestual está invitando a quien quiera a insubordinarse total, en el peor de los casos, trasladarán su escritorio.
Si llega alguna medida, cualquiera sea, Giacomino se habrá tomado cinco días para resolver lo que con un sano ejercicio de la autoridad debiera haber quedado finiquitado pocas horas después de que se iniciara.
Por voluntad de Pueyrredón, el conflicto por el traslado de un grupo de sospechados inspectores de Espectáculos Públicos comenzó a sustanciarse cuando el joven funcionario presentó el sábado pasado, en "barandillas" de La Voz del Interior, sus críticas a Luque, por haber presuntamente torcido su decisión de sancionar con un traslado al mencionado grupo.
Dos días después de sus resonantes ataques contra el principal funcionario en la inminente negociación con el Suoem, Pueyrredón ingresó por una alfombra al despacho del lord mayor, para recién en ese momento despacharse ante su jefe máximo sobre sus presuntas peripecias con Luque.
Salió del despacho con el alo de heroísmo que los medios gustan de revestir a todos los que denuncian corrupción, y Pueyrredón honró la disposición con otra ráfaga de acusaciones a Luque. Este es un funcionario que muestra un mix de aciertos y errores de mejor balance que la mayoría del funcionariado giacominista.
Es cierto de que lo beneficia el contraste, pero el funcionario lo compensa largamente por tener en su contra a la cada vez más omnipresente Gabriela Almagro, desde hace unos meses directora General de Educación y desde siempre esposa del intendente.
Es notable la creciente ascendencia de Almagro. Quizás se trata de una especie de sucedáneo a ese déficit de Giacomino para ejercer la autoridad, que a todas luces es un rasgo de bonhomía para los hombres de a pie, pero un desmérito muy costoso para ejercer el poder. Seguramente, el jefe comunal no ha leído aquel consejo al Príncipe de Tomás de Maquiavelo: "Lo ideal es que tus súbditos te quieran y te teman, pero si tienes que optar por alguna de las dos disposiciones, que te teman".

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