La gestión es un proceso técnico-administrativo sostenido en el tiempo que involucra y compromete a un conjunto de actores. Se asocia a una actividad determinada, en la búsqueda de competitividad y eficiencia. En el caso del turismo, se identifican a los actores involucrados, entre los que está el Estado como organizador, definiendo reglas de juego y fiscalizando la actividad.
Sabido es que el turismo es una actividad compleja por su transversalidad e interdisciplinariedad; y en términos de gestión pública es una actividad que se relaciona, y a su vez depende mucho, de otras carteras que representan a otros sectores de la economía, la sociedad, la cultura y el ambiente. Para ejemplificar, si se necesita hacer o mejorar un camino que torne accesible un determinado sitio o atractivo turístico dependemos que la cartera de vialidad lo haga, o lo mismo sucede si hay que desarrollar una estrategia de facilitación o promoción impositiva para el sector, se necesita que lo defina y ejecute la cartera de hacienda o rentas; y así en muchos otros casos, preservación de recursos naturales (la cartera de medio ambiente), etc.
Por lo tanto, es el turismo un área que, siempre hablando en términos de gestión, cumple el rol principalmente de articuladora y promotora de proyectos y acciones que deben llevar adelante otras áreas del gobierno. Por ende el equipo a cargo del área de Turismo estatal debe tener principalmente capacidad de gestión, además por supuesto de saber y conocer la actividad a fondo; pero debe ser el líder de la organización un importante GESTOR, una persona que genere permanentemente empatía con sus pares de gabinete para lograr que las áreas de gobierno lleven adelante los proyectos y acciones que el sector del turismo necesita.
Claro está que el área también tiene misiones directas o de ejecución propia como la promoción de la provincia o del destino, la regulación de la actividad, la capacitación de los recursos humanos del sector, y promover el desarrollo de la oferta turística local; aunque esta última función también implique hacer de socio estratégico del sector privado para que éste se organice en emprendimientos (alojamientos, gastronomía, empresas de excursiones, etc.) que estructuren la oferta del destino.
Pero también es cierto que muchas veces la oferta de un lugar se organiza en forma espontánea, sin la articulación del organismo turístico estatal. Claro está que el margen de error y equivocación en estos casos suele ser mucho mayor, los problemas que se generan cuando los lugares crecen espontáneamente son muy difíciles de corregir en el futuro.
Por lo tanto es muy importante que exista un Plan de Gestión Turística que defina a la actividad como política de estado. Y que significa esto..?? Significa que debe existir planificación de la actividad y de la gestión, consensuada con el gobernador, su gabinete y los actores privados del sector; también máxima jerarquía del organismo turístico, presupuesto acorde y, principalmente, convencimiento de los máximos funcionarios públicos del gabinete (no sólo del secretario o ministro de turismo) de la importancia que adquiere la actividad y de las herramientas que ésta necesita para que su desarrollo sea óptimo.
Situándonos ya en la provincia de Río Negro, e iniciando prácticamente la segunda década del siglo, sería muy bueno que se empiecen a concretar las ideas y proyectos de los cuales hablábamos al principio de la actual década que expira. Me refiero a una verdadera política turística de desarrollo territorial para el riquísimo litoral marítimo que tiene Río Negro, a la implementación y concreción de las estrategias que ya hace varios años se identificaron para romper la estacionalidad de Bariloche como la construcción del centro de congresos y convenciones aún hoy en veremos, a la puesta en valor nuevamente del tren turístico tan destacado en su momento, por mencionar sólo algunos de los tantos proyectos que aún siguen sin resolverse y que le darían una salto cualitativo trascendente a la oferta turística provincial.
Anunciar con bombos y platillos, como si se tratara de una novedosa estrategia, las acciones de promoción, o la impresión de tal o cual folleto, o la participación en tal o cual feria son acciones casi de rutina, que ya se hacían hace varios años y se van a seguir haciendo seguramente. Es tiempo de destacarse por gestionar los proyectos motores que transformarán e impulsarán la actividad turística en una provincia que aún no desarrolló ni la mitad del potencial que tiene.
Es tiempo de conformar organismos de consenso con el sector privado y los municipios, donde se discutan y acuerden las principales acciones, por ejemplo, de promoción y marketing de la provincia, a modo de un ente o instituto provincial, que no implique obviamente la des jerarquización actual del área, pero sí que sea una herramienta de consenso y ejecución, otorgando transparencia y agilidad en los actos administrativos.
Capítulo especial merece la estrella rionegrina - Bariloche – donde esta última temporada invernal trabajaron muy bien los llamados servicios turísticos de alta gama, es decir, los que absorben el segmento de más alto poder adquisitivo, y muchas quejas se escucharon de los servicios de franjas intermedias. Esto es lo que hay que poner sobre la mesa, y rediscutir un modelo de destino estacional y caro que cuenta con una planta turística instalada que necesita imperiosamente demanda constante para no provocar despidos ni perdidas. Hay que corregir o readaptar un modelo de destino que incluya laboral y socialmente a todos los sectores sociales y no que sólo provoque riqueza para unos pocos y precariedad laboral para unos miles...
Por Sergio Rodríguez
Licenciado en Turismo; especialista en planificación estratégica del turismo; ex Secretario de Turismo de la Provincia de Río Negro; ex Coordinador del Consejo Federal de Turismo de la Rep. Argentina)
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