Una gestión signada por la "lealtad"

A criterio de la diplomacia, Jorge Taiana acomodó la política exterior a las necesidades internas de los Kirchner
Paradojas de la política: aunque partió acusado de deslealtades, Jorge Taiana ha sido, quizás, el más leal de los ministros que tuvieron Néstor y Cristina Kirchner hasta ahora.

Claro: semejante título le es concedido al renunciado canciller sólo si por leal se entiende a un funcionario tan sumiso y respetuoso de los rangos jerárquicos que nunca osó cuestionar una instrucción de sus jefes políticos, ni siquiera cuando éstos estaban a punto de dar elocuentes pasos en falso en el escenario internacional.

Ayer, una multiplicidad de miembros de la diplomacia recordaron en diálogo con LA NACION la probada "lealtad" de Taiana a lo largo de su gestión al frente del Palacio San Martín. Una gestión que, en la visión de al menos cinco funcionarios que ocupan posiciones clave en la Cancillería, se ha caracterizado por la fidelidad de Taiana al proyecto político oficialista y que acomodó todos los lineamientos de política exterior de la Argentina con las necesidades internas del matrimonio presidencial.

La primera prueba de esa lealtad hacia los Kirchner fue una crucial decisión adoptada por Taiana a poco de asumir en la Cancillería, en reemplazo de Rafael Bielsa, en 2005. En ese momento, el tema caliente de la agenda exterior era el mismo que lo persiguió hasta el último día: la disputa con Uruguay por la instalación de Botnia (ahora UPM) en el río Uruguay.

Apenas aterrizado en su sillón, el flamante canciller firmó una resolución para proteger al entonces presidente Néstor Kirchner, que se había embanderado en la causa de los asambleístas de Gualeguaychú, y ordenó por una resolución hacer secretas las actas de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), que daban cuenta de las negociaciones diplomáticas que habían existido con Uruguay por las plantas de celulosa. Esas actas podían contradecir el encendido discurso presidencial de entonces.

Otra cabal muestra de la lealtad de Taiana, de acuerdo con los memoriosos de la diplomacia, fue el no haber cuestionado nunca, jamás, el avance de una diplomacia paralela a la del Palacio San Martín, incluso pese a los costos de este fenómeno para su administración. A saber: Julio De Vido condujo (y conduce) la relación con Venezuela. Los negocios bilaterales con ese país hoy están bajo la lupa de la Justicia.

En su momento, Alberto Fernández manejó la relación con Uruguay (hasta que, por un largo tiempo, no hubo relación alguna), y Taiana miró desde afuera el derrotero. El vínculo con España siempre lo centralizó el embajador Carlos Bettini, de diálogo directo con los Kirchner. Y la relación con Washington la lideró su actual reemplazante, Héctor Timerman, quien tampoco precisa intermediarios para llegar a los oídos presidenciales. El último vestigio de la predominancia de la diplomacia paralela fue el del propio Néstor Kirchner, elegido secretario general de la Unasur. ¿Para qué hablaría la diplomacia con Taiana si una conversación de cualquier líder regional con Kirchner podría tener mayor y mejor llegada al corazón del poder?

La lealtad de Taiana también se expresó, por ejemplo, en no haber desaconsejado a la Presidenta recibir en la Argentina al dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, en el verano de 2008. Y en haber soportado estoicamente un reto de la Presidenta en público, en 2009, en una cumbre en Paraguay, donde Cristina Kirchner lo culpó por su llegada tarde a un encuentro con sus pares de la región.

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