Un gesto para bajar las tensiones

Por Mariano De Vedia

Dos motivos tenían anoche los obispos para retirarse satisfechos de la prolongada reunión con Cristina Kirchner.

Por un lado, la Presidenta les concedió la audiencia sin mayores trámites y los recibió con tres de sus ministros. Todo un avance si se compara con los fuertes contratiempos que signaron la relación de la Iglesia con el gobierno de Néstor Kirchner, que nunca accedió a reunirse con la conducción del Episcopado.

También estiman auspicioso en la Iglesia que la Presidenta les haya abierto su despacho, cuando la relación del Gobierno con la Justicia y con la oposición atraviesa los períodos de mayor tensión.

El timbre enérgico de la Presidenta en sus recientes discursos cambió por un tono cordial en la recepción a Bergoglio y su comitiva. Aunque los obispos tuvieron que escuchar una enumeración de lo que Cristina Kirchner considera sus logros. Se dejó trascender, de todos modos, la satisfacción del Gobierno por no ser los únicos destinatarios de la preocupación de los obispos por bajar los niveles de tensión institucional.

Más allá de las diferencias, las señales se pueden resumir en un gesto auspicioso. Y justamente son gestos de convivencia institucional y de amistad social para superar el estado de confrontación, lo que el Episcopado viene pidiendo a la dirigencia política. Quedan aún cuestiones pendientes, que según sean resueltas o no podrán indicar si el apretón de manos de ayer entre la Iglesia y el Gobierno tiene la instantaneidad de una foto o una continuidad más permanente.

En el tema social, los pedidos de la Iglesia para mejorar la aplicación de la asignación universal por hijo, que hoy no llega a todos los que la necesitan, están siendo analizados en el Ministerio de Desarrollo Social, que incluyó al director de Caritas, Gabriel Castelli, junto a la Red Solidaria y a AMIA en una comisión consultiva para extender la llegada del plan a familias marginadas que aún ni siquiera se enteraron de la existencia del beneficio.

Un foco de tensión continua es y seguirá siendo el problema de la pobreza, medida con distintas varas por la Iglesia y el Gobierno, lo que es caldo para futuros desencuentros.

Y un problema instalado ya en un horizonte inmediato es el impulso de una ley para reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo, con el visto bueno de diputados del bloque oficialista, que no podrá tener nunca el respaldo de la Iglesia.

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