La presencia en la automotriz de Juan Schiaretti, José Manuel de la Sota (lo invitaron desde la Casa Rosada) y Eduardo Accastello, además de intendentes y dirigentes, marcó la intención de la Presidenta de tener junto al dividido justicialismo cordobés. Fue la primera movida política de la mandataria.
Al conocerse que la Presidenta había decidido asistir al acto en la firma francesa, a pesar del luto por la muerte de su esposo Néstor Kirchner, la dirigencia kirchnerista comenzó a convocar una movilización hasta la planta de Santa Isabell. Lo hizo el intendente de Villa María, Eduardo Accastello; el de Córdoba, Daniel Giacomino, y los intendentes y concejales del bloque Brigadier San Martín.
Ese mismo domingo, el PJ de Córdoba y el gobernador Juan Schiaretti también realizaron una convocatoria para movilizar hasta la planta de Santa Isabel, una determinación que fue anunciada por el titular del peronismo cordobés, Carlos Caserio.
Faltaba José Manuel de la Sota, cuya ausencia hubiera dejado renga a la convocatoria del peronismo cordobés. Tras algunos rumores, el ex gobernador fue invitado por la presidente cuando se aprestaba a viajar a San Pablo, y voló a Córdoba montado en un avión que trasladó a los ministros Amado Boudou, Débora Giorgi, Carlos Tomada, Carlos Zannini y Alberto Sileoni. A la salida, el ex mandatario valoró que todo el peronismo se haya reunido para este acto. Versiones indicaron que podría retornar a Buenos Aires en el avión presidencial.
Cristina subió al escenario acompañada de los ministros Boudou, Zannini, Sileoni, Georgi, el gobernador Schiaretti, y el intendente Giacomino.
En la primera fila se sentaron el intendente villamariense y el ex gobernador, junto a otros funcionarios y casi la totalidad de los miembros de los gabinetes provincial y municipal. Un poco más atrás, una nutrida representación de gremialistas de todo el arco, de la CGT Chacabuco, conducida por Omar Dragún, titular del Smata; a la Central Córdoba, de cuño K, con Juan Leyría y Juan Monserrat. También se vio entre los sindicalistas a Pablo Chacón del Sindicato de Comercio, a José Pihen del Sindicato de Empleados Públicos, y a Ilda Bustos, de Gráficos.
El primer gesto de Cristina fue de unidad del peronismo cordobés, por lo que se buscó que nadie falte a la cita.
Organismos de derechos humanos, representantes de ONGs, y dirigentes de partidos progresistas, como el caso del vicegobernador, Carlos Vicente, o del Frente Grande, Horacio Viqueira, completaban el arco de alianzas donde se recuesta el kirchnerismo. No faltaron, por cierto, la diputada nacional Carmen Nebreda, ni la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Carolina Scotto.
El gesto de Cristina de invitar a último momento a De la Sota para que esté preesente en Renault, reveló que la intención de la Presidenta es lograr la unidad dentro del peronismo, y esto es lo que se vio ayer en Córdoba.
Más allá de las especulaciones sobre si está cerrado o no un acuerdo para que el ex gobernador represente al peronismo en las elecciones provinciales, o si su destino tiene futuro nacional, el primer gesto de Cristina fue de unidad, y que nadie falte a la cita.
Quedaron fuera el “duhaldista” Eduardo Mondino; el Peronismo que Viene, encabezado en la Capital por Juan Manuel Cid, y el sector de Olga Riutort. Salvo estas excepciones, estuvieron todos, hasta el diputado nacional Francisco Fortuna, que formó un “interbloque” con el Peronismo Federal en el Congreso Nacional.
La Policía calculó 14 mil personas en Renault, entre las que estuvieron dentro de la fábrica, y la mayoría que soportó el tórrido sol en un predio contiguo al salón, viendo el acto en una pantalla gigante.
Cristina agradeció especialmente a “los que están afuera”, en una doble referencia a quienes colmaron los jardines en la planta de Renault, pero que también puede interpretarse como un llamado a unirse detrás del proyecto popular y nacional.




















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